Seguramente, el hecho de que a las ocho y pico de la tarde, aún con luz diurna en la calle merced al reciente cambio horario, comenzaran en el Hika Ateneo a retumbar (nunca mejor dicho) los sonidos telúricos de Tequilasavate, es un buen ejemplo de lo que supone un festival como Fuzz in the City. Un evento que merece toda la visibilidad posible, extendiendo sus premisas no solo a los conciertos centrales, sino a pinchadas y fiestas por buena parte de la ciudad a lo largo del fin de semana, y a la vez ofreciendo en bandeja buena parte de ese underground que molestará a algunos y dejará indiferente a otros, pero que es absolutamente necesario para la buena mala salud de cualquier escena musical.

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Así que perfecta apertura a lomos de los ritmos trotones del francés Tequilasavate (foto superior), que llegado desde Nancy Rock City, se hizo acompañar para el momento, como en las grandes y sucias ocasiones, por El Hijo Bastardo. Dos personajes con máscaras de calaveras y trajes de esqueletos, que rasgan guitarras desabridas y batería y percusiones contundentes para proporcionar una dosis tóxica de blues palúdico, garage de bote trotón, minimalista y repetitivo, con voces en puro reverb saliendo de las cavernas, surf sucio o arrastrados sonidos pantanosos más allá de las murder ballads. Cuando en “Lies” Tequilasavate tañe el banjo, uno no puede por menos que recordar el desasosiego que causara una película como aquella “Deliverance”, que parece tan cercana al cruce loco entre Cramps y Gories de la pareja, perfecta majarada para el comienzo de la noche.

Fuzz-in-the-City-2016-La-Hora-del-Primate-1IV16-por-Dena-Flows

Y como la cosa iba de máscaras, las calaveras dejaron paso a la cabeza de un primate ocupando el lugar de la de JR Rioja, aullador y teclista de los bilbaínos La Hora del Primate (foto superior). Cabeza que apenas duró sobre los hombros el primer disparo, un “No tengo cerebro” que, junto a la salvaje “Perro”, acababan de estrenar digitalmente unos días antes para celebrar el festival. No era para menos, ya que la descarga eléctrica de la banda le hizo contorsionarse por el suelo de la sala en numerosas ocasiones, llevando en volandas el espléndido rugido que se producía a sus espaldas, reptante, insidioso, alcanzando cotas libidinosas de puro sucias o perfectos exabruptos de puro garage. El saxo, que hubiera merecido mayor volumen, confiere a La Hora del Primate posibilidades de salirse de los caminos estructurados y acercarse al más libérrimo rock’n’roll de alta energía, pero su mejor punto es que la fuerza bruta, que sin duda exudan, tiene que tener sentido para no ser simplemente eso. Y en ellos, todo lo tiene, incluso el objetivo de dejarnos anestesiados.

Así que metidos en harinas salvajes, pues qué mejor psicotrópico festivo que terminar la misma al ritmo de los zaragozanos Los Bengala (foto encabezado), uniformados con sus habituales camisas felinas, mientras duren puestas, claro. Si la batería de Borja Téllez se convierte en imparable metrónomo, las guitarras y voces de Guillermo Sinnerman les convierten, ya sea con The Faith Keepers (ambos) o The Fire Tornados, en personajes imprescindibles para despertar cualquier conciencia. Su garage-rock tiene los más necesarios componentes de locura, como ese delicioso exabrupto que es “Jodidamente Loco”, y nace directamente de la médula del sixties patrio, como no puede por menos que sentirse en “65 días” y confirmarse en su lectura de la “Máquina Infernal” de Lone Star. Vamos, que entre el público el pogo descoyuntado dejara paso alternativo a una auténtica conga etílica, no hace sino confirmar la esencia de estos dos locos necesarios.