Si algo me han enseñado los años es a entender que, en esto de la música, si la masa acude, es por algo. En un primer momento me costó mucho entenderlo, incluso respetarlo. Mi hater más extremo hacía, siempre, acto de presencia. Sin embargo, estos últimos años noto una deriva clara hacia el concepto mainstream. La gente quiere diversión. Por fin he sabido entenderlo y (quizás a regañadientes), aceptarlo.
Pues en eso se ha convertido Actual, sobre todo los conciertos de gran formato que se celebran en el Palacio de los Deportes. El primer festival del año ha mutado hacia un apto “para todos los públicos”, en el que sus carteles redundan en el concepto veraniego, o tiran de “viejas glorias” que aseguran la aceptación general. Pero poco importa puesto que Actual llegaba con la vitola del todo vendido desde los primeros días de puesta a la venta de los abonos. Y es que, los “ciegos”, a un precio popular y asequible para lo que se ofrece, todo hay que decirlo, volaron. “Yo no sé qué va a venir, pero quiero estar ahí. Y estoy seguro de que van a acertar”, que decía aquel.
El Palacio de los Deportes, acomodado como cada año para la ocasión, sería, otra edición más, el lugar en el que se celebrasen los conocidos como “conciertos de gran formato”, este año, durante las noches del viernes tres y sábado cuatro. La ya tradicional Guerra de Bandas, que permite que el ganador forme parte de la programación de la edición posterior, hizo que el trío navarro Exuvia, fuesen los encargados de arrancar la edición. Sería la primera de las cuatro actuaciones que tendrían lugar durante la noche del viernes. Su show, estructurado en base a batería, guitarra y voz, fue un derroche continuo de energía, contagiosa en un inicio, pero que acabó siendo repetitiva mientras transcurrían los minutos. El resultado fue un concierto plano que, si bien enérgico, acabó sumido en la monotonía, sin estridencias ni cambios de registro.

Tras el trío, llegaba uno de los clásicos. Volvía a Logroño Lagartija Nick, tras su reciente paso por MUWI Fest. Sin Eric, pero con un Arias en plena forma, el Palacio se impregnó de la atmósfera granadina que, un año después del celebrado paso de Los Planetas, regresaba a Actual. Arrancando con la instrumental "Sonic Crash" y, tras una primera parte cargada de rock y guitarras -donde sonaron "Lo Imprevisto", "Hipnosis" o "Estratosfera", tema de su álbum "El Perro Andaluz", el cariz viró con la interpretación de "Me gustaría para mí (Las libélulas)", donde lo onírico se haría presente. Tras ella, una nueva vuelta al pasado mientras sonaba "La Curva de las Cosas", de su álbum "Su", del 95. Dicho tema daría paso al momento más reivindicativo de su actuación; "Buenos días Hiroshima" mutaba, en esta ocasión (como explicó Arias), en "Buenos días, Palestina". Este no sería el único guiño al pueblo palestino pues, Balmes, un día después, también reinvidicaría los derechos de su población ante el conflicto en el que están inmersos. También hubo tiempo para la emoción de sus colaboraciones con Morente, como con "Vuelta de Paseo". Igual que en el momento en que sonó "Strummer Lorca", canción que evoca la búsqueda del cuerpo del poeta por los campos andaluces de la Sierra de Lorca. El final llegaría con otros dos de sus temas más reconocibles, "Nuevo Harlem" y "Celeste".
Los terceros en subir al escenario sería Siloé. Fue, posiblemente, el concierto que más público arrastró durante este primer día. Desde el inicio dejaron claras sus intenciones, tocar ganándose al público. ¿Cómo? Mediante constantes alusiones y guiños, que estarían presentes durante toda la noche. Al estilo Dylan, iluminado y desde la mesa de sonido, aparecía Fito Robles. En solitario y, acompañado de guitarra y armónica, interpretaría "La Verdad". Pero ese intimismo cambiaría pronto. Tras una intro con toques electrónicos, sonaba "Sangre en las Venas".
Como hemos señalado, durante todo el bolo, sus agradecimientos a la ciudad y la región, fueron constantes, así como algún guiño a su procedencia castellana. Su setlist constó de veinte temas, coreados, continuamente, por un público entregado. Momentos como el de "Campo Grande", mostraron la comunión entre banda y buena parte de los asistentes. fusionándose hasta llegar a cantar al unísono. Y es que, sin duda, el fan disfrutó. Sin embargo, para aquellos menos seguidores, pudo resultar un concierto que, si bien ejecutado con limpieza, no llegó a crear esa conexión que pueden llegar a alcanzar las bandas en directo. Durante su actuación, Siloé hizo un repaso a su carrera donde sonaron canciones de todos su álbumes. Entre algunas de ellas destacaron "El poder" ("La Verdad", 2016) -que, tras un sólo de batería prolongado, se convertiría en otro de los momentos de agradecimiento, en este caso, recalcando sus diez años de carrera y el apoyo recibido durante ellos, "La Niebla" ("La Luz", 2018), "Levita y ven" ("Metrópolis", 2020), "La vida que me das" ("Metrópolis 2.0", 2021) y, además, un buen puñado de temas de su último trabajo, "Santa Trinidad". De este último sonaron "Si me necesitas llámame" o "Que merezca la pena". La banda también tuvo tiempo de homenajear a los Héroes del Silencio o Depeche Mode, con versiones de temas como "Entre dos tierras" o "Personal Jesus" (posiblemente, el momento más bailable de toda su actuación).

Cerrarían la noche Elyella. consiguiendo convertir el recinto, con una puesta en escena espectacular, en una discoteca. Su sonido limpio, con mezclas exactas, sirvió como repaso a muchos de sus temas y colaboraciones con bandas muy actuales como Ginebras, LaLaLoveYou, o los mencionados Siloé, que aparecerían de nuevo al sonar "Podemos Vencer", colaboración entre ambos y de reciente publicación. Además tuvieron cabida algunos de los temas más míticos de la electrónica que, fusionados a la perfección con sus producciones, fueron un gran broche para la primera de las dos jornadas. Destacar que María, riojana, arrastró a mucho público de Arnedo, su lugar de nacimiento, además de de otras partes de la Comunidad y alrededores.
Su actuación fue el único oásis electrónico del evento, y es que Actual ha perdido, tras el reciente cierre del Maldeamores (escenario en ediciones pasadas), ese peregrinaje “natural” del público del festi. Allí era posible acabar las jornadas escuchando estilos musicales acordes a la programación del evento. El local, en pleno Casco Antiguo, ha cerrado por problemas derivados de la cimentación del edificio en el que se ubica. Tras las continuas (y no satisfechas) advertencias de sus propietarios acerca de la situación en la que se encontraba el edificio, no ha quedado otra solución que la del cierre. Logroño, lamentablemente, está entrando en una vorágine que le arrastra a la pérdida de lugares donde encontrar esa diversidad sonora que aporte algo más al ocio de las ciudades.
Ya el sábado, el dúo femenino, Marlena, serían las encargadas de arrancar la segunda de las jornadas en el Palacio. Como Siloé, su presencia fue capaz de congregar a una numerosísima cantidad de público desde el inicio de la noche. Su presencia en el cartel es otro de los claros ejemplos que muestran cómo ha evolucionado el festival desde su inicio. En la actualidad, la mayoría de los integrantes son apuestas seguras, mucho más conocidas por el gran público. Volviendo a su actuación, sonarían 14 canciones. Llevaron a cabo un repaso a sus tres álbumes de estudio, además de analgunos de los sencillos que llevan publicando desde 2020 (como "Me sabe mal", tema con el que, desde sus inicios, conseguirían fidelizar a gran parte de sus actuales seguidores). Su concierto, vibrante y bien ejecutado, consiguió esa conexión necesaria del directo. Sin embargo, por momentos, derivó en demasía hacia la teatralidad. En varios tramos, las pantallas llegaron a ser más protagonistas que la propia música. Con todo, su música y letras, reivindicativas y comprometidas, dejarían un gran sabor de boca tras su paso por la ciudad. Entre sus temas sonaron "Te vas a inventar", "Échame la culpa", "Ayer soñé contigo", "Gitana", "Baila morena" o "La Victoria". Esta última, en dos ocasiones; tanto al inicio como al final, por medio de una versión remezclada, con la que cerraban su participación en el festival.
Tras más de media hora de espera, por la complejidad del montaje y producción con el que acudieron, llegaba el momento de Love of Lesbian. Su setlist, basado en quince temas que, ejecutados a la perfección, dejaron claro, de nuevo, que no puede discutirse la calidad de Balmes y los suyos. Además, con figuras de siempre imponente presencia encima de un escenario, como la de músicos como Ricky Falkner. Ejecución perfecta, sí, pero como ocurrió en varios momentos de las dos noches, de nuevo apareció esa sensación de que faltó algo más. Sus temas, muchos de ellos convertidos en himnos generacionales, que serían coreados, e incluso aclamados, estuvieron, quizás, faltos de esa chispa de antaño. Esa chispa que provocaba que, aún no siendo un acérrimo seguidor de la banda, su universo le arrastrase. Porque eso sí, si algo volvieron a dejar claro es que éste existe. Durante estas últimas décadas la banda ha tenido esa capacidad de conseguir haber creado un sonido reconocible, característico y propio. LOL son LOL, y lo demostraron.
Con "Ejército de salvación", canción que da título a su álbum homónimo, daba comienzo un viaje por el tiempo el que sonarían algunos de más destacados éxitos de su carrera, canciones que han servido para convertirles en lo que son en la actualidad, una banda de culto. Fue un repaso por "Cuentos chinos para niños del Japón" (con "Noches reversibles"), o varias del trabajo que les catapultaría a la fama, "1999" (sonando canciones como "Allí donde solíamos gritar", "1999" o "Club de fans de John Boy", el más aclamado y con el que finalizarían su actuación). Destacable, pantallas mediante, fue también la aparición en el escenario de Paula Ribó, más conocida como Rigoberta Bandini. Ambos interpretarían "Contradicción", uno de los temas más destacados de su último álbum. Y es que, aunque sin ser una novedad, las posibilidades de la tecnología hacen que el mundo musical tenga cada vez más y más posibilidades, estando estas presentes, también, en este Actual 26.
Llegaba el final. El formato de grandes conciertos de esta edición tendría a Carlos Ares como el encargado de cerrar la edición. El gallego y su banda (hasta siete músicos encima del escenario), era, para parte del público, una de las propuestas más novedosas y esperadas del cartel de este año. Con tan sólo dos discos, "Peregrino" (2024) y "La boca del Lobo" (2025) y, a pesar de su juventud, el músico se ha convertido, ya, en una de las referencias de la escena nacional, valorado y situado, por méritos propios, en una posición privilegiada que le señala como parte protagonista dentro del futuro de la música del país. La banda, y su fusión musical de ejecución perfecta, pasaron por Actual dejando la sensación de haber convencido dejando, sin duda, la que posiblemente fue la actuación más relevante de las siete que tuvieron lugar en el Palacio de los Deportes. Sus diecisiete canciones, de interpretación cercana a lo magistral, no se adornaron de nada más y tuvieron, simplemente, a los instrumentos como protagonistas. "Días de Perros", "Lenguas Calvas", "Materia prestada", "Terrícola", "Collar" (donde los bongos jugaron un papel altamente protagonista), además de "Peregrino" y "Páramo", las más coreadas, confirmaron lo anteriormente mencionado. El concierto situaba, también en Logroño, a la figura de Ares como aquella que, siendo ya presente, está llamada, sin duda, a marcar el futuro.

Terminaba así el ciclo de grandes conciertos (con el Palacio como sede, puesto que aún restaba el de Auserón, que se celebraría el domingo en Riojaforum) de una nueva edición Actual. Fueron siete actuaciones que han dejado clara la tendencia que ha tomado el evento, enfocado hacia el gran público y, además, respaldado por el mismo (todo vendido desde hace semanas) Y es que la fórmula funciona y no parece que tenga intención de virar hacia otros lares. Tampoco hacia lo que una vez entendimos como un escenario de culturas contemporáneas, aquel en el que descubrir bandas, nuevas tendencias o grupos de todos los continentes, donde descubrir tendencias y bandas alejadas de los grandes circuitos de programación y, por tanto, de la música convencional o de la que disfruta la mencionada “masa”. Pero, como señalaba al principio, si el mainstream triunfa, será por algo. Y es que, cuando el río suena, agua lleva.
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