Emma Pollock finalizaba su gira peninsular en Valladolid, al amparo de ese (encantador) monumento a lo retro que es el salón de actos del Colegio Mayor Peñafiel, en donde en algún momento, hace ya tiempo, el Colectivo Laika tuvo a bien empezar a programar algunos de sus conciertos. Un espacio con aforo para cien avispados espectadores y que presentó buena afluencia, aun sin llegar a colgar el cartel de ‘entradas agotadas’. Enésima prueba de que la capital pucelana sigue siendo una plaza complicada, sobre todo teniendo en cuenta que la cita se suponía como ese lujo que, en efecto, quedó certificado tras hora y cuarto de preciosa actuación.
La que fuera vocalista de los nunca suficientemente valorados The Delgados llegaba con “Begging The Night To Take Hold” (Chemikal Undergorund, 25) bajo el brazo y se hizo acompañar sobre las tablas por Pete Harvey y Graeme Smillie, los mismos músicos que ayudaron a dar forma a la que hasta ahora es su última referencia. Una conexión, la del trío, palpable y alargada también sobre el escenario, con el chelo de uno y las teclas o bajo (dependiendo del momento) del otro ejerciendo como afanados escuderos de la cantante escocesa.
En medio, la protagonista principal, entre apenada y satisfecha por el final de una gira de la cabe suponer que, al igual que en su cita castellana, ha salido triunfante, haciendo gala de una bonita voz (la misma que realzó la obra de The Delgados) que secunda con rasgueos de su enorme guitarra. La suya fue la victoria de la sencillez y del buen gusto; de la naturalidad y la honestidad; de la fuerza lírica de unas canciones que parten el interior y son exorcizadas con mimo y un realismo que muta en activo.
El concierto de Emma Pollock careció de fuegos de artificio o adornos de cara a la galería (ni siquiera hubo lugar para unos bises que, a falta de un par de piezas para el final, la misma artista se encargó de avisar que no existirían). Solo hubo canciones –seleccionadas de entre su repertorio en solitario–, del tipo de “Prince Hunter”, “Black Magnetic”, “Dark Skies”, “Confessions”, “Paper & Glue”, “Red Oragnge Green”, “Pages Of A Magazine” o la bella “Fire Inside”, tan bien interpretadas por Pollock como matizadas por sus compañeros de velada.
Un trazado sedoso, sin aspavientos ni grandes subidas o bajadas, que apostó por el valor coherente del conjunto y resultó rematado por “I Used To Be A Silhouette”, una digna versión del “Paris 1919” de John Cale y esa “Parks and Recreation” recuperada de “In Search Of Harperfield” (Chemikal Underground, 16). Como extra, y en lugar de aquellos bises que nunca existieron (y que la propia redondez de la actuación tampoco demandaba), quedó la amigable charla de la artista con los asistentes, entre firmas de discos y fotos. Un cierre igual de acogedor que las mismas sensaciones dejadas en directo por Emma Pollock a su paso por la ciudad del Pisuerga.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.