Hay muchos tipos distintos de silencio. Algunos son solemnes, incluso sobrecogedores. Otros alivian. También acongojan. Los hay más relajados, hasta cómicos, como el silencio justo antes de las risas, cuando Julia dice, ay, mira, qué luna, y resulta que es el reloj iluminado de la Misericordia, al que no distinguió entre las sombras nervudas de las ramas. Hay silencios curiosos y hasta traviesos, como cuando veníamos en el metro y nos callábamos para escuchar mejor a uno que no había bebido agua precisamente e intentaba practicar su tierno inglés con un irlandés resignado: “You look como Isi Palazón of Rayo Vallecano”. Muchos silencios. A Ibai Landa le pone nervioso el silencio de la sala cuando paran después de un bloque de canciones: “Joder, qué silencio, va a ser la primera vez que eche de menos que no estéis hablando”.
Pues sí, hablamos de eso, de que íbamos camino de la Nave 9, bajando del metro de San Mamés, para ver en directo a Eh, Mertxe! Antes, actúan Calzados Deportivo. Esto es la crónica del día después, que no va a ser, precisamente, silenciosa.
Por lo que entiendo, Calzados Deportivo vienen de Santurtzi. Me imagino que andan por Las Viñas y se asoman casi hasta El Bullón. Lo digo porque se menciona a La Kelo y alguien, entre el público, vocifera glorias para el gaztetxe. La primera fila es territorio deportivo. Si hubiera asistido al concierto alguien del Euskobarómetro, nos habría segmentado por edades. Eso sí, bien adelante, también andan los componentes de la banda que tocará más tarde. De hecho, el batería de Eh, Mertxe! se encarga de lanzarles una bufanda de la Real. ¿Por qué? No sé, pero el fútbol es referencia. Al menos, estética. Sin ir más lejos, el guitarrista de la derecha (nuestra derecha) viste camiseta del AC Milan, la camiseta con la que Opel promocionó, por entonces, su nuevo vehículo: la Zafira. Más enjundia tiene la elección del bajista, quien ocupa el centro del escenario, sonríe repetidamente, y conversa a menudo con el público más cercano. Lleva la rojinegra del Rioja Alavesa Luzerna. Casi nada. Creo que es un club de Laguardia. No sé si hay rivalidad con Oion. Vete tú a saber.
Calzados Deportivo van del hardcore de alaridos al punk con coros sin que les tiemble el pulso. Les queda bien el rapeo y mejor cuando se asoman al pop, a la melodía. El bolo va rápido y deslavazado, compartiendo canciones de su disco conocido, el que tienen en bandcamp (Vol. I) y otras que no conocíamos. La paleta es variada. Solo incluyen una versión en el repertorio: el “Vértigo” de Suicidas, que la hacen incluso más cruda. Eso sí, también hay un guiño a Eskorbuto en “Ratas”, una canción en la que hablan de lo mismo de lo que los Mertxes han hablado en otras canciones. Al menos, eso entiendo yo cuando les oigo rimar sobre rebobinar cintas heredadas. Además, la baterista, que canta esta canción, la acaba lanzando un saludo inesperado a su “aita”.
El bajista rompe cuerda y cambia de instrumento. Pasa justo al final de “Egurre”. La cantante-baterista dijo que con esa se iban al averno. La siguiente, “Bilatu”, con el bajo nuevo, suena bien, gruesa. Nos chinchan: “Estáis muy tímidos, podéis bailar”. El del AC Milan canta “Zaldigorriak ez”, donde ganan más matices y le pegan bira eta bira al fraseo. Aunque sea una canción sobre su perro, la baterista le dedica “Ttantto” a T(t)ali, bajista de Eh, Mertxe! Van despidiéndose. El guitarrista pide perdón por su guitarra, pero no sabemos muy bien por qué. La última del lote, “Muérete ya”, más indie, más pop, más parecida a lo que hacen KAK! o Borla, les asoma, a nuestro parecer, que comparto la reflexión y coincido con más gente, a un futuro prometedor.
En el descanso, más tipos de silencio. El que retumba como una cortina que se corre cuando hay un hueco entre conversaciones. El del baño mientras dos desconocidos miran lento hacia el chisporreteo contra la cerámica. El de la ría que no cavila y sigue camino hacia el mar, convertida en una espumosa oscuridad que ya ni saluda a Carola. Cuando entramos dentro, otro silencio, el que dura un brevísimo suspiro al que puedes llamar expectación mientras esperas que, por fin, se toque una nota.

Más aún cuando empiezas como estos: al cuello, con el filo afilado, sin preludios ni anuncios. Algo bueno que decir de los Eh, Mertxe!, ya, desde el principio: han conseguido amasar tanto material bueno que se pueden permitir que “Aitaren etxea” vaya en el primer bloque, como cuando el mejor de tus lanzadores comienza la tanda de penaltis. Junto con “Negociante” y “Lo sabes bien” les sale un comienzo tan fulgurante que hasta se le salta la cincha del instrumento al bajista.
No todo va a ser nuevo, pero “Reza al pop” lo es. Y es todo estribillo, todo gancho, hook, que cantaban Blues Traveler. Lo que ellos entienden por pop habría que explicarlo antes de ponerse a discutir, pero no da tiempo porque no hay descanso. Vibran los parches, el bajo percute: “Jakingo bazenu” arrebata con los coros. Ya sin flecos ni gafas, el alborozo se prolonga con “Ácido es tu ser”. Ibai y Adrián se lucen en la proa con el puente instrumental.
Le dan al inglés con “Phanton mover” e Ibai refuerza el vibrato. Adrián coge el centro con su guitarra encendida mientras la gente repite el estribillo tuneado. Cuando terminan, nos la tiran: “Parecéis de Logroño”. Alguien responde: “¡Me aburro!” Y otra a mi lado les motiva: “¡Poperos!” Con nada se inmutan. Siguen a la suyo, hablando polaco o asustándose cuando paran y nos apocamos, como si nos desenchufáramos: “Joder, qué silencio”. Igual que si esperásemos una homilía, que nos digan qué pensar. No lo han hecho antes ni lo van a hacer ahora, aunque vuelvan a acercarse a las nuevas canciones que acaban de publicar. Van en bloque:
“Estoy bien”, “Queda poco” y “Zeruertzean” del tirón. En esta última, nos fijamos en que el riff a lo Bloc Party lo enhebra Ibai mientras Adrián mueve la cabeza como si le hubieran instalado un muelle en el esternocleidomastoideo. Las canciones son nuevas y les exigen, así que, cuando terminan, respiran, se estiran, vuelve el silencio que cae igual que los yunques de Acme en los dibujos animados. Para llenarlo, Tali e Ibai nos ofrecen un entremés cervantino, una conversación teatral y cómica que no consigue arruinar su guitarrista: “Deja de afinar, Adrián, joder, que estamos hablando”.
Ya ruedan cuesta abajo hacia el final, para lo que regresan a los temas añejos que ya tienen bruñidos. Primero, con una “Perviérteme” que borda la batería. Luego es el turno de “Relevo” que da juego desde el principio. Ibai termina una como empieza la otra, tocando de espaldas al público. Eso sí, acaba levantado por el personal, mientras puntea fino sobre nuestras cabezas. Le devuelven al escenario y se asombra: “Acabáis de levantar 110 kilos, sois unas personas muy fuertes…” Adrián pone la guinda de humor al momento: “Conmigo no os atrevéis”. Ese espíritu de realismo consecuente se aprecia en “Abrázame”. Cantante y bajista, coordinados, hacen el manneken pis, asperjando cerveza. Adrián mete la “egurre” que le pide Ibai en una “200 milatara” que no cansa nunca por más millas que hagamos. El final lo redondean con su ya habitual versión de Little Bob Story, una “Like Rock’n’Roll” que ya es tan suya como lo fue de los franceses.
Y luego fuera, pues eso, más silencios, porque los hay de muchos tipos, también después del punto y final que siempre cierra todas las crónicas. Incluso, éstas que, en realidad, quedan abiertas porque nunca puedes evitar acabarlas pensando que ojalá sea pronto la próxima.
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