Two Door Cinema Club y Amaral encabezaron una nueva edición del Dcode de notable alto. Establecido como cierre simbólico de la temporada de festivales, esta novena edición se presentaba sin nombres gigantescos pero con un cartel interesante, plural y equilibrado. Protagonismo repartido a partes iguales entre bandas nacionales en plena forma como Carolina Durante o Viva Suecia y artistas internacional de la talla de Eels y Tom Odell, así como la sorpresa que supone volver a ver a The Cardigans. Además, en este caso la experiencia fue un grado y la organización cumplía con un despliegue eficaz (y atestado de marketing), aprovechando mejor el recinto para que los asistentes disfrutasen con comodidad de la jornada.

Pese a que las excepciones cada vez sean más, pues la situación económica y laboral obliga a ser creativos, la llegada de septiembre sigue marcando en la agenda convencional el fin de las vacaciones y el comienzo de un nuevo curso, incluso aunque hayamos olvidado cuando fue la última vez que a estas alturas estábamos forrando libros de texto. En este punto se ha situado y asentado el Dcode, que celebraba el pasado sábado su novena edición en terrenos de la Universidad Complutense, cogiendo prestado el campo donde suelen entrenar los pocos elegidos que logran entender las reglas del rugby.

Two Door Cinema Club

La organización quiso fomentar la asistencia desde la misma apertura de puertas, a mediodía, solo así se entiende que fuesen Carolina Durante los responsables de romper el hielo. Que no fue lo único que se rompió. Cuando todo parecía ir como la seda, (“muchísimas gracias por estar aquí de mañaneo, de verdad, yo no hubiera venido”, bromeaba Diego Ibáñez), varios cortes de sonido robaron protagonismo y afearon el show, que ni si quiera pudo terminar con normalidad. Nada especialmente grave haciendo balance general, logrando encender al público con Joder, no sé, En verano y sobre todo con su versión de Marcelo Criminal, Perdona (ahora sí que sí), que a pesar de no ser propia resume perfectamente esa capacidad para hacer del patetismo y de los dramas comunes una invencible celebración colectiva. Tras ellos, uniformados y con clara intención de progresar y comerse el mundo llegaban los irlandeses Picture This, presentando su segundo álbum, MDRN LV (Republic Records, 2019). Pero la primera hora fue para las bandas de aquí, y es que después del fenómeno Carolina Durante llegaría La Casa Azul, que dejarían extremadamente pequeña la carpa del escenario Élite. Habituales de la última hora en los festivales, resultó toda una experiencia poder ver a Guille Milkyway y a los suyos en esa especie de sesión vermú con el despliegue técnico y visual de las mejores citas. Una oportunidad de oro para los fans con niños pequeños, quienes pudieron acercarse quizá por primera vez al pop deslumbrante de Los chicos hoy saltarán a la pista o Superguay. Milkyway, visiblemente encantado, no quiso dejar pasar la oportunidad de dedicar canciones tanto a Juan de Pablo como a Luis Calvo y Monste Santalla, de Elefant Records, quiénes según aseguró le salvaron la vida.

Todo eso sucedió incluso antes de que se pusieran en marcha los dos escenarios principales, que inauguró otra de las sensaciones del panorama nacional más reciente. Desde Murcia, Viva Suecia pasaron por el Dcode para confirmar un éxito de público creciente que parece conducirles hacia la primera división. Tienen todos los ingredientes para ello, desde un sonido contundente a unas letras intensas y grandilocuentes. El tema de Jurassic Park servía como introducción de un concierto breve pero efectivo, con el público totalmente por la labor y participativo en temas como Hemos ganado tiempo. Inmediatamente después en el escenario gemelo (así se sucederían ya todos los conciertos hasta bien entrada la madrugada) llegaba un ilusionado Nacho García como St Woods, quien recordaba haber asistido a la primera edición del festival como emo adolescente, tras Sum 41 y My Chemical Romance. Recién asoma la cabeza este proyecto cercano al indie folk con pretendida proyección internacional que, más allá de metas, posee una agradecida curiosidad por buscar nuevas sonoridades y estructuras para las canciones. Muy interesantes temas como Feel the Rain, con un imponente crescendo de capas de voz grabadas en directo. Entre tanto, el tercer escenario daba cabida a jóvenes promesas como los asturianos Staytons, apadrinados por Igor Paskual, con un desparpajo y una falta de prejuicios impropia de su edad. También pudimos escuchar a una espléndida Gabriela Richardson, conocida por poner su voz al servicio de Yall en Hundred Miles en 2015, quien recientemente inicia una prometedora carrera en solitario que, como vimos, no estará exenta de riesgo. Voz, guitarra y DJ para una mezcla de estilos e idiomas.

Tom Odell

Otro que se metió al público en el bolsillo con poco a su favor fue el escocés Gerry Cinnamon, divertidísimo hombre orquesta capaz de llenar el escenario principal con únicamente su guitarra, armónica y una mínima percusión. El de Glasgow completó un concierto vibrante con los temas de su LP Erratic Cinematic (Little Runaway Records, 2017) y rescatando otros como Kampfire Vampire. A continuación, dos platos fuertes como el pianista británico Tom Odell, capaz de emocionar con Another Love y de acabar subido al piano tras una buena dosis de rock and roll; o los madrileños Miss Caffeina, instalados en la primera línea del indie español y, por suerte, saliéndose de los esquemas habituales aportando esa tan escasa personalidad. Triunfaron cómo no con Mira cómo vuelo, introduciendo también nuevos temas como Calambre, dedicada a los amigos de la infancia y cerrando con un karaoke colectivo, tocando por encima del clásico dance Freed from Desire.

Miss Cafeina

Quizá el mayor lujo de este Dcode, y eso que nos trajo momentos importantes, fue poder disfrutar de Eels al atardecer. Hasta el sol se tornó amable para recibirles. Todo parece sencillo alrededor de Mark Oliver Everett, y al mismo tiempo mágico, desde la escenografía al sentido del humor con el que se dirige al público y del que participa toda la banda. Sonarían varias versiones, como es habitual en esta gira. Out in the Street de The Who y Raspberry Beret de Prince para comenzar, o la maravillosa Love and Mercy de Brian Wilson para ir poniendo punto y final a un show en el que incluso se versionó a sí mismo (I Like Birds en clave punk) y en el que por supuesto sonaron imprescindibles como My Beloved Monster y el blues Dog Faced Boy.

Eels

Sin tiempo para reposarlo, llegaba uno de los momento más sorprendentes de este año, dado el momento actual de la banda. The Cardigans regresaban y lo hacían para proponer un específico viaje en el tiempo hacia 1998, año en el que se publicaba uno de sus discos clave, Gran turismo (Universal). Espacio para dejarse llevar por la nostalgia y para asumir que, efectivamente, los años noventa son ya el pasado. Los suecos liderados por Nina Persson defendiendo dignamente un repertorio en el que incluyeron algún otro éxito de la época, como Lovefool.

The Cardigans

A continuación, cogían el testigo el dúo formado por Eva Amaral y Juan Aguirre, presentando en exclusiva en Dcode su Salto al color (Sony Music, 2019), única fecha del año en festivales. Dada quizá la reciente publicación del nuevo álbum, el concierto de Amaral tiró en un primer momento de fijos en su repertorio como Son mis amigos o Cómo hablar, introduciendo poco a poco interesantes novedades con las que proponen un leve cambio de registro, desde el single Mares igual que tú a la esotérica Lluvia. Es realmente complicado pillar a los aragoneses en un mal día, dueños de un directo sobresaliente.

Amaral

Bien entrada la noche, cuando empezaban a pesar las piernas, era el momento de no bajar ni un ápice la intensidad, De ello se ocuparon sobrada y contundentemente los norirlandeses Two Door Cinema Club. Otra apuesta segura festivalera, y no solo por éxitos como What You Know. Y mientras el escenario Élite había cogido previamente a Ànteros, Full, Fidlar y continuaba con la sesión de Miqui Brightside, los escenarios principales cerraban con los ya clásicos Kaiser Chiefs y unos Caravan Palace en constante transformación.

Anteros

Dcode ha sabido reinventarse a lo largo de los años. Creado para encauzar la complicada relación de Madrid con los grandes festivales de verano, actualmente persiste como una especie de hermano pequeño sin excesivas pretensiones pero listo para poner la guinda musical a las vacaciones, así como lugar de reunión de los profesionales del sector. Se esperan con curiosidad las sorpresas que puede llegar a ofrecer en su décimo aniversario.