Merecida celebración
ConciertosCeltas Cortos

Merecida celebración

8 / 10
Jon Bilbao — 02-03-2026
Fecha — 28 febrero, 2026
Sala — Navarra Arena, Pamplona (Navarra)
Fotografía — Marta Bravo

No recuerdo exactamente cuántas ocasiones han sido las que he visto a Celtas Cortos en directo, pero sé seguro que superan la decena, de largo el grupo que más veces he disfrutado sobre las tablas. Oportunidades ha habido muchas, y su cancionero y su actitud en concierto son los culpables de que les haya perseguido durante los años: de Bilbao a Laredo, de Santurtzi a Eibar, de Gijón a Estepona.

Siempre han gozado de una buena base de fans, pero quizá en cierto espectro del público no se les considere una de las grandes bandas estatales de las últimas décadas, y es posible que esto sea debido a las afirmaciones de algunos, que aseguran que sus mayores logros son ese par de hits que lanzaron a comienzos de los noventa. Nada más alejado de la realidad. Celtas Cortos han parido y siguen pariendo canciones importantes, que desmenuzan lo que es o lo que puede ser la vida, envolviendo el mensaje en cuidadas melodías que fusionan rock, folk, música celta y varios sabrosos ingredientes más. Siguen despiertos y siguen soñando, porque ambos estados se vuelven necesarios para afrontar el día a día.

Venían a celebrar sus cuarenta años como banda y por eso se aseguraron de incluir canciones de casi todas sus etapas: del inicio con “Macedonia tradicional”—medley de canciones tradicionales en el que también entraba “El túnel de las delicias”, incluida en su debut de 1989— a algunos de sus últimos temas publicados, como la pertinente “El mundo del revés”, la contagiosa “Mañana sale el sol” o “Adiós presidente”, dardo preparado para aquel momento en el que Trump abandonaba la Casa Blanca, de la que extirparon la letra, salvo siete reveladoras palabras del estribillo: “y que te den por culo cabrón”. Y en medio muchos de sus éxitos y favoritas, coreadas por un entregado público, como “Haz turismo”, “¿Qué voy a hacer yo?”, “Retales de una vida”, la esperada “Skaparate nacional” —la primera, que yo sepa, en la que comenzó a tocar el saxo Carlos Soto, miembro fundador del grupo—, “Tranquilo majete” o “Cuéntame un cuento”, que aunque la hayan tocado un millón de veces, volvió a sonar como un cañón.

La banda echaba chispas y aunque Cifu mostró su voz tocada durante ciertos momentos intensos del repertorio, cumplió de sobra con sus florituras y falsetes marca de la casa. Ya que se trataba de una celebración especial se incluyeron imágenes en pantalla relacionadas con el repertorio, que confirieron dinamismo al show, además de desempolvar clásicos que sólo lo fueron para los más fans. Cosas como el estimulante reggae —tanto musical como líricamente— “Trágame tierra”, “El ritmo del mar”, la divertida “Si no me veo no me creo” o “Cálida trinchera” (de “En estos días inciertos” de 1996) un gustoso tema que, según dijeron, jamás habían interpretado en directo hasta esta misma gira. Hay que reconocer que el repertorio estuvo construido con sabiduría y corazón, y no olvidaron canciones de gran belleza que seguramente no conocían las que acudieron al concierto con un recopilatorio bajo el brazo, como podrían ser “Silencio” del 2018 y la preciosa “Un millón de motivos”, del 2008.

Emplearon los ingredientes que tenían a su disposición durante las dos horas de las que disponían, y no obviaron prácticamente nada. Incluso sonó la instrumental tradicional “Riaño vivo”, mezcla de folk y rock incluida en su debut, y tal y como dijeron, una temprana manera de reivindicación aún sin contener letra, ya que la inspiración vino de la inundación que había sufrido el pueblo de Riaño. Hubo hasta dos colaboraciones de otros músicos: para “El emigrante” salieron a tocar trompeta y a cantar dos de los miembros de La Regadera y para “Ska del paro”, del primer disco en solitario de Jesús Cifuentes, agarró su instrumento Josemi, el guitarrista de Ska-P, con notables resultados. La dupla de marchosos instrumentales formada por “El pelotazo” y “Correcaminos” precedieron a la inevitable “20 de abril”, que cerró la noche antes del obligado bis. Apareció Carlos Soto y en vez de saxo agarró su flauta, instrumento con el que se le suele asociar, para una improvisación que culminaría en la inmortal balada “La senda del tiempo”. Tras eso, finalizaron con la rockera y habitual “No nos podrán parar”, dejando a los más veteranos cierta sensación de vacío al no haber podido escuchar ningún tema del importante “Tienes la puerta abierta”, pero un buen sabor general al fin y al cabo. Merecida celebración de un grupo que aún tiene muchas cartas a su disposición.

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