Reunión musical
ConciertosCastazabal ...

Reunión musical

7 / 10
Jasminka Romanos — 18-03-2026
Fecha — 13 marzo, 2026
Sala — Kutxa Fundazioa Kluba
Fotografía — Jasminka Romanos

El viernes por la noche tuvo lugar la segunda cita de "Bizi ala Iraun", el ciclo musical organizado por Kutxa Fundazioa en colaboración con Bidean Produkzioak, que acerca a Donostia-San Sebastián a artistas que ponen en valor la identidad sonora de sus lugares de origen.

La noche de La María y Castazabal fue una velada de contrastes, porque el aliento de estas dos artistas es literalmente opuesto. Íntima, la primera; extrovertida, la segunda. Pero sí ocurrió algo similar en ambos casos: la involucración del público y la divertida conexión entre artista y audiencia, que convirtió la cita más en una reunión musical, que en un recital.

Abrió la velada La María. Pura y sin trampa, estuvo en escena acompañada por una guitarra, un acordeón, unos samplers, y su voz. Esa voz es la protagonista por antonomasia de su obra, porque su modulación vocal es de las que no necesitan revestimientos y atrapan al que escucha desde su honesta desnudez. La artista valenciana presentaba su segundo largo, "Robina": un disco concebido como un viaje emocional durante el que la María explora un proceso de renacimiento personal. La salud mental, asociada a las imperfecciones del rubí, estuvo en el centro de los temas interpretados, y explicó a cada vez el por qué de las canciones.

Así, cantando en valenciano y hablando en castellano, nos guió desde la ruptura, hasta el enamoramiento, pasando por el vacío (los tres capítulos en que se divide el álbum). Y lo hizo con una cercanía magnética. Aún cuando el estar sola en escena le asustaba, confesó esta artista que lleva tiempo girando con banda, su sincera presencia le bastó para meterse al público en el bolsillo. Fue grabando acordes, voces y chasquidos con los dedos sobre la marcha para aportar capas a su interpretación desde el sampler, y con su potente voz ejerció un efecto fascinante. Con la audiencia ya sentada en el suelo para atender con tranquilidad su propuesta interpretó, entre otros, "Estupor", "Consagració" o "L´enamorament, fandangos". Unos temas que aprovechó para ahondar en la salud mental, y también para divulgar el acervo de la música tradicional valenciana.

"Angelitos negros", de Antonio Machín, fue su despedida. Una clausura a capela que nos levantó a todos del suelo con las manos batientes, en un intento por devolverle a esta íntima artista un poquito del cariño que nos acababa de regalar.

Castazabal fue la segunda propuesta de la noche, y pasamos de la intimidad a la extraversión. Se reabrió el telón y las velas dominaban la escena: desde el suelo, desde esa mesa central donde un DJ nos daba una bienvenida rítmica, y en torno a esa clásica silla de mimbre y madera que presidía la sala.

Mientras aún andábamos en explorar esa puesta en escena tan cuidada, sonaron, sobre bases electrónicas en la oscuridad, los primeros versos. Esos mágicos "Si yo encontrara/ La estrella/ Que me guiara". No cantados por Claudia, el alma de Castazabal, sino por el eterno Morente. La declaración de intenciones quedaba clara: el flamenco iba a reinar, aunque se vistiese de ritmos urbanos.

Y enseguida nos dio la razón. Claudia irrumpió con "Penitencia", descarada, movediza y directa, y durante el concierto mezcló reggaetón, con jotas, o con rap. Y aún con todo, el flamenco fue el estilo que todo lo alumbró. Así ocurrió cuando interpretó "Aire", un tema sobre bases de reggaeton donde tuvieron cabida versos de la jota Navarra tiene cadenas, del trovador navarro Fermín Valencia, y se sintió el cante sobre todo lo demás.

El público no estuvimos a su altura energética, todo sea dicho, pero eso no menguó ni un ápice la fuerza de Claudia sobre escena. Salió a darlo todo con un desparpajo sobresaliente, que le dio para confesarnos que éramos unos sosos. Nosotros, estáticos; ella, de lado a lado: las cosas como son.

Pero no fue la quietud sinónimo de desgana, porque el medio centenar de personas reunidas en la sala seguimos muy de cerca su actuación. En esta ocasión acompañaron a Claudia, Chino Sound, a los platos, e Iván Martín, a la guitarra eléctrica. Y entre los tres evidenciaron cómo estilos musicales muy diferentes pueden mezclarse para vertebrar una sola canción. Una canción, única, claro está, y una que desafía las normas de los géneros musicales para proponer una obra novedosa, que en su ejercicio de innovación no deja de hacer guiños a los estilos más tradicionales.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.