Iruña ha vuelto a convertirse, durante tres días, en capital de la música negra con una fiesta de soul, R&B y sonidos jamaicanos de la mano del Beltza Weekend, que ha celebrado su tercera edición entre el 12 y el 14 de septiembre. Y si la trayectoria, breve, de este festival ya apuntaba unas interesantes maneras, en su tercera entrega se ha consolidado como una cita programada con exquisito criterio y demandada con fuerza por un público militante procedente de dentro y de fuera de Navarra.

Impulsado por Gautxoriak Soul Club y Shakin’ Brothers, este festival ha ofrecido en 2019 una variada programación de conciertos y pinchadas de soul, rhythm & blues y sonidos de raíz jamaicana, así como la proyección de dos películas (“Northern Soul”, “The Commitments”), la presentación de una exposición y un libro (“El Hechizo del Groove” de Jaime Bajo González) o el show infantil “La música de Braulia”.

Y tras varios aperitivos suculentos el jueves con las actuaciones de Beltza Weekend All Stars y Las Kasettes, además de diversos DJs, el soul finalmente explotó en la velada del viernes en una abarrotada sala Zentral de la mano del grupo Aretha Soul Divas & The Silverbacks. Se trata de un proyecto-homenaje a la enorme Aretha Franklin impulsado por el festival Madrid Es Negro que reúne a las mejores voces negras de la capital del Estado: Astrid Jones (Astrid Jones & The Blue Flaps), Juno Kotto King (Juno & Darrell), Mayka Edjole (The Sweet Vandals) y Shirley Davis. Cuatro divas con distintos registros y voces virtuosas acompañadas de una estupenda banda de seis músicos: Silverbacks. Juntos ofrecieron un excitante repaso a los clásicos que trufan el enorme legado de la gran Dama del soul, fallecida en agosto de 2018 y célebre también por su compromiso con los derechos civiles.

Durante su actuación, las cuatro divas se fueron turnando el protagonismo vocal; en algunos temas lo hacían de forma individual, con las demás haciendo coros; y en otros casos cantando las cuatro al unísono y llevando el espectáculo muy arriba. Sobre el escenario, todo eran sonrisas, groove y buen rollo. Y eso se contagiaba al público que, especialmente en las primera filas, no dejo de bailar y dar palmas. Se fueron sucediendo clásicos como “Respect”, “Chain of Fools”, “Rocksteady” o “Natural Woman”, con momentos también de lucimiento instrumental de la banda, para dar paso a un bis imprescindible donde aún hubo espacio para hitazos atemporales como “Say A Little Prayer” o “Think”.

Y una vez apagados los ecos de la Franklin, el escenario de la Central acogió a otro pionero de la música negra, en este caso al artista original: el jamaicano Roy Ellis, en esta ocasión acompañado de la banda Mighty Megatons. También conocido como Mr. Symarip, Ellis es historia viva de la música; hace la friolera de 50 años, en 1969, facturó un disco como “Skinhead Moonstomp”, del que ya ha despachado más de 7 millones de copias. Elegante, con traje y sombrero de riguroso azul, Ellis afrontó el reto de reconectar con un público que acababa de vibrar con un puñado de clásicos. Y lo hizo con nota. A base de skinhead reggae, rocksteady, soul y ska, el jamaicano ofreció una actuación contundente. Respaldado por siete músicos solventes, no dejó de moverse y comunicar con el público, llegando a bajar del escenario para cantar o a subir a decenas de asistentes en los temas finales del concierto.

Ellis alternó entre clásicos como “Skinhead Moonstomp”, “Chicken Merry” o “You’re Mine” junto a otros temas más reciente, como “Groovin Oit in Life” o “You’ll Never Find Another Love”, procedente de su último trabajo, “Almighty Ska” (Liquidator Music, 2019) para cerrar el show tirando de nuevo de retrovisor con su versión “Stomping” de “These Boots Are Made for Walking”, popularizado por Nancy Sinatra.

La jornada del sábado reunió probablemente al que era uno de los platos fuertes de la edición, Lee Fields, también conocido como el “pequeño James Brown”, y que estuvo acompañado en la velada por Michelle David & The Gospel Sessions. Fueron estos últimos, con su estrella a la cabeza, los encargados de medir la complicidad del público del Zentral Kafé Teatro de Pamplona. Y no tardaron en ejercitar las primeras caderas del respetable por medio de canciones como “Nobody but the lord”, ese suspiro estirado de “He loves me” (so, so) o el final con ese “Gonna be alright” en el que no solo acabaron sucumbiendo las primeras filas sino la gran parte de la sala. Fue una actuación tan intensa, completa y redonda en el apartado vocal que si no llega a ser por la importancia y trayectoria de su relevo hubiese encajado perfectamente en el cierre de la noche.

Tras ellos y una espera breve llegaría el momento del gran Lee Fields (foto inferior y encabezado) acompañado de una enorme vitalidad que, sin duda, difumina en positivo el paso de los años. Con una banda perfectamente engrasada y con un público completamente entregado por saberse delante de una estrella histórica del soul, Fields dio comienzo a su show con melodías como “Coming Home”, “Love Prisoner” de su último trabajo” o “You’re what’s needed”, que conectaron directamente con la parroquia. No fue hasta “Wake up” y ese “everybody get loud” y la universal “Make the world” que llegaría la conquista total de Fields en la sala Zentral antes del cierre con la rendondísima “Faithful Man”, que acabaría por hacer las delicias de los presentes y puso el broche de oro al festival.

Tercera edición de un Beltza Weekend que no deja de crecer, en el gran nivel de su cartel, pero también en un público formado por fieles y por nuevos aficionados a la música negra.