Frenético y loco
Conciertos / Azkena Rock

Frenético y loco

8 / 10
Urko Ansa — hace 1 año
Empresa — Last Tour
Fecha — 22 junio, 2018
Sala — Mendizabala (Recinto)
Fotógrafo — Rhythm And Photos

Diecisiete ediciones cumple ya el Azkena, nuestro querido Rock Festival. 31.000 almas –sumando los dos días- y muchas vivencias por contar: Dinosaurios, nuevas promesas, Stoner, Glam Rock y mucha cosecha de los 90 es lo que nos ha vuelto a traer el mejor Festival de Europa. Agárrense que viene el relato de lo allí vivido, de la manera más sincera y honesta posible.

No es fácil últimamente hacer una crónica del Azkena, no ya completa, sino una que abarque tres cuartas partes de lo que se cuece en los tres escenarios principales, sin perjuicio del Thrashville. Uno, tras jurar y perjurar que solo verá actuaciones completas, acaba asumiendo más pronto que tarde que eso no ocurrirá, y termina dando más vueltas que un político en una puerta giratoria. Al cabo de varias horas, uno no sabe si está viendo a Van Morrison en el escenario pequeño mientras se toma algo con Tom Petty en el chriringuito, después de presenciar a Turbonegro en el Trashville y a Gluecifer en la Virgen Blanca. La marea de acontecimientos acarrea el peligro de dejarnos sin cuentas ni cimientos. But we like it.

Viernes, 22 de junio
Lo que sí tenía claro desde un principio es que no iba a perderme ni un segundo de la actuación de Tutan Come On. Los gasteiztarras, tras más de un año de parón, no pudieron resistirse a la oferta de tocar en el Festi de su ciudad, algo que ya clamaba al cielo y que ya era hora de que ocurriera. Kanda e Ibon Salterain (guitarra y batería) nos atronaron como solo ellos lo saben hacer y dieron buena cuenta de sus dos apabullantes discos. Hete aquí que me pierdo las primeras notas, concretamente de la intro, y decido pedirme algo de beber para afrontar la actuación completa bajo un sol de narices. Kanda coge el micro y nos espeta con rabia que aquí no se aceptan “asquerosos violadores”, en clara referencia a la sentencia y sobre todo a la puesta en libertad provisional de los cinco catetos que no tuvieron mejor idea que abusar de una joven en Sanfermines. “Emaidazu mainstream” nos azota y no puedo dejar de sorprenderme del volumen y el cuerpo de las canciones. ¡Dos tíos tocando, y parecen cuatro! Continuaron con el segundo elepé con “Ezin zaitut begiratu” y su gran melodía siempre envuelta en ese sonido tan grave que parece de ultratumba. Saltaron al primer disco con “Tutan Come On” –tremenda y trepidante- y “Jada hilda”. Otra dupla del segundo disco (“Emaidazu mainstream”) nos esperaba con el azote de “Infernuko hegoaldean” y la muy Black Sabbathera “”Otso bakartiaren balada”. La actuación está en lo álgido y la rematan con un cuarteto del disco debut que nos deja knockeados: “Tximinista”, “Knock knock polizia” (dedicada a los jóvenes de Altsasu, presuntos terroristas sin ni siquiera haber cogido un arma y por hacer un arañazo a un agente de la ley), “Microsievert” (gran melodía y guitarra al galope) y “Anubis & Horus”, la más larga jamás compuesta por el dúo y muy apropiada para finalizar un show. Con los oídos noqueados por el volumen, los riffs aplastantes de Kanda y las ostias que le da Salterain a su batería-fundición, aún tuvimos tiempo de ver a Kanda coger el set list, arrugarlo y (aunque en un momento pensé que se haría un Biff Byford, no fue así) lanzarlo al público –aunque aterrizara en el foso de fotógrafos- con rabia, en un gesto que suena a despedida.

Empieza a rodar la noria que esta vez me lleva al escenario principal donde actúan nada menos que los Sheepdogs. Los canadienses están presentando el exquisito “Changing colours” y alucino con el gentío que se ha reunido ya allí. Con una atención y un éxito de público digno de los mejores, mostraron un gusto y buen hacer que, viéndoles, casi parece fácil. Su rock setentero con claras influencias de Southern Rock, sus pintas retro y el dominio de los silencios les suben directamente al Olimpo del Azkena de este año. Esa manera de clavar la nota, de alternar guitarras, y ese sonido tan limpio y logrado solo está en manos de los elegidos.

Sin saber cómo, uno siempre termina en el Trashville para ver qué es lo que se cuece. Hombre Lobo Internacional, un tío con una máscara dándole al rockabilly, nos sedujo enormemente. Dentro de aquella sauna la gente se lo pasaba en grande mientras el hombre-orquesta no paraba de vacilar a ritmo endiablado. Gran idea la de traer este tipo de artistas “distintos”.

Los Allnighters nos la tienen guardada en una nueva actuación de un grupo de la ciudad, de ésas que tanto escasean. De nuevo, gran afluencia de público y ese tercer escenario que se va haciendo un hueco año tras año, cada vez con más éxito pero a la vez con cierta comodidad y libertad de movimientos. Exquisita es la palabra con la que definiría su actuación: Músicos solventes, de mucho estilo, sonido atractivo e imagen, y sobre todo un frontman (Igu) con desparpajo y domino del escenario. Fue una demostración de rhythm & blues solvente, algo de soul y bastante pub rock que convenció a sus acólitos y creó un ambiente especial. Quizás la puesta en escena depende mucho de Igu y no vendría mal más movilidad por parte de los músicos que, por otra parte, se lo montan estupendamente. Lo dicho, gran actuación por parte de todos y una leyenda que vuelve (en realidad volvieron en 2016 con nuevo disco, “Everything is changing”) a los escenarios, de donde esperamos que nunca se vuelvan a bajar.

Van Morrison

El león de Belfast nos esperaba enseguida en el escenario principal, a las 20:15. Con 5 minutos de retraso salta la banda y un rato más tarde el viejo Van Morrison (foto inferior), de quien aún no sabíamos qué esperar exactamente: si iba a ser el respetable artista de jazz y de swing que últimamente tan bien representa o si, en cambio, se iba a adecuar a la situación e iba a ser más León de lo habitual. El resultado se quedó a medias, a medias de esas dos versiones de Van Morrison, pero en una actuación que por momentos rozó lo extraordinario. Saltó sin grandes alardes y se mostró con un perfil discreto y casi desganado en esa primera fase. Ni siquiera con “Baby please don’t go” y “Don’t start crying now”, de su gloriosa época con Them, las dos enlazadas con “Got my Mojo working”, entusiasmaron al público que, eso sí, entró en harina –aunque fuera un poco- con “Days like this” y una fase central del concierto que empezó a subir en intensidad. “Broken record”, de su penúltimo trabajo, nos ofreció a un Morrison cachondo y divertido, hecho que repercutió al momento en el ánimo del público. La corista se lució en varios temas (sobre todo cuando acaparaba todo el protagonismo) y se llevó los más grandes aplausos. Se empeñó Morrison, sin embargo, en echar al traste lo que había edificado con una nueva bajada de intensidad –con todos los matices que se quiera- hasta que nos volvió a maravillar con “Jackie Wilson said (I’m in heaven when you smile)” del 72, incluso la muy reciente “The party’s over” y el apoteósico final con la eterna “Brown eyed girl” y una descafeinada “Gloria” que, aunque con un envoltorio exquisito, podría haber sido más fiel al original teniendo en cuenta el contexto. ¡Esto es el Azkena Rock Festival!

Nos esperaba el momento de la cena mientras el oído izquierdo no podía creerse lo que oía por ese lado: Thee Hypnotics ofreciendo un sonido alucinante y profundo, con una voz que salía de las mismísimas extrañas. De los Dead Cross (foto inferior) solo pude ver algún momento suelto, que tristemente coincidió con alguna parrafada del gran Mike Patton. El que fuera vocalista de Faith No More cuenta con el brutal batería de Slayer Dave Lombardo. Su propuesta es un Metal brutal con muchísimo punk y era una de las más esperadas actuaciones del Festival. Estaremos atentos en su próxima visita.

Chris Robinson Brotherhood  es una auténtica sorpresa, un soplo de aire fresco y aceptación increíble, dada la respuesta del público en el ARF y la gira anterior –de marzo- en el Estado Español, que incluyó una fecha en Bilbo. Increíble fue la respuesta del público, y es que a Chris se le quiere sin condiciones. “Vibration & light suite” y “Venus in chrome” suenan a gloria, en una propuesta que supone una gran sorpresa por su planteamiento libre y cercano a las jam bands, aún cuando la voz de Chris suene tan débil, casi al límite de su capacidad. Ignoro si este día había cogido frío o tuvo algún problema, si bien este hecho aparentemente pareció pasar desapercibido para el gran público.

Chris Robinson Brotherhood

Man Or Astro-Man? eran de las más esperadas para muchos, sobre todo para los que nunca les pudimos ver en su día. No decepcionaron y arrasaron con todo en una actuación trepidante e inolvidable. Su surf indie rock es difícil de describir para el que no los haya visto en directo. No paraban quietos ni tenían descanso, excepto en las partes de voz pregrabadas que nos guiaban en el viaje espacial. El guitarrista y poseedor del centro del escenario parecía estar loco, no paraba de moverse de una manera extraña con su buzo de astronauta puesto. El batería dejaba su instrumento y se dedicaba a enredar en el escenario o a tocar su instrumento de pie y dándonos la espalda. Pero la que llamaba la atención irremediablemente era la bajista Avona Nova, última incorporación del grupo, allá por 2011. Sin parar de bailar y moverse de una manera tan cool, descargaba su furia e interactuaba con el guitarrista constantemente. Telescopios, detectores, sensores y demás trastos amenizaban la jornada. Incluso Avona y el guitarrista del centro se intercambiaron sus instrumentos y al final, el loco batería se hizo una torre con un timbal y el pie de micro. De locos, pero inolvidable.

Cada vez que MC50 visitan estos lares, ahí está el menda. A poder ser, en primera fila. Siempre me resulta difícil ser objetivo con este grupo, pero me lo pasé en grande en el concierto de MC50. Primeramente, he de reconocer que echo de menos los tiempos en los que Lisa Kekaula de Bellrays tomaba y revolucionaba el escenario (2004-2005). Pero estamos en 2018 y MC5 celebra –con un año de anticipación- el quincuagésimo aniversario de la piedra angular que supuso “Kick out the jams”, cimiento del punk e incluso en cierto sentido del rock duro. Comenzaron imitando al mítico LP en sus cuatro temas iniciales. Rugió el público con “Ramblin’ Rose” y “Kick out the jams” hasta que los parones y la falta de empuje ralentizaron la actuación, privándole de su mayor oportunidad: La velocidad y el ir a degüello. “Come together” y “Motor city is burning” siguieron (como ya he comentado) el orden del LP pero para entonces el ritmo se había parado en seco. “Borderline” tiene lo que hay que tener, pero se veía que aquello no arrancaba.

La banda, la enésima que ha montado el legendario Wayne Kramer (único miembro original), prometía mucho. Al bajo, el extremadamente delgado Don Was, el legendario productor y miembro de Was. A la segunda guitarra, Kim Thayil (¡de Soundgarden!), con su habitual perfil discreto. Brendan Canty de Fugazi a los tambores y Marcus Durant (de Zen Guerrilla) en la voz. Fue el propio Marcus quien tuvo la clave para despertar a la bestia. Su registro soul (¡nunca olvidemos el soul cuando hablemos de MC5!) marcó todos los intentos de reflotar un barco a la deriva, mientras Wayne Kramer, de 70 años, lo daba todo para darle la vuelta a la situación. “I want you right now” fue un claro ejemplo de los registros soul de Marcus, y “Sister Anne” un gran espectáculo del grupo entero. Así, después de levantar el show con tanto esfuerzo, se retiran y cortan el rollo de repente. Vuelven con dos temas del trepidante segundo disco “Back in the USA”: un “Looking at you” impresionante y frenético, y “The American ruse”, celebrada y  coreada como la anterior. Y ya está, si te he visto no me acuerdo. Los cinco músicos se retiran. La gente quiere más. No volverán. Así termina un concierto que se queda a medias, aún cuando lo vivido se quedará para siempre en nuestra retina. Quizás ésta sí haya sido la última.

Nebula fue la sacrificada entre MC50 y las Girlschool, aunque nos acercamos un rato para disfrutar del profundo y nebuloso sonido de los Angelinos. Su Stoner psicodélico atrae sin remedio a los amantes del género, y ahora que Fu Manchu ha pasado a mejor vida, el batería Ruben Romano y el guitarrista Eddie Glass mantienen la vela encendida con este grupo que, por otra parte, ya era un proyecto paralelo hace muchos años, pero que acaban de resucitar. Aunque fue en el escenario pequeño, o quizás precisamente por eso, el calor obtenido del respetable fue significativo. Y antes de Nebula, terminamos de nuevo en el Trashville en busca de The 5.6.7.8’s el grupo de chicas japonesas que sale tocando en una escena de la película “Kill Bill” de Tarantino. Solo pudimos escuchar un poco de la última canción y ver casi nada, aunque algunos testimonios recogidos nos informaron de que fue una gran mierda. Al intentar salir, comprobamos que la carpa/circo se había convertido en una auténtica ratonera, con gente intentando salir y entrar, en una clara falta de organización que se subsanó en parte al día siguiente.

Y ya para despedir el primer día del Azkena, abandonamos a Nebula para, en el escenario grande (God) chequear la situación actual de las Girlschool. No las tenía todas conmigo tras la última actuación que ofrecieron por estos lares, concretamente en 2016 teloneando a Saxon en la Sala Santana 27 de Bilbo. Aunque si a aquella le faltó un buen chut de energía en ésta se resarcieron parcialmente, aunque sigo creyendo que les falta un último toque de punch. Llegamos cuando ya llevaban unos temas, y nos tocó un estupendo set de temas semi nuevos como “Come the revolution”, “Take it like a band” y “Never say never”, esta ya de 2004. Las tres son más que aceptables y siguen rugiendo como el mejor Heavy Metal.  No hubo ya, a partir de ahí, tregua alguna y los clásicos tomaron su sitio con autoridad: “Screaming blue murder” del tercer LP levantó aún más los ánimos, y a partir de ahí, zapatilla a los dos primeros discos: “Furure flash”, “Kick it down”, “Watch your step”, “Yeah right”, todas ellas demoledoras, y la versión que hicieran en su día del gran “Race with the devil” de The Gun. En relación a ésta última, os recomiendo la versión que hizo Niko Etxart en 1996, con el título “Aupa Satan!”. “Emergency”, otro pelotazo NWOBHM, cerró el show con gran poder, aunque sigo manteniendo que a Denise Dufort le falta algo de mala ostia con la batería y que a veces lleva el ritmo con una milésima de segundo de retraso, algo que se nota. Por lo demás, ofrecen un gran espectáculo, especialmente la bajista Enid Williams, sin olvidar las poses de la guitar-hero Jackie Chambers (la “nueva” del grupo, aunque lleve ya 18 años). Kim McAuliffe lleva el peso de la voz y la guitarra rítmica, aunque hay algunas que se las marca Jackie. Estas son las Girlschool de 2018, unas chicas que ya llevan 40 años en los escenarios, algo que se dice pronto.

Berri Txarrak

Berri Txarrak

Sábado, 23 de junio. Metal, punk rock y glitter rock
La fatalidad hizo que me perdiera el concierto de los donostiarras Nuevo Catecismo Católico, grupo al que tenía muchas ganas por cuanto llevaba 13 años sin verlos. Así, mientras buscaba aparcamiento por los alrededores de Mendizabala, con un Parking abarrotado y toda la parte de atrás precintada o cortada por la policía, escuchaba las primeras notas de “Etsia” de Berri Txarrak, e “Infrasoinuak” –creo- mientras accedía al recinto. Una impresionante masa de gente abarrotaba la explanada del segundo escenario. Esto es alucinante. Varios miles de personas se achicharran al sol y hacen inaccesible el acceso a las primeras filas. Me emociono solo con recordarlo: Es el triunfo del rock euskaldun. “Jaio. Musika. Hil” suena a gloria, la gente está flipando y yo solo puedo recordar aquel 2005 donde todo cambió en la historia del grupo, iniciando un ascenso a los cielos que todavía no ha concluido. “Hozkia”, “Beude”, “26 segundotan”… todas nuevas o semi-nuevas, parecen conocidas para el gran público, exceptuando a los extranjeros claro está. “Zertarako amestu” nos devuelve al mencionado 2005. De nuevo la gran celebración, rematada por aquel impresionante “Denak ez du balio” en una dinámica que sin embargo se vuelve a “interrumpir” relativamente con “Spoiler!”, “Hitzen oinarri ahula”, “Harra” y “Zaldi zauritua”, todas de sus tres últimos discos. Gorka nos explica que aún recuerda su concierto a las 4 de la tarde en este mismo escenario, allá por 2006. Aquella vez, por lo visto, venían de gaupasa de un concierto de Alemania y después se iban a dar otro a Elgoibar. Sólo el hecho de pensar en cómo han cambiado las cosas desde entonces da vértigo. Aquella vez les vio relativamente poca gente; lo de hoy es difícil de superar. “Oreka” revoluciona el gallinero (¡otra vez el disco “Jaio. Musika. Hil.!) mas se empeñan en volver a la actualidad con “Zuri” con la que cierran, después de sorprendernos con, si no me equivoco, “Epilogoa”, de Anari, intercalada dentro de “Oreka”. Un show soberbio que demuestra que su dominio de escenarios grandes es enorme, aún cuando en las distancias cortas se manejen aún mejor. Un show soberbio que demuestra que su dominio de escenarios grandes es enorme, aún cuando en las distancias cortas se manejen aún mejor. Demasiados temas nuevos, eso sí, y pocos clásicos (solo 4) que demuestran su valentía y confianza en sí mismos, aunque resulte un pelín descompasado.

Mott The Hoople me planteaba ciertas dudas y algunos temores. Por una parte, la reunificación con Morgan Fisher (teclista) y el guitarrista Ariel Bender dotaba a Ian Hunter de credibilidad a la hora de utilizar el mítico nombre. Por el otro, el pobre estado vocal de Ian me hacía temer lo peor. Y lo peor no ocurrió. Vivimos un show de muchos quilates, divertido y desenfadado. “Golden age of rock’n’roll”, “I wish I was your mother” o “Pearl n’ Roy” no se disfrutaban igual, evidentemente, desde atrás, de modo que, una vez metidos más adentro las tornan cambiaron considerablemente. El desparpajo, la extravagancia visual, el uso de disfraces y la diversión es lo que los hace tan distintos y sirve de complemento perfecto para esa rhythm & blues, boogie y Glam Rock tan vacilón. Sorprendentemente –para mí- la gente parece conocer las canciones, al menos las más famosas como “Roll away the Stone” que empalmaron con el absolutamente innecesario “Sweet jane” de la Velvet, “Honaloochie Boogie” o, cómo no, “All the way from Memphis”. Entre medias, otras más oscuras como “Rest in peace” o “Marionette”.

Mott The Hoople

Ian Hunter no canta ni papa, sus cuerdas vocales no dan para las notas más altas, aunque en algunos temas me dejó sorprendido y a su edad le perdono casi todo (nacido en el 39, ¡más viejo que los Beatles!). En paralelo, el teclista se da una vuelta por el escenario, finge tocar su chaqueta dibujada como si tocara un teclado, levanta la pierna hasta arriba mientras toca, hace comentarios jocosos… Puro glitter rock. Esto es Gary Glitter, Mud, Wizzard y toda la peña de los gloriosos primeros 70. “One of the boys” es otra cumbre, con un público ya entregado, rematado con el meddley “Rock ‘n’ Roll Queen / Crash Street Kidds /Whole Lotta Shakin’ On / Violence” y la monumental “All the Young dudes” que les regalara David Bowie en el 72 para llevarles al número 1. Notable es una calificación bastante objetiva, aunque se quedaría corta si lo tuviera que calificar en caliente, al momento.

Turbonegro (foto inferior) era otro grupo muy esperado por mí. La última vez que los vi fue en el Faan Fest de Oviedo en 2015, así que ya sabía lo que era ver al nuevo frontman Anthony Madsen-Sylveste y había superado parcialmente el shock de la ausencia del gran Hank von Helvete. También había superado entre comillas el ver a Euroboy tan demacrado desde que se le diagnosticó el linfoma, así que venía en parte curado en salud. Pero el último disco, “RockNRoll Machine” (así, todo seguido) es tan inquietante, extravagante e irreal, que casi parece una broma. Me refiero al sonido, a los sintetizadores, a la portada y a los títulos de las canciones. Y lo peor es que me gusta. Como también a la gran mayoría del público de las primeras filas. Atrás, me consta que no era del todo así y que incluso hubo gente que se marchó a ver a The Dream Syndicate. Y es que le dieron zapatilla al último disco de manera casi abusiva: Así, los cinco primeros temas fueron “Part II: Well hello”, “Part III: Rock’n’roll machine”, “Hurry up & die”, “Skinhead rock & roll” y “On the rag”. La gente se lo pasa en grande, se sabe los temas, y el espectáculo no defrauda. La portada tan retro como telón de fondo, el bajista Happy-Tom vestido de policía, el guitarrista Rune Gronn de granjero, Euroboy con un mono, y Anthony Madsen-Sylveste (el cantante) en una especie de motorista gay satánico, y muchas ganas de diversión, sobre todo por un muy activo Happy-Tom, además del frontman claro está.

Turbonegro

Siguieron algunos de los mejores momentos del festival con el “Bohemian Rhapsody” de Queen empalmada con un glorioso “We will rock you” y después con el “City of Satan” Turbonegriano. Impresionante la participación del público. Después alternaron algunas nuevas como “Hot for Nietzche” (me niego a creer que no haya relación con Van Halen), “Fist city” (¿nos están tomando el pelo con el “Sin city” de AC/DC?) y “John Carpenter powder ballad” con las celebérrimas “All my friends are dead” y “Wasted again”, con el que nos hicieron corear “Vitoria” una y otra vez. “Just flesh” junto con “I got erection” fue la única referencia pre-Apocalypse dudes aunque sorprendentemente no fuera muy reconocida por la mayoría. “Get i ton” desata una furia de pasión para despedirse con la nueva y juguetona “Special education”. Tampoco se olvidaron de cantarnos “La cucaracha”, eso sí, con el detalle de sustituirlo por “La cocaína”. Un detalle de estos chicos tan encantadores. Y ya en los bises, cuando el público llevaba un rato cantando “I got erection”, nos asaltaron con “The age of Pamparius”, “Selfdestructo blues” y, ahora sí, un “I got erection” eufórico y celebradísimo. La fórmula, aunque parezca increíble, parece funcionar, y los nuevos temas no dejan de ser Turbonegro en cuanto a letras y concepto. La música ya es otra historia, aunque me temo que me gusta. Eso sí, ya no es Turbonegro, o ¿acaso estamos en un momento clave, de transformación total?

El momento de la cena nos volvió a pillar con el pabellón auricular izquierdo alucinando esta vez con The Dream Syndicate y su impresionante voz y sonido, aunque tenemos que correr para no perdernos nada de la actuación estrella de este año: ¡¡Joan Jett & The Blackhearts!!! (foto encabezado) La expectación era espectacular y yo, por mi parte, no podía creerme que Joan estuviera entre nosotros. No en vano la organización llevaba más de una década negociando en secreto con la artista. Con una actuación y una puesta en escena soberbia, de rock potente muy rítmico, Hard Rock y Glitter Rock, y unos coros de fantasía, la suya fue quizás la mejor actuación que he visto últimamente. “Victim of circunstance” nos golpea para saltar al legendario “Cherry bomb” de las Runaways. La impresión fue mayúscula. Mi única experiencia Runaway, o lo más parecido a ella, fue en la despedida de Zuloak en 2013 en Donostia, cuando nos sorprendieron con un set de unos 5 temas de las chicas angelinas. De modo que escuchar el “Cherry bomb” por parte de una de ellas fue como un sueño realizado. Por desgracia, solo habría una concesión más a su banda madre. Puro glitter rock fue el inmortal “Do you wanna touch me (oh yeah)” de Gary Glitter, efectiva a más no poder, y aparentemente –para mi sorpresa- bastante conocida por algunos presentes. “Bad reputation” representa al cien por cien ese espíritu adolescente y rebelde de sus comienzos, que obtuvo su réplica en las nuevas “TMI” y la preciosa balada “Soulmates to strangers”, ambas de su último disco hasta la fecha, “Unvarnished” (2013). La segunda y última concesión a las Runaways vino de la mano de un “You drive me wild” sucio y descarado, seguida de una no menos macarra “Fake friends” y el “Light of day” de Bruce Springsteen que grabara en el 87. Precioso tema. Más temas recientes: “Make it back” con esa bonita melodía y esos coros tan alucinantes, “Fragile” -las dos de 2013- y “Fetish” (esta de la anterior “Sinner” de 2006) más la aún inédita “Fresh start” (que se publicará en el nuevo álbum que vendrá en septiembre) dejaron clara la validez de su material reciente, ya que suenan potentes, súper vitaminadas y con grandes líneas vocales. Solo “Love is pain” y “A hundred feet away” se colaron entre ellas, y después de “Love is all around” –versión de Sonny Curtis que tampoco es tan reciente, ya que lo publicó en el 96- llegó por fin el “I love rock’n’roll” que la hizo tan famosa. Tema de los Arrows que ella llevó a los cielos convirtiéndola en Glitter Hard Rock, fue un rugido en el recinto de Mendizabala, quizás el momento cumbre de la presente edición. “Crimson & clover” y “I hate myself for loving you” nos despidieron en todo lo alto, para rematarnos con “Hard to grow up” (otra vez su nuevo disco) “Real wild child (wild one)” y “Everyday people”, ahora sí, definitivamente. Fue impresionante el poderío de Joan y de toda su banda, los coros, las poses, los solos de guitarra, el optimismo, el dinamismo y la diversión. Joan se marcó nada menos que la mitad del último disco y un avance del próximo. Una apuesta valiente que le salió bien. Ojo con ella.

The Beasts of Bourbon prometían una actuación soberbia, como la que ofrecieron en el mismo escenario en 2005 mas, aunque lo intentamos, no conseguimos meternos de lleno en el show. Bien es cierto que proveníamos de un show insuperable, pero el concierto no arrancaba y el público, por su parte, tampoco respondía a estímulo alguno. Sé que “Hard for you”, por ejemplo, lo disfrutaría enormemente en otro contexto, pero no fue el caso. Poco público y mucho cansancio a estas horas de la noche. Tampoco había mucha pasión –me refiero al público, y sin haber estado en las primeras filas- en el homenaje a Tom Petty que debió correr a cargo de Urge Overkill antes de que éstos se apearan del cartel. Me consta que Carlos Vudú y la banda que montó se lo hicieron bien, como comprobé en el rato que estuve allí, pero tampoco era cuestión de perdernos el retorno de la bestia nórdica.

A las 2:00 saltaban Gluecifer, reunificados para la ocasión gracias a las gestiones de la organización y ya con el turbo puesto de cara a una gira europea. En un show de 19 trallazos sin piedad, nos machacaron a riffs y coros súper dopados, empezando con el legendario “I got a war”. Le dieron al último disco que publicaron en su día, allá por 2004 -“Automatic Thrill”- para sorpresa de algunos, ya desde el principio. “Automatic Thrill”, “Take it”, “A call from the other side” y “Car ful of stash”. No, esto no iba a ser como la reunión de Hellacopters de hace dos años, también propiciada por Last Tour International, donde le iban a dar a su primer y mítico disco. Aquí le dieron a todos los palos, y garrote a los coros y riffs. Par dar contraste a aquel último disco quizás más metálico, “Go away man”, “Reversed”, “Shotgun seat” y “The year of manly living” que dedicaron a Kike Turmix, quien les trajo por primera vez al Estado Español hace dos décadas, igual que hizo con otros muchos grupos de la escena high energy escandinava. “The Kings of rock”, como a Gluecifer les gusta autodenominarse, no van a cambiar a estas alturas, aunque si bien no cierran la puerta a nada, tampoco han mostrado intención alguna de hacer temas nuevos. La situación corre el peligro de repetir lo de Hellacopters.

Pero nosotros a lo nuestro: el cansancio general no empañó el concierto y “Shaking so bad”, “Evil matcher”, “Get the horn”, “Ducktail heat” o la celebrada “Here comes the pigs” seguían castigando nuestros tímpanos. Es bien cierto que la única vez que los vi, teloneando a Monster Magnet en 2004 en Barcelona, la impresión que me dejaron fue decepcionante. Y es que era un grupo que se desintegraba a pesar de que aquel año grabaran su último y magnífico disco, del cual han interpretado en el Azkena de este año más de la mitad. Así que me alegro profundamente de su recuperación y de haber presenciado esta actuación exclusiva. “Bossheaded”, “Desolate city” y “Black book lodge” nos condujeron al final, con un público muy cansado pero que celebró los bises al ritmo de “Easy living” y la seminal “Rockthrone”. 3 de la mañana pasadas. Ahora sí, y salvo algunas excepciones (la gente que sigue la fiesta en el Trashville con los DJ´s) desbandada general a nuestras cuevas. Ha sido un festival intenso, de mucho empuje, con buen tiempo, buena organización y amplia oferta gastronómica (impresionante cantidad de puestos, aunque la calidad y los precios dejen bastante que desear) y donde han actuado dos grupos de Gasteiz. En contraposición, la mínima presencia de la mujer, que ya clama al cielo. O nos ponemos las pilas o el Azkena se va a quedar atrás en este sentido. Salud y mucho rock.

 

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