Un año más, la música volvió a sonar por todo lo alto a las orillas del río Miño, con una de las ediciones más ambiciosas del Caudal Fest, por lo menos en lo que a cartel se refiere. Y es que en Lugo se iban a dar cita un buen puñado de los nombres que copan actualmente buena parte de las conversaciones y los grandes escenarios del panorama musical español, con espacio también para varios artistas y proyectos que buscan hacerse un hueco en una escena cada vez más complicada. Las expectativas, por tanto, eran altas.
El viernes abrieron fuego los bilbaínos No Quiero, que se presentaron con un sonido pop-rock clásico que dejó el ambiente a medio camino entre la caña y la tranquilidad. Después, Besmaya desplegaron un directo marcado por la sensación de quedarse a medio camino entre lo que quieren ofrecen y lo que termina sucediendo. La cosa mejoró sustancialmente con la salida de Anni B Sweet, el proyecto liderado por la malagueña Ana Fabiola, quien dio toda una lección de poderío vocal, talento y saber estar sobre el escenario. Una actuación que deja claro que, si no está presente en más carteles, no es precisamente por falta de argumentos. Inazio tomó el relevo con un directo que, como él mismo explicó no muerde, aunque sus canciones funcionan entre sus más fieles seguidores. Y entonces apareció el que nunca falla: Xoel López. El gallego jugó en casa y se notó. Es cierto que en ocasiones como esta se puede llegar a echar en falta el formato de directo más grande que caracterizó otras etapas suyas, pero también lo es que sus conciertos consiguen convertir cualquier recinto en un lugar donde el buen rollo termina haciéndose presente.
Y si Xoel López es de los que nunca fallan, Pignoise viven directamente de la nostalgia. Sí, tienen esos temas que todo el mundo conoce, ya sea por haberlos vivido en su momento o por haberlos escuchado después en sesiones remember, y es verdad que todos ellos fueron coreados y grabados en vídeo por los presentes. Pero ese nivel de nostalgia reclama también algo más sobre el escenario. Algo que sí ofrecen unos Lori Meyers que cuentan con canciones de sobra conocidas, pero también con un directo divertido, musicalmente sólido y con el que resulta imposible no saltar, cantar y darlo todo hasta la extenuación. Un cansancio que muchos dejaron de lado con un Barry B que salió al escenario pequeño para dejar claro que el presente es suyo. Sus canciones adquieren más garra en directo y su banda las eleva todavía un punto más. Hay nuevo disco en camino y, visto lo visto, no sería extraño que en el futuro próximo su nombre ocupase posiciones cada vez más altas en festivales como este.
Por ese mismo camino avanzan unos Sanguijuelas del Guadiana que, poco más de un año después de una de sus primeras visitas a Galicia, muy cerca de Lugo, han elevado su directo hasta convertirlo en uno de los más intensos que se pueden encontrar ahora mismo. Quien escuche su música en estudio quizá no espere encontrarse con un concierto tan enérgico, en donde hay espacio para guiños a Robe y Estopa y, sobre todo, para una identidad propia que sus integrantes defienden con unas canciones con las que resulta complicado no empatizar. Y si el cierre tenía que estar a la altura de este último tramo de festival, Ortiga se encargó de convertir el Caudal Fest en su propia verbena. El gallego es un sí sea cual sea la hora y, aunque su paso por el escenario se hizo corto, volvió a demostrar por qué su nombre aparece cada vez en más carteles.
Con todos estos grupos y artistas todavía resonando, el sábado del Caudal Fest comenzó con Tere! en el escenario. Ella fue, posiblemente, la mayor sorpresa del fin de semana, al menos para los valientes —que no eran pocos— que entraron al recinto a primera hora. Sin duda, un nombre al que seguir muy de cerca. A quien no hace falta presentar demasiado es a Leire Martínez, que continúa dejando cada vez más claro que su directo y su proyecto tienen personalidad y garra suficientes. O Caimán do Río Tea cogieron el relevo. Jugando en casa y después de entrar en el cartel por un cambio de última hora, su concierto dejó claro que podrían haber estado entre las primeras confirmaciones. Están sobradamente preparados para escenarios y momentos como este. Siguiendo en Galicia, apareció Carlos Ares (en la foto principal), de quien ya se ha dicho prácticamente todo. Pocos conciertos consiguen enganchar al público desde la primera canción como el suyo, pocos alcanzan un nivel de cánticos semejante y pocos artistas, junto a su banda, muestran una compenetración y un nivel tan alto en cada concierto. En Lugo no fue una excepción.

Ultraligera
Veintiuno también atraviesan un momento en el que su directo pide escenarios cada vez mayores. Con un cambio momentáneo en la formación por la entrada de Kat Almagro a la batería, el grupo liderado por Diego Arroyo volvió a demostrar que sigue siendo una de las formaciones con más margen para crecer. Cada vez tienen más seguidores y más llamadas de festivales, pero todavía parece que podrían ocupar un lugar más principal del que ya tienen. En la hora que estuvieron sobre el escenario no hubo nada que reprochar y sí mucho que alabar. Quienes quizá no estuvieron al nivel esperado fueron Siloé. Su concierto fue bueno y cuentan con muchos himnos capaces de levantar al público, pero por momentos dio la sensación de que faltaba algo para que todo adquiriese ese punto de epicidad que suele acompañar sus directos. Una garra que sí apareció con unos Sexy Zebras quienes siempre llevan consigo una locura muy intensa, tanto encima como debajo del escenario. Esa misma energía estuvo presente en unos Ultraligera que no defraudaron. Es cierto que quizá ahora estén algo más tranquilos con respecto a aquellos primeros conciertos que hicieron que todo el mundo hablase de ellos, pero también lo es que el público se ha convertido en una parte fundamental de su propuesta. Y cuando el público responde, todo termina elevándose sin necesidad de que el escenario sea una locura constante.
Algo parecido ocurre con La La Love You. La reacción de la gente, los cánticos y el ambiente que se genera alrededor de sus canciones son ya parte inseparable de un grupo que posiblemente esté viviendo uno de los momentos más dulces de su carrera. De esta manera, y con una sensación de felicidad flotando en el ambiente, llegó el final de un festival que, posiblemente, cumplió con las expectativas de la gran mayoría de los asistentes. Los mismos que devolvieron lo recibido desde el escenario con bailes y cánticos a esas canciones, en su mayoría, ya archiconocidas, dejando en el imaginario colectivo una sensación de comunidad y celebración que, al final, acaba siendo una de las partes más importantes de cualquier evento.

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