Si no hace mucho Reservoir Books nos regalaban una edición memorable de “Paracuellos”, ahora es el turno de un título menos icónico en la trayectoria de Carlos Giménez, aunque no por ellos menos interesante. Hablamos de “Pepe”, una especie de spin-off de “Los profesionales” realizado en modo biográfico sobre la figura del mítico dibujante Pepe González, autor de cómics míticos como “Vampirella”, entre otras tantas demostraciones de por qué es uno de los dibujantes más influyentes de este medio.
En este sentido, Giménez realizó una labor previa de semanas recabando información sobre su vida, con la inestimable ayuda de figuras tan relevantes como Josep Mª Beà, a quien los agradecimientos destacan por su ayuda en este terreno. Más allá de dicho corpus central narrativo, esta edición integral de los cinco álbumes que integran la serie, publicados entre 2012 y 2014, funciona como una gran novela gráfica a través de la que vamos a ver cómo cambió Barcelona desde los años cincuenta hasta comienzos del siglo XXI. En este sentido, las páginas que abren “Pepe” describen a la perfección el contexto social del momento. Y lo hace por medio de un alarde de síntesis narrativa, armada a través de una serie de viñetas sin bocadillos que subrayan por qué estamos hablando del autor de cómics más relevante de la historia del noveno arte en España.
Eso sí, el corazón de este cómic late al ritmo de la vida de Pepe. Giménez bebe del humor de gamberrada salvaje tomado de “Los profesionales”, aunque desde un prisma más humano. A esto ayuda la voz en off con la que el autor enriquece el relato en el que, posiblemente, sea la demostración más brillante a nivel guion de entre todas las realizadas por el madrileño a lo largo de sus ya más de seis décadas de labor a los lápices. Y eso es mucho decir.
La distancia tomada por Giménez surge desde el respeto de no juzgar a Pepe, ni de ensalzarla. Su función es la de un espectador con pase privado en los momentos más significativos de su vida. En su caso, un logro sublimado por su estilo característico dibujando, donde los tonos caricaturescos sirven para dinamizar el realismo y sus trazos fluyen con la destreza habitual de quien es un maestro a la hora de dotar de un plus de expresividad y dramatismo a todos los rostros que dibuja.
Ni qué decir tiene que estamos ante uno de los monumentos del cómic estatal de este siglo y, seguramente, ante el último clásico en la obra de un autor que en “Pepe” volvió a tocar el cielo, al igual que en “Paracuellos” y “Los profesionales”.

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