“Antes, Corea del Norte sólo tenía dos colores, blanco y negro, pero ahora hay doce. Corea del Sur es como si se hubiera pintado con una paleta multicolor”. Esta frase la pronuncia una mujer de negocios, una antigua refugiada del norte que ha construido una nueva vida en el sur, reflexionando acerca de las diferencias entre los dos países enemigos que comparten la península coreana. Se dirige a la autora de este cómic, Keum Suk Gendry-Kim, la cual saltó a la fama gracias al merecido éxito de “Hierba”. Se trataba aquella de una obra brillante, conmovedora y durísima, basada en el testimonio real de una de las muchas mujeres coreanas que fueron secuestradas y convertidas en esclavas sexuales por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. No faltaron las comparaciones con “Maus” de Art Spielgeman; y, sin duda, sirvió para que sus millones de lectores, a lo largo del mundo, conocieran algo más de los traumas históricos de Corea del Sur, en un momento en que esta ha alcanzado una enorme influencia global debido a sus gigantes tecnológicos, el talento de sus cineastas y la ola arrasadora del K-Pop.
Por eso es casi imposible que no te llame la atención “Mi amigo Kim Jong-un”, ya desde su título, que tanto recuerda al magnífico “Mi amigo Dahmer” en el que el historietista norteamericano Derf Backderf recordaba sus años de instituto, cuando compartió aula con Jeffrey Dahmer, el futuro “carnicero de Milwaukee”. En este caso, no nos hallamos antes un serial killer, aunque sí ante un personaje bastante inquietante. Kim Jong-un, el dictador norcoreano (e hijo y nieto de dictadores), se ha ido transformado en el imaginario colectivo en una figura pop, con su expresión muchas veces risueña, su curioso corte de pelo, sus chaquetas estilo Mao y su oronda silueta, en la representación vagamente extraña y grotesca de uno de los estados más misteriosos del planeta. Basta con echar un vistazo a Internet, donde proliferan miles de memes y gifs dedicados a su persona. Da la impresión de que se le ve como una versión de carne y hueso de un supervillano, alguien que hubiera podido aparecer en las películas de James Bond: un tanto demasiado exagerado para ser tomado en serio, a pesar de sus armas nucleares, para ser del todo real.
“Mi amigo Kim Jong-un” es un cómic documental como los realizados por Joe Sacco o el célebre “Pyongyang” de Guy Delise. La autora, con su dibujo ligero y minimalista y su fluida narrativa, combina tres tipos de elementos: una biografía de la disparatada y siniestra “dinastía real” que gobierna con puño de hierro Corea del Norte y la mantiene aislada del mundo; una serie de escenas extraídas de su propia vida que muestran cómo todos los coreanos, a un lado u otro de la frontera, se han visto afectados por un conflicto interminable que, en cualquier momento, puede escalar y transformarse en una guerra catastrófica; y, por último, incluye una serie de entrevistas con una serie de individuos que nos revelan la complejidad del trasfondo: exiliados del norte, políticos e, incluso, un anciano colombiano que sirvió como soldado en la guerra entre las dos Corea (no hay ningún cameo, por desgracia, de nuestro compatriota, el delirante Cao de Benós).
EL resultado es, en realidad, equivalente al del visionado de un documental muy bien rodado y, a ratos, incluso emotivo, tan absorbente como la mejor ficción. Keum Suk Gendry-Kim nos muestra como una separación artificial, producto de la Guerra Fría, no ha dejado de crear más y más víctimas a lo largo de las décadas, y nos deja un mensaje nítidamente humanista: aunque no podemos cambiar el pasado, sí es posible trabajar para impedir que la tragedia se repita. No existen las guerras inevitables.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.