Los espectadores de “Si pudiera, te daría una patada” no olvidarán fácilmente el rostro de Rose Byrne. La cámara de la directora, Mary Bronstein, lo enfoca permanentemente, hasta un punto casi claustrofóbico. Vemos sus muecas de irritación, sus sonrisas nerviosas, su creciente agotamiento. Nos pasamos toda la película muy cerca de ella, observando cómo una mujer inteligente, madura, irónica, a la que no le faltan recursos ni entereza, se va desmoronando, víctima del estrés y las frustraciones. La actriz, premiada en la última Berlinale, realiza una interpretación descomunal, impecable, que nunca desciende al sentimentalismo fácil o a la caricatura, en la piel de una madre en crisis. Si hay un mínimo de justicia en Hollywood, debería ser uno de las favoritas en los próximos Oscars.
Es Linda, una psicóloga que trata de lidiar con la enfermedad de su única hija, que se niega a comer y a la que debe alimentar con una sonda. La niña demanda una atención constante, algo que de por sí desesperaría a cualquier progenitor. Por si esto fuera poco, los hombres y mujeres que la rodean parecen conjurados para hacer más difícil la situación de Linda, por aumentar la presión que soporta. Su esposo (Christian Slater), está muy lejos por trabajo, y la llama todo el tiempo para importunarla con sus críticas sobre cómo no está haciendo lo suficiente para resolver sus problemas; su terapeuta, interpretado por un muy sorprendente Conan O’Brien, escucha con frialdad sus cuitas y le ofrece muy poca ayuda; la doctora que trata a su hija la amenaza con oscuras consecuencias si no consigue que suba de peso rápidamente; y, por último, tiene una paciente especialmente complicada, una madre primeriza, Caroline (Danielle Macdonald), que está paralizada por el miedo a hacer daño a su bebé recién nacido, a la que no podemos evitar ver como una especie de doble fantasmagórica de la protagonista.
Esta sufre constantes pesadillas. Presagios de una catástrofe que cada vez parece más próxima. Y, como si un demiurgo maligno también conspirara para ponerla contra las cuerdas, su vivienda sufre una repentina inundación, por lo que ha mudarse con su hija a un hotel de mala muerte. Allí encontramos al único personaje genuinamente empático con las dificultades de Linda: uno de sus vecinos, James, un excelente A$AP Rocky, un nuevo hito en la tradición de estrellas del rap que saltan con éxito a la gran pantalla.
Podemos enclavar “Si pudiera, te daría una patada” en la misma línea de “Anora” de Sean Baker y, sobre todo, el cine de los hermanos Safdie, de películas como “Good Times” o “Diamantes en bruto”; de hecho, el marido de la directora, Ronald Bronstein, es un colaborador habitual de estos. Como elementos comunes de todas estas obras, hallamos un hiperrealismo que se carga de tal intensidad que se vuelve alucinatorio y, a veces, terrorífico, los montajes acelerados, una tensión narrativa que se incrementa sin tregua, los personajes a punto de quebrarse a causa de unas circunstancias cada vez más tremebundas, una cierta dosis de un humor negrísimo, incluso unas bandas sonoras electrónicas que acentúan el ritmo perturbador del relato. También la presencia en la producción de A24 o Neon, los equivalentes a lo que fue Miramax en los noventa y a comienzos de los dosmiles. Tal vez en el futuro se estudien como representantes de una nueva ola del indie norteamericano destinada a la generación TikTok. No obstante, la cinta de Mary Bronstein es lo bastante personal y abrumadora como para distinguirla de las citadas. Una de las primeras grandes películas que se asoman a la cartelera de 2026.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.