Diamantes en bruto (Uncut Gems)
Cine - Series / Ben Safdie / Joshua Safdie

Diamantes en bruto (Uncut Gems)

9 / 10
Rubén Romero Santos — hace 4 semanas
Empresa — A24 / Netflix

La película más hípster del 2019 se abre con lo que se conoce como “plano CSI”: el brillo de una gema encontrada en una mina de Etiopía conecta África con una colonoscopia en Nueva York. Es el primero de los muchos viajes a los que te conduce el filme. La piedra preciosa se convierte, de esta manera, en un nuevo aleph, tal y como lo entendía Jorge Luis Borges, esto es, en “uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos”. O, para el caso que nos ocupa, “Diamantes en bruto (Uncut Gems)” es una película que contiene todas las películas (al menos buena parte de ellas) del 2019.

En primer lugar, claro está, “Diamantes en bruto” contiene la filmografía de los hermanos Safdie, nuevos niños mimados de la cinefilia neoyorquina y (por extensión y por imitación) mundial. El filme posee evidentes concomitancias temáticas, narrativas y estéticas con su anterior película, “Good Time”. La historia, como en su anterior trabajo, versa sobre un individuo atrapado en la jungla de asfalto y envuelto en un círculo infernal en el que ha entrado por una mala apuesta desesperada. Además, se beneficia de un actor mucho más solvente que Robert Pattinson como es Adam Sandler, en una de sus escasas pero siempre brillantes apariciones no caricaturizadas. La presencia estelar del jugador de baloncesto Kevin Garnett, interpretándose a sí mismo en su etapa en los Celtic, tiende puentes con la carrera de un forofo del baloncesto Sandler, siempre atento a los cameos de jugadores en sus filmes, pero también con otro NBA como Bojan Marjanovic de los Dallas Mavericks, que debutaba hace poco en la gran pantalla en “John Wick: Capítulo 3 – Parabellum”.

Estéticamente, como en “Good Time”, una apabullante banda sonora de Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), con un despliegue alocado de sintetizadores retro, acompaña al uso constante de la steady y el teleobjetivo, pues cualquier excusa es buena para llevar al espectador al estado de ansiedad al que pretenden conducirnos los Safdie.

Pero, por encima de todo, late en el filme el magisterio de Martin Scorsese para la generación actual, que transpira cada fotograma del largo. En este sentido, “Diamantes en bruto” se emparenta con “Joker” y “El irlandés”, tanto en su propuesta de hacer un cine de entretenimiento adulto como en su reflexión acerca de los límites de la violencia estructural y familiar. Los Safdie convierten su filme en un “Malas calles” judío (soberbia la escena de la cena pesach) y, tal vez por eso, no hay espacio, como en el católico Marty, para la redención. Probablemente, el único sentimiento que quede fuera de este aleph fílmico que es “Diamantes en bruto”.

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