“Había muchísimo miedo y estigma, y no muchos sitios públicos en los que conocer gente. Si no permites que se conozcan personas en un sitio público y esperas que lo hagan en la oscuridad, pero cuando lo hacen en la oscuridad les castigas y dices que es sucio... no hay ningún lugar seguro. ¿Qué esperas? El estigma va dando vueltas, y la peli trata también sobre romper ese estigma, sobre encontrar ese lugar donde la gente puede amar a quien quiera, porque si no lo tienes, evidentemente se convierte en esa cosa secreta. Y ese lugar del que hablo no es solo físico, también es un lugar emocional. Se trata de tener personas a tu lado que te quieran y que te acepten”. Esto nos contaba Tom Blyth, protagonista de “Incógnito”, cuando le entrevistamos en Mallorca en el contexto del Atlàntida Mallorca Film Fest, organizado por Filmin, que precisamente acoge ahora el estreno de esta película.
El actor al que conocimos con “Balada de pájaros cantores y serpientes”, la precuela de “Los juegos del hambre” que protagonizó como la versión joven del luego-presidente Snow, está dando unos pasos más que interesantes después de tamaño blockbuster, como ha sido trabajar con Claire Denis, o encabezar la película que nos ocupa, debut en el largo de Carmen Emmi. En la cinta, tenemos a Lucas, un joven policía que se dedica a cazar en baños a hombres que llevan una doble vida haciendo cruising... y que en cierta manera lleva también una doble vida él mismo. Lucas lleva como puede la distorsión cognitiva pero, cuando en uno de esos encuentros conoce a Andrew (Russell Tovey, protagonista de “Looking”, “Years And Years”, “Being Human” o “Him & Her”), ya no solo tiene que reprimir su deseo, sino también otro sentimiento aún más difícil de negarse a sí mismo.
Blyth y Tovey son lo mejor de “Incógnito”, tanto la química que se va creando entre ellos como la manera en que defienden sus interpretaciones (en más de un sentido) frente a quienes les rodean. Especialmente el Lucas de Blyth, que usa sus miradas para el lenguaje no verbal del cruising y a la vez las usa para convivir con eso de sentir una cosa y expresar otra. Emmi acierta sobre todo cuando se mete de lleno aquí, como en el enfoque que decide para el primer polvo entre Lucas y Andrew, o en la pelea final.

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