Después de firmar el biopic “Elvis” (22), el director Baz Luhrmann entrega, ahora sí, una cinta absolutamente imprescindible sobre Elvis Presley. “EPiC: Elvis Presley in Concert” es una mixtura de documental y concierto que, tras una breve biografía previa, pone el foco sobre la residencia del ‘Rey del Rock’ en Las Vegas fechada entre 1969 y 1977. Una aventura que supuso su regreso a los escenarios tras su paso por ejército en la segunda guerra mundial y su exprimida aventura Hollywood, en donde protagonizó no pocas películas de dudosa transcendencia.
Es entonces cuando el mito decide a volver a actuar en directo, en un renacer planificado sobre las peculiaridades de la ciudad del vicio y el pecado. Un marco de luces de neón que, en la práctica, llegaría a encajar como un guante en el ese periodo del Elvis más encantadoramente hortera, vistoso y desatado escénicamente. Unos excesos estéticos que tienden a resultar del gusto de Luhrmann y que, en esta ocasión, resultan propicios para impregnar la cinta con atractivo y pulso. El documental viene narrado por el propio Elvis Aaron Presley –aquí eufórico con su retorno a los escenarios– a través de declaraciones de archivo en diferentes formatos.
El auténtico meollo del producto recae, en cualquier caso y con puntuales flashbacks, sobre la descomunalmente magnética presencia del vocalista sobre las tablas, con descarada mayoría de metraje en vivo, ya sea en ensayos junto a su (cada vez más numerosa) banda o apuntando sin tapujos a varias actuaciones. En uno u otro caso, el material solo cabe ser catalogado de impagable (la toma de “Suspicious Minds” justificaría por sí misma el precio de cualquier entrada), realzado además por un montaje de pulso ágil y una fotografía de colores intensos que, junto a los primeros planos, potencian la pegada de la secuencia argumental y, en realidad, de casi cada fotograma.
“EPiC: Elvis Presley in Concert” cumple con esa promesa en firme que se extiende desde su mismo título, tras imponerse como enfatizado acercamiento a una época concreta en la carrea de Elvis. Un producto bien exprimido por Luhrmann, apabullante a nivel sonoro, por supuesto, pero aún más arrasador desde una óptica visual. Un lujo inmersivo, en definitiva, que, de paso y gracias a la pantalla grande, cabe entenderse como lo más cerca que estará nunca cualquier espectador de experimentar en primera persona todo aquel desparrame que implicaría asistir a un concierto de Elvis en Las Vegas.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.