20 años del ‘Toxicity’ de System Of A Down
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20 años del ‘Toxicity’ de System Of A Down

Jesús Casañas — 05-09-2021
Empresa — American/Sony
Fotógrafo — Archivo

System Of A Down dieron el pelotazo a nivel mundial con su segundo álbum, “Toxicity” (American Recordings, 2001). Temas como “Chop Suey!”, “ATWA”, “Prison Song” o “Toxicity” corrieron como la pólvora, consiguiendo despachar en total más de 12 millones de copias. Uno de los grandes discos de rock del siglo XXI que cumple ya dos décadas.

A finales de los noventa el nu-metal pegaba fuerte. Grupos como Korn o Deftones ya habían ocupado el hueco que Nirvana había dejado con la muerte de Kurt Cobain en 1994. De las cenizas de Soil, y tras grabar varias demos, System of a Down se habría paso desde Los Ángeles (California) lanzando al mercado una ópera prima homónima en 1998 de la mano de American Recordings. Los singles “Sugar” y “Spider” sonaban en la radio, vacas sagradas del metal como Metallica o Slayer les llamaban para ser sus teloneros, salían de gira junto a Incubus o Fear Factory y hasta habían participado en el Ozzfest (grabando de paso su versión del “Snowblind” en el tributo a Black Sabbath).

Con ese bagaje entraban en los Cello Studios (Hollywood, California) a grabar su segundo álbum entre febrero y marzo de 2001, con Rick Rubin capitaneando la producción junto a David Schiffman, Greg Collins y Darren Morr. Aquello era mucho más que nu metal. Allí había desde thrash hasta jazz, desde heavy hasta música griega, desde folk hasta rock progresivo. Estrofas atronadoras podían dar paso a estribillos plagados de coros propios de Queen para lanzarse a la guturalidad al segundo siguiente.

Sin duda, la ascendencia armenia de los cuatro integrantes de System Of A Down le daba a su sonido la originalidad y la riqueza de matices suficientes para destacar entre las cientos de bandas que intentaban despuntar por aquel entonces. El cantante Serj Tankian se ocupaba principalmente de las letras y el guitarrista Daron Malakian (pariente del violinista Ara Malikian) de la música, si bien ambos participan activamente en ambas facetas junto a las aportaciones del bajista Shavo Odadjian. Pese a su peso en la contundencia de SOAD y sus constantes cambios de ritmo, el baterista John Dolmayan no aparecía acreditado como autor de ninguno de los temas.

Frente a la simplicidad del disco debut, Malakian explicaba así a la MTV la opción casi obsesiva de doblar sus guitarras en el nuevo trabajo: “Hay ciertas cosas que pensé que podrían haber sido mejores del último disco. Sabía lo que quería hacer con las guitarras para hacerlo más furioso. En el último disco había dos pistas de guitarra. En esta grabación hay doce pistas en cada canción”. Asimismo se optó por afinaciones alternativas en la mayoría de los temas, muchos de ellos tocados con las cuerdas afinadas en C (Do), lo que les otorga notas mucho más graves (la afinación estándar es en Mi, dos tonos más aguda).

También les interesó mucho incluir instrumentación ajena a guitarra-bajo-batería. De este modo se pueden escuchar pequeños arreglos de cítara, banjo, teclados, piano y percusión menor a lo largo del disco. Asimismo invitaron al músico de jazz/folk turco Arto Tunçboyacıyan (igualmente de ascendencia armenia y asentado en EE.UU.) a que colaborase en los temas “Science” y “Arto” (la pista oculta que suena tras “Aerials”, donde interpreta un canto tradicional de la iglesia armenia y a la que bautizarían con su nombre).

Se registraron un total de 33 temas de los 44 que habían compuesto. Las canciones que entrarían en el álbum se terminaron de mezclar en los Enterprise Studios (Burbank, California) y masterizar en los Oasis Mastering de Studio City (California). “Nos tomó mucho tiempo abordar ese tema”, comentó Dolmayan a la MTV. “Fue realmente difícil”, agregó Odadjian. “Todos tuvimos que elegir entre todas esas grandes canciones. Tuvimos que elegir 17 que Andy (Wallace) mezcló, y de esas 17 tuvimos que elegir las 14 que hicieron el álbum”.

Bajo el título de “Toxicity” se lanzaba el segundo disco de SOAD el 4 de septiembre de 2001. Un mes antes, el 13 de agosto, había salido como adelanto el primer single, “Chop suey!”, con un videoclip dirigido por Marcos Siega donde la banda toca rodeada por cientos de fans en el motel Oak Tree Inn de Los Ángeles. Pero los atentados del 11 de septiembre llevaron la controversia al seno del grupo. La cadena de radio Clear Channel incluyó el tema en su lista de canciones con ‘títulos no apropiados’, y aunque nunca fue totalmente prohibida, todas las estaciones de esta radio aconsejaron no reproducirla. El motivo era la letra de su estribillo: “I don’t think you trust in my self-righteous suicide. I cry when angels deserve to die” (“No creo que confíes en mi suicidio moralista. Lloro cuando los ángeles merecen morir”). No obstante, su estructura esquizoide de estrofa acelerada y estribillo pegadizo ya había prendido la mecha entre la audiencia. El álbum ya era número uno de ventas la semana del 11-S, y a pesar de que el single desapareció de las radios unas semanas, siguió apareciendo en la MTV y fue nominado al Grammy a la mejor interpretación de metal.

“Toxicity”, la canción que daba título al álbum, se convirtió en el segundo single el 22 de enero de 2002, con Marcos Siega de nuevo a cargo del videoclip, donde se proyectaban imágenes sobre los torsos de los músicos. Un tema de estrofa limpia y estribillo distorsionado que, según declaró Malakian en el Download Festival 2005, trata sobre el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

El tercer y último single fue “Aerials”, el corte final del álbum. Se lanzó el 11 de junio de 2002, con un videoclip dirigido esta vez por el propio bajista, Shavo Odadjian. Se notaba que ya había mayor presupuesto, suficiente para recrear a la banda tocando en el interior de una carpa de circo mientras un niño de rasgos alienígenas se paseaba por el faranduleo de la gran ciudad. La canción fue nominada al Grammy a la mejor interpretación de hard rock en 2003. Asimismo alcanzó la primera posición en las listas Mainstream Rock Tracks y Hot Modern Rock Tracks de la revista Billboard.

Aunque no fuesen singles, otros temas del disco son igualmente recordados a día de hoy. Como el encargado de abrir, “Prison Song”, con su contundente riff introductorio y una letra que, según Tankian, habla “sobre de la injusticia de las sentencias mínimas obligatorias y cómo hay alrededor de 2.000.000 estadounidenses en las cárceles, muchos de ellos por posesión de marihuana y cosas por el estilo”.

O la balada “ATWA”, cuyo título hace referencia al mandato ecológico propuesto por Charles Manson: Air, Trees, Water, Animals and All The Way Alive. Malakian llegaría a declarar que el célebre criminal “está en la cárcel por las razones equivocadas. Creo que tuvo un juicio injusto”.

La gira de presentación fue todo un éxito, a pesar de que empezó con problemas. El 3 de septiembre de aquel 2001 se organizó un primer concierto gratuito como forma de agradecer a sus seguidores la gran respuesta que estaba teniendo el nuevo trabajo. El aforo era de 3.500 personas, pero se presentaron más del doble. La policía suspendió el evento por el peligro que ello suponía, y les salió el tiro por la culata. Ante la cancelación la masa enfurecida arremetió contra policía y escenario, destrozando todo el equipo de la gira (valorado en unos 30.000 dólares).

Un mes más tarde, cuando System Of A Down había emprendido una gira conjunta con Slipknot por EE.UU. y México, Malakian demandaría a la empresa DuHadway Kendall Security por haber sido “humillado, étnicamente insultado y físicamente agredido” por algunos guardias cuando intentaba entrar a camerinos en el Van Andel Arena de Grand Rapids (Míchigan).

“Toxicity” colocó a System Of A Down en la primera división del rock internacional, vendiendo más de 12 millones de copias a nivel mundial. Está en la lista de los 100 discos que debes tener antes del fin del mundo, publicada en 2012 por Sony Music. La revista Rolling Stone puso al álbum en el puesto 44 en su lista de los mejores álbumes de la década del 2000, donde fueron votados por los mismísimos miembros de Metallica Lars Ulrich y Kirk Hammett.​ La misma publicación lo posicionó en el puesto 27 en su lista de los 100 álbumes de metal más grandes de todos los tiempos en 2017. Con el material descartado comenzaron a preparar su siguiente disco, “Steal this album!”, que saldría a finales de 2002. Pero ésa, amigos, es otra historia.

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