The Suburbs de Arcade Fire, su obra maestra a contracorriente
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The Suburbs de Arcade Fire, su obra maestra a contracorriente

Sergio Ariza — 04-08-2020
Fotógrafo — Archivo

Cuando el 3 de agosto de 2010 apareció “The Suburbs” de Arcade Fire en las tiendas por un breve instante pareció como si las bandas independientes, auspiciadas por Pitchfork, que habían dominado críticamente la primera década del Siglo XXI estuvieran a punto de protagonizar una revolución parecida a la de principios de los 90 y volver a inundar las ondas y las listas de éxitos con bandas procedentes de la escena alternativa.

Arcade Fire cumplió su parte, sacó una obra maestra que se aupó a lo más alto de las listas británicas y estadounidenses (bueno y de medio mundo, incluso escalando a la segunda posición en España, un país poco dado a ese estilo), e incluso terminó alzándose sorpresivamente con el Grammy al álbum del año imponiéndose a gente como Eminem, Lady Gaga o Katy Perry, artistas con mucho mayor peso comercial.

Pero, al final, aquello no ocurrió, y podríamos ver una de sus razones con un disco que ha aparecido hace poco, el “Folklore” de Taylor Swift, y es que en la segunda década del siglo, las barreras entre ‘mainstream’ y música alternativa han ido cayendo, y ahora el pop busca la legitimidad indie y el indie quiere ser pop. Pero antes de entrar en una cuestión que daría para otro artículo, volvamos a “The Suburbs” y a Arcade Fire.

Arcade Fire era el claro heredero del rock épico de Bruce Springsteen, con ciertas inclinaciones mesiánicas que les emparentaban con U2, pero que también bebían de clásicos como Neil Young o David Bowie y tenían su corazoncito para bandas más independientes como The Cure o Talking Heads, una influencia que se vería satisfecha, como tantas otras, con la colaboración del mismísimo David Byrne, en una canción que solo entraría en la edición Deluxe y que se titularía, como homenaje a los autores de “Remain In Light”, “Speaking In Tongues”.

 

¿“Funeral” o “The Suburbs”?

Los canadienses tenían dos discos a sus espaldas, el primero, “Funeral”, había sido encumbrado por la crítica como una obra maestra desde el primer día y en las recientes listas con lo mejor de la década había conseguido sobrepasar a discos como el “Kid A” de Radiohead o el “Is This It” de The Strokes, como el disco mejor valorado de la primera década del Siglo XXI. El segundo, “Neon Bible”, les había convertido en extraños superventas, alcanzando el segundo puesto tanto en EEUU como en el Reino Unido. Era un disco nocturno y recargado, apocalíptico y con canciones con una clara huella de Bruce Springsteen, un autor con el que comparten esa capacidad épica de entregar canciones dispuestas para ser coreadas a pleno pulmón en grandes estadios. Y es que si, durante la época del grunge, el Jefe fue un apestado entre las huestes alternativas, en el Siglo XXI volvió a ser ‘cool’ de nuevo, gracias a grupos como Titus Andronicus, Gaslight Anthem, The Hold Steady o los propios Arcade Fire.

Los canadienses encontraron en su tercer disco el punto medio entre la épica y la tranquilidad, aprendieron que pisar el freno era tan importante como acelerar y entregaron su segunda obra maestra. Que te guste más que “Funeral” dependerá si eres de los que disfrutas más con “Sign Of The Times” que con “Purple Rain”, de si te quedas con “Sticky Fingers” o con “Exile On Main Street”, de si prefieres “Abbey Road” al “Doble Blanco”, “Highway 61” a “Blonde On Blonde”, “Disintegration” o “The Head On The Door” y si volvemos a las referencias ‘springstinianas’, si eres más de “Darkness On The Edge Of Town” o de “The River” (aunque aquí la única respuesta válida es “Born To Run”). Vamos que si eres de los que prefieres un disco conciso y perfecto, o esos maravillosos discos dobles que intentan abarcar todo lo posible, a expensas de cometer alguna indulgencia.

Pocas se puede decir que tenga este disco, puede que no sea tan perfecto como “Funeral” pero es más variado y menos denso, aquí, por primera vez, los de Win Butler dejan a las canciones que respiren, que tengan poso. Sigue siendo un disco oscuro pero es más visceral, más rock que sus antecesores, menos rococó (a pesar de la canción) y más directo, aunque por supuesto siguen sonando gigantescos, con los arreglos perfectos para cada canción y la utilización de múltiples instrumentos, incluidos los arreglos de cuerda del imprescindible colaborador Owen Pallett.

El disco gira sobre los recuerdos de los hermanos Butler, Win y Will, creciendo en los suburbios de Houston, combinando recuerdos buenos con malos, unos lugares que son vistos como páramos de cemento, escenarios fríos, cuyas únicas alternativas son la rebelión o el conformismo. Butler no es un poeta, está más cerca de Bono que de Leonard Cohen, pero es totalmente sincero, la falta de lírica se compensa con una honestidad desarmante. El disco se puede ver desde dos perspectivas, una en las que Butler escribe desde el punto de vista de un adolescente que crece en los suburbios y que desea abandonarlos a cualquier costa ya que son una especie de tierra baldía. Dentro de esta óptica están canciones como la titular, “Half-Light I”, “Suburban War” o “Sprawl II”. Pero hay una segunda perspectiva en la que Butler escribe desde el punto de vista de un adulto que vuelve a los suburbios de su infancia y adolescencia y descubre que no estaban tan mal, aunque finalmente se hayan vuelto ese escenario post apocalíptico que tanto temía. Butler dijo que el disco era una carta escrita desde los suburbios y la primera perspectiva es la que se impone, sonando como la banda sonora perfecta de la infancia o adolescencia, a medio camino entre dos películas que nombraron como influencia, “E.T.” y “Amanecer Rojo”.

 

El disco canción a canción

“The Suburbs” se abre con la canción titular, una de las mejores canciones de su carrera, un perfecto ejemplo de su papel como estandarte de esa mezcla entre el intimismo ‘indie’ y la grandiosidad llena estadios de gente como Springsteen o U2. Baste escuchar la enorme versión que realizó años después Father John Misty con el único acompañamiento de una guitarra acústica para descubrir la enormidad de canción de la que estamos hablando. “Ready To Start” aprieta el acelerador en la sublimación del sonido Arcade Fire más épico, perfecta para ser coreada en sus inolvidables conciertos.

 

“Modern Man” es una preciosidad, en la que la producción se reduce a mínimos, construida sobre un ligero riff de guitarra, y tiene temas que recuerdan a “Once In A Liftime”, ¿es esto todo lo que la vida nos ofrece? “Rococo” es un ataque frontal contra hipsters y similares, no sin un cierto atisbo de ironía (a la banda se la había acusado de estar sobrecargada musicalmente). “Empty Room” es la primera aparición de Regine Chassagne como vocalista principal. Su energía y su expresividad es contagiosa, a pesar de ser una canción sobre soledad y aislamiento. Es también uno de los momentos que más recuerdan a la energía rebelde de “Funeral”.

 

“City With No Children” fue escogida como el cuarto sencillo del disco, es una de sus canciones más sencillas y directas, nuevamente con un estribillo que recuerda a Springsteen. En la primera parte de “Half Light” tenemos a Chassagne de vuelta a la voz principal junto a Butler, es una de las gemas escondidas del disco, una de las melodías más bonitas que han escrito. La segunda parte es algo totalmente diferente, cuando presentaron el disco dijeron que “The Suburbs” era algo así como la mezcla de Neil Young y Depeche Mode, y esta es la canción en la que debían estar pensando cuando hablaban de los segundos, construida sobre sintetizadores y riffs monolíticos de guitarra.

 

“Suburban War” abre el segundo disco con un fuerte sentimiento de nostalgia, “mis viejos amigos ya no me conocen”, el sentimiento de crecer y madurar frente a las expectativas de la infancia. Las pulsaciones suben con “Month Of May”, el momento más punk de su carrera. “Wasted Hours” es otro de los grandes momentos olvidados de este disco, la melancólica melodía, los coros doo wop, todo funciona a la perfección. “Deep Blue” es una desgarradora oda a cortar por lo sano con nuestra adicción a los aparatos tecnológicos, a vivir la vida en la realidad y no en la nube, es muy poderosa y uno entiende por qué Richard Linklater la escogió para cerrar su obra maestra sobre crecer y madurar, “Boyhood”.

 

“We Used to Wait” es otro de los sencillos del disco y continúa con el tema anterior, todo va más rápido, ya nadie tiene tiempo para escribir una carta, nuevamente el posible miserabilismo de la letra es vencido por la franqueza. Nos vamos acercando al final con las dos versiones de “Sprawl”, la primera es puro pop barroco existencial, mientras que la segunda es una explosión sonora en toda regla, la guinda del pastel de “The Suburbs”, musicalmente es el equivalente al “Heart Of A Glass” de Blondie, aunque líricamente es una canción sobre sueños adolescentes aplastados por realidades adultas, lo que pasa es que la juvenil y entusiasta voz de Régine Chassagne, también poco ortodoxa, la convierte en el más directo de sus múltiples himnos. Para el final, se retoma de manera sombría la canción titular.

 

Un círculo que te atrapa

Era un disco maravilloso pero llegó en la década equivocada, el signo de los tiempos cambió, y ellos con él, “Reflektor”, un disco notable pero lejos de la perfección, y Everything Now”, un disco sencillamente fallido, nos enseñan que Arcade Fire intentó adaptarse pero no lo consiguió, habían hecho su propio “Ok Computer”, “Funeral”, y hasta su propio “In Rainbows”, “The Suburbs”, pero no supieron encontrar su “Kid A”. La segunda década del siglo XXI se había alejado a años luz del rock épico hecho por unos chicos más blancos que la leche, pero “The Suburbs” es un disco que aguantará el paso del tiempo y de las modas, tiendo a estar de acuerdo con Owen Pallett cuando dice que éste es “el mejor disco de Arcade Fire, y uno de los mejores discos jamás grabados” y es que aquí, a pesar de su duración, no hay una sola mala canción y encima todas ganan juntas, como un todo, siendo uno de esos raros discos en los que resulta un crimen saltarse una pista, comenzando y terminando con las dos versiones de la canción titular, formando un círculo que te atrapa.

Su multitudinaria gira de presentación les convirtió en la banda de rock más importante del planeta. Sus conciertos eran celebraciones multitudinarias donde parecían disfrutarlo tanto en el escenario como a pie de suelo, también en esto se convirtieron en los herederos de Springsteen. Y es que para el momento en el que salió “The Suburbs” eran los elegidos de la larga línea sucesoria del rock, la gran esperanza blanca, Bowie y Springsteen se subían a cantar con ellos, David Byrne les daba sus bendiciones, y hasta consiguieron convertirse en una banda de estadios y que vendían millones de discos. Pero luego los tiempos y el contexto se apartaron del rock lo más posible, haciendo que la banda que estaba predestinada a dominar la década no lo hiciera. Aun así, a pesar de que el relato se desvió del momento en el que dominaban el mundo, ellos cumplieron con su parte, no se crean ninguna lista sobre discos de la pasada década en la que no aparezca este disco entre los diez primeros.

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