Sean bienvenidos al Rototom Sunsplash, el festival de reggae más grande de Europa. Cerca de 200.000 asistentes acuden cada edición a un evento que este 2019 está de celebración, ya que cumple diez años residiendo en España. Una década llena de anécdotas, de historias, de sueños, que descubrimos con su director Filippo Giunta.

Origen

“Todo comenzó en 1991. Recuerdo aquello como la típica locura de juventud cuando haces las cosas sin pensar demasiado. Yo dejé mis estudios de medicina, éramos cuatro amigos (Giuseppe Destro, Sabrina Trovant, Constantino Sanfilipo y un servidor) que lo abandonamos todo para embarcarnos en esta aventura. La intención era producir cultura y música alternativa, independiente, y a precios asequibles. Y así surgió la idea, como una asociación, y atrajo a mucha gente del underground que no tenía un sitio donde ir a expresarse o informarse fuera de lo comercial o mainstream. Comenzamos con fiestas de punk, electrónica, rap,… y al final nos centramos en el reggae porque su filosofía era la que más encajaba con nuestros ideales. Y más de un cuarto de siglo después, tras muchas buenas y malas experiencias, hemos logrado hacer entre todos el evento de reggae más multitudinario de Europa”. Con esta satisfacción recuerda Filippo, fundador del festival, el nacimiento en la provincia de Pordenone de la asociación Rototom Sunsplash hace ya 28 años. Un proyecto que fue creciendo, evolucionando, y tres años después se convirtió en un festival de música; el primer Rototom: “La primera edición fue casi como una fiesta entre amigos. Había música de todos los tipos y era muy amateur, de hecho hubo bandas que se crearon ahí mismo, ensayando y mejorando, con músicos que se conocieron in situ” recuerda, destacando el importante papel que pronto tomó el reggae para ellos: “Y en Italia había muy pocos grupos de música jamaicana y la idea era juntarnos, conocernos y aprender unos de otros. Fue un encuentro de amantes del reggae; pero no sólo había conciertos, había muchas actividades y en un ambiente muy cercano, casi familiar. Todo giraba en torno a los valores de Peace, Love & Unity y se creó una especie de agrupación, de aldea, que fue creciendo con el tiempo. Hubo mucha gente que se acercó al reggae gracias a aquello y esta cultura comenzó a expandirse, con nuevas bandas y muchísimos seguidores”. No exagera Filipo, ya que a medida que la escena reggae crecía en Europa, el Rototom lo hacía con ella, aumentando su público cada año hasta convertirse en la primera referencia a nivel europeo. Vivió varios cambios de sede, momentos más o menos favorables, pero nada lo detuvo y fue creciendo y madurando exponencialmente año a año. Hasta el 2010.

La llegada a España

Ese año la historia del Rototom dio un giro inesperado. Filipo y todo el equipo se vieron obligados a tomar la decisión de salir de Italia para evitar que el festival desapareciese. La razón: la Ley Fini-Giovanardi que condenaba y sancionaba a los espacios de ocio donde sus usuarios consumían drogas. Una polémica normativa que casi acaba con el festival. “Aquello fue como una pesadilla, fue una auténtica lucha política. Había un ministro de Berlusconi del que nos convertimos en su objetivo, en su guerra personal. En Italia se puede hacer referéndums para anular leyes, se realizó uno para despenalizar el uso de la marihuana y ganó. Pero en vez de hacerlo efectivo, la respuesta del gobierno fue crear una ley aún más dura, que condenaba a diez años de cárcel a los responsables de los eventos que no persiguiesen el uso de drogas en su recinto. Y como la filosofía reggae y la marihuana están muy asociadas nos convertimos en su principal enemigo, comenzando una persecución incansable que provocó que tuviésemos que huir de Italia. Seis años después fuimos absueltos y la ley se declaró anticonstitucional, pero el daño ya estaba hecho y era irreversible”. Fue, sin duda, el peor momento en la historia del Rototom, con varios de sus miembros cerca de ser enviados a prisión y un festival que tuvo que emigrar a España para sobrevivir. Un cambio que, con el paso de los años, Filipo asegura que se convirtió en una suerte: “Al final el traslado a España resultó ser una bendición. Hemos conseguido un espacio el doble de grande y reunir a mucha más gente. Gracias a venirnos aquí nos hemos convertido en lo que somos ahora” asegura, aunque recuerda que llegaron con muchas dudas: “Buscábamos un sitio más tolerante y abierto que Italia, y España nos pareció el lugar perfecto por similitud en cultura y en idioma. Estuvimos mirando varios lugares; en Madrid, en Cataluña, en el sur, … y al final nos quedamos con Benicassim porque tenía la mejor acampada y el mar cerca. Pasar de un parque natural a un descampado era demasiado cambio, necesitábamos algo especial. Además el ayuntamiento de Benicassim tiene experiencia en grandes eventos y eso es una ventaja, ya que era un desafío muy grande y complicado”. Fue una apuesta arriesgada, pues corrían el riesgo de perder al público fiel que les había acompañado durante estos años, “pero al final fue al contrario, los italianos son los que más nos agradecen la nueva ubicación, se sienten más liberados y menos criminalizados. Y además nos hemos abierto más al público de Latinoamérica. Diez años después, podemos asegurar que estamos muy felices, y si no fuese por los políticos italianos no hubiese sido posible el cambio. Hay veces que los males traen cosas buenas. La persecución política nos hizo venir a un sitio mejor y seguir creciendo, les estamos muy agradecidos”.

Una habitual lección de vida sobre cómo un problema puede convertirse en una oportunidad. Su condena se convirtió en su liberación. Y además, dicho sea de paso, la escena reggae española también se vio beneficiada “Vinimos aquí manteniendo las mismas ideas. Llegamos como un adolescente y aquí nos hemos convertido en adultos. Además, al igual que ocurrió en Italia, hemos ayudado indirectamente a que la escena y la comunidad reggae crezcan. Antiguamente el reggae español se basaba en Morodo y otras pocas bandas/cantantes y estaba muy vinculado al hiphop, y hoy en día tiene un nivel muy alto, con grupos que hacen giras internacionales incluso, como Green Valley, Iseo & Dodosound o Swan. Creo que hemos puesto nuestro granito de arena en este crecimiento y eso nos alegra ya que le debemos mucho a España”.

Una historia de superación

Pero la Ley Fini-Giovanardi no ha sido el único obstáculo al que ha tenido que enfrentarse el Rototom durante su existencia. En 2015 el festival se vio envuelto en una incómoda polémica al anunciar que suspendía el concierto del cantante israelí Matisyahu tras las protestas de diversos grupos propalestinos que le acusaban de introducir mensajes sionistas. Finalmente la dirección del festival optó por celebrar el concierto, pero el caso ya había saltado a los medios generalistas y puso en jaque al Rototom: “Sobrevivimos a ello, pero fue muy complicado. Costó mucho gestionarlo ya que ocurrió durante el festival y no teníamos tiempo para reaccionar. Entendíamos las posturas de ambas partes pero la filosofía del Rototom va en contra de discriminar a nadie. Él habla en sus canciones de paz y así fue durante el concierto. Hubo un grupo que protestó durante su actuación con banderas palestinas y estaban también en su derecho. Además era el año dedicado a la Paz. El problema es que se creó mucha polémica mediática, pero él fue muy valiente y el público en general, cerca de 25.000 asistentes, reaccionaron bien. E incluso a él le ha venido bien para conseguir fama, pero los más perjudicados fuimos nosotros ya que nos supuso un gran dilema. No fue un acto de mala fe, fue una equivocación y hay que ser humilde y valiente para aceptar las consecuencias. Pero nuestra filosofía es no discriminar y afortunadamente todo se resolvió bien”.

Y es que todo camino contiene baches que al final nos fortalecen. Filipo reconoce que a lo largo de estos 26 años ha habido muchos, aunque recuerda uno especialmente: “Fue en 2003, en la décima edición. Trabajamos todo el año pensando que iba a ser la última porque estábamos en una situación económica desastrosa, con muchas deudas, ya ningún proveedor confiaba en nosotros. Lo hicimos como despedida y por sorpresa fue la primera vez que no llovió, hizo muy buen tiempo y vino muchísima gente, y eso nos permitió recuperarnos, pagar la deuda y sobrevivir. Por eso nunca hay que rendirse, siempre hay que creer y trabajar confiando en lo que haces. El destino no quiso que el Rototom desapareciese. Fue una lección importante para todos”. Y una gran noticia para muchos otros indirectamente, ya que el Rototom sobrevivió y hoy en día da trabajo a 50 personas durante todo el año, 300 los meses antes del festival y 2.000 durante su celebración.

Un mundo mejor es posible

“El Rototom Sunslpash no es sólo un festival de música, es un espacio donde la gente intenta recrear un mundo mejor, como se decía en los 70. Donde lo que importa no es el dinero sino las personas, donde se quiere vivir juntos y en armonía. Hay gente de todas las partes del mundo, aquí la diversidad no se ve como un peligro, es un motivo para crecer, para ampliar tu conocimiento. Y no es sólo un festival de noche, tienes actividades durante todo el día. Compartes culturas, emociones, gastronomía,… Lo más importante no es lo que pasa en el escenario sino las experiencias que viven las personas. La gente se respeta, se ayuda, crea el lugar que les gustaría habitar, donde al menos pueden desconectar 8 días al año de vivir en un mundo que no les gusta”. Son palabras de Filipo, pero podrían ser de cualquier asistente al festival. Porque lo que hace diferente al Rototom del resto de macrofestivales es su filosofía. La conciencia social es uno de sus pilares y cada año está dedicado a un motivo. Este 2019 es el Medio Ambiente y por eso “se usarán vasos reciclables en vez de botellas y plástico”. Pero su cruzada no acaba ahí, ya que desde su nacimiento han rechazado colaborar con grandes patrocinadores aunque eso dificulte su supervivencia: “Nosotros somos muy críticos con el capitalismo y las multinacionales y por eso nos es muy difícil encontrar patrocinadores. Pero sería incoherente aceptar inversiones de empresas de este tipo, que trafican con armas, crean guerras, explotan personas y países… no queremos colaborar con ellos aunque eso nos suponga límites. Y creemos que nuestro público nos apoya en este aspecto”. Así han creado un modelo de gestión sostenible e independiente, con el que demostrar que puede hacerse realidad su lema de “un mundo mejor es posible”.

Para ello incluyen también actividades paralelas a la música como el Foro Social o el Reggae University entre otros, ya que “ir al Rototom es vivir una experiencia global, donde el reggae sólo es la banda sonora. La clave del festival es el conjunto de todo, no sólo los conciertos. El reggae es en esencia un ritmo relajado, que va acorde a lo que se vive aquí, sin agresividad ni violencia, encaja con la filosofía. Hay gente que viene más por el ambiente aunque no sea un fiel seguidor del reggae. Por eso hay comodidades en los precios y 10.000 personas entran gratis cada año. Y por otro lado hay gente que compra la entrada sin conocer los artistas. El público es fiel y confía en lo que le proponemos, no dependemos tanto del cartel”. Debido a esto el Rototom Sunsplash es considerado más que un festival de música reggae. Aunque su oferta musical, indudablemente, es uno de sus mayores atractivos. Por sus escenarios han pasado centenares de artistas, aunque no siempre es fácil confeccionar el cartel. “Hace 26 años era muy complicado encontrar artistas porque había poca escena. Luego tuvimos un conflicto porque algunos de los grandes artistas antiguos tenían letras homófobas y no encajaba con nuestra ideología, y eran muchos. Y en los siguientes años, a partir del 2000, nació una nueva hornada de reggae fresco, el New Roots, que hizo resurgir al género. Pero en los últimos años no están saliendo muchos grupos nuevos, no es un momento muy prolífico” reconoce Filipo, quien confiesa que su gran deseo hubiese sido poder ver en el Rototom: “a Bob Marley, sin duda! También me gustaría que viniese Eddy Grant y que pudiese repetir Burning Spear. Y este año intentamos que viniese Buju Banton, en libertad tras diez años de cárcel, pero en agosto estaba de gira por USA. Lo intentaremos para el año que viene porque nos encanta traer gente que no haya estado nunca aquí”.

Y es que el futuro se augura más que prometedor para el Rototom. Con su sistema de autogestión no depende tanto de la industria como otros festivales, y además la reciente expropiación del terreno por parte del ayuntamiento de Benicassim ha supuesto un nuevo impulso, ya que “ya no estamos condicionados a los caprichos de los arrendatarios como antes, que se aprovechaban y nos subían descontroladamente el precio cada año. Ahora habrá que hacer obras para quitar los cables de alta tensión, mejorar los baños y accesos, … y lo siguiente será poder adquirir la zona de acampada, algo que tenemos en mente hacer junto al FIB. Si lo conseguimos, podríamos hacer más de un evento al año incluso. Lo que es seguro es que por ahora nos quedamos en Benicassim” asegura Filipo ante las dudas de que el festival pueda cambiar de ubicación. Porque su objetivo es poder continuar celebrando el Rototom muchos años más. Por el momento ya han cumplido una década en España, ¿qué deseo de cumpleaños pides para una fecha tan especial?. Filipo lo tiene claro: “Mi gran sueño sería hacer una ciudad Rototom, que dure todo el año. Que para vivir en un mundo mejor no haya que esperar a agosto. Crear un lugar, una comunidad, donde vivir y compartir este estilo de vida solidario con todos los que lo deseen. Y podríamos llamarlo Rototom City”