Pello Reparaz (Zetak) nos descubre los seis discos de su vida
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Pello Reparaz (Zetak) nos descubre los seis discos de su vida

Joan S. Luna — 01-06-2021
Fotógrafo — Archivo

Pello Reparaz es el corazón y el cerebro de Zetak, una aventura musical que combina pop y música electrónica dando como resultado un buen puñado de hits en euskera y que pueden escucharse en “Zetak” (19) y “Zeinen Ederra Izango Den” (20).

Aprovechando su participación en el ciclo L’H, dentro del que actuará en la sala Salamandra (L’Hospitalet, Barcelona) en dos sesiones el próximo viernes 4 de junio, le hemos invitado a que nos descubriese algunos discos que, por un motivo u otro, han marcado su vida.

El disco que descubriste en la colección de tus padres:
“Jesus Christ Superstar”
(Andrew Lloyd Webber, 1973)

En Arbizu, el pequeño pueblo de la zona vascófona de Navarra donde nací, las casas heredaban de épocas anteriores un desván en el que secar la hierba. Es allí donde mi padre tenía el tocadiscos. Aun recuerdo el día en el que subí y lo sorprendí escuchando la banda sonora de “Jesus Christ Superstar”. Me voló la cabeza. Tanto que veinte años después acabé haciendo un extensísimo trabajo de investigación para mi master sobre su compositor Andrew Lloyd Webber. La verdad es que fue una maravillosa introducción a un mundo popular pero algo más complejo.

El primer disco que te compraste:
“The Wall” (Pink Floyd, 1979)

Dudo mucho que a mis diez años, visionando la película “The Wall”, fuera capaz de entender algo de aquel universo basado en la simbología y la metáfora. Pero lo que sí llamaba mi atención era la fascinación por aquella pieza audiovisual que reflejaban los ojos de mi padre. Con total premeditación y alevosía, pedí a mi madre que me llevara a Iruñea a buscar el vinilo del álbum de estudio “The Wall” de Pink Floyd, para ese 16 de abril regalárselo a mi padre por su cumpleaños. Aun lo guarda en su colección.

Un disco que te compraste por casualidad y te continúa gustando:
“Morning View” (Incubus, 2001)

Cuenta mi madre que entró a una tienda de discos en Alde Zaharra de Iruñea y preguntó a quien lo regentaba: “Oye, a mi hijo le gusta Kortatu. ¿Qué otro disco puedo regalarle?”. Entonces aquel señor decidió venderle a mi madre el disco “Morning View” de Incubus. Nunca podré entender que lo llevo a cometer tal sinsentido. Pero no hay día que no se lo agradezca.

Un disco que aparentemente no encaja con tus gustos y te encanta:
“Fear Inoculum” (Tool, 2019)

Creo que a estas alturas no existe un estilo con el que no pueda disfrutar si el momento, el sonido y el lugar acompañan. Pero puede que a más de uno le sorprenda mi debilidad por “Fear Inoculum” de Tool. Lo visité por primera vez gracias a “Pneuma”, pero me quedé gracias a cortes como “Invincible”.

El disco de un artista nuevo que más te ha gustado:
“Cure” (Eddy de Pretto, 2018)

He disfrutado mucho con “Cure” de Eddy de Pretto. Aparte de mi admiración por el proyecto en sí, el disco enciende algo diferente en mí. En la parte norte de mi propio país se habla mucho francés, pero yo lo siento muy lejano. Esto hace que su obra sea muy exótica para mí, a pesar de su cercanía geográfica. Al mismo tiempo es un mundo muy familiar en cuanto a la forma y la identidad sonora. Me gusta.

Un disco que esté entre los que más has escuchado en tu vida:
“Zoramena” (Gatibu, 2002)

Su excesivo uso ha hecho que tenga que comprarme otro vinilo del homónimo de Moderat. Pero esto no quita que, tras escucharlo, quede con mis colegas, y lo que suene sean las canciones que nos han acompañado a lo largo de toda una vida. En nuestro caso, en el caso de mi cuadrilla de Arbizu, no cabe duda de que Gatibu se lleva la palma. Me quedaré con el álbum “Zoramena” ya que lleva mucho tiempo con nosotros. Pero la verdad es que la cosa está reñida con el resto de trabajazos del grupo de Gernika.

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