Veinte años de “Standing On The Shoulder Of Giants” de Oasis
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Veinte años de “Standing On The Shoulder Of Giants” de Oasis

Jon Pagola — 08-04-2020
Empresa — Big Brother / PIAS
Fotógrafo — Archivo

La revolución que emprendió Oasis y el mundo ignoró

Hace pocas semanas se cumplían veinte años de la publicación de “Standing On The Shoulder Of Giants”, el disco que abrió una nueva era para Oasis. Gem Archer y Andy Bell se incorporaron definitivamente al grupo y su música se volvió más experimental, abriéndose a sonidos psicodélicos. Pero no terminó de cuajar.

En realidad, no tenían otra opción. Dos miembros originales de la banda se habían largado –tres, si contamos a Tony McCarroll, que abandonó el grupo tras el primer disco–. Creation Records, el sello que les había descubierto, se pegó un tiro en el pie y dejó de existir víctima del exceso. El britpop había cavado su propia tumba. En 1999 el single que subió a lo más alto de las listas inglesas fue “Baby One More Time” de Britney Spears. Travis triunfaban con “The Man Who” (99), una versión edulcorada de Radiohead y Jeff Buckley y que enseñó el camino del éxito a una serie de bisoños grupos encabezados por Coldplay. Las cosas habían cambiado en el Reino Unido y en el resto del planeta pre 11-S. Oasis se encontraban en una encrucijada: reciclarse o seguir haciendo lo mismo de siempre. Así que por primera vez desde los locos años noventa, se tomaron un respiro. Un año para escribir y el siguiente para grabarlo. El plazo ideal.

La primera canción que compuso Noel Gallagher fue, con permiso de “Gas Panic!”, la mejor del lote. “Let’s All Make Believe” se convirtió inmediatamente en el estandarte de una nueva era para el grupo, donde las drogas pasaban a un segundo plano y la inspiración brotaba de otras realidades. Si “Champagne Supernova” era un canto al hedonismo, el tú-te-lo-pierdes-cuando-nos-ponemos-hasta-las-cejas, “Let’s All Make Believe” se encogía sobre sí misma y desde un ejercicio de fe reclamaba una salida en comunidad. “So let’s all make believe / That we’re still friends and we like each other / Let’s all make believe / in the end we gonna need each other”. Un poco al modo del “Resistiré” de estos días, solo que Liam Gallagher cantando como los ángeles y su hermano mayor en estado de gracia, inspirado como hacía tiempo.

En una extraña decisión que sus fans siguen lamentando, la canción no llegó a formar parte del álbum, con la excepción de la edición japonesa. Pero la revolución, siempre entendida en las clásicas coordenadas rock de un grupo como Oasis, acababa de empezar. Por primera vez la cocaína y el alcohol (y la amenaza latente de los paparazzi) se iban a quedar fuera del estudio. Nada de tonterías. Peleas, las justas. Riesgos: cero. Los hermanos Gallagher se trasladaron al sur de Francia en abril de 1999, básicamente, en busca de unos rayos de sol.

Ahí nacieron las canciones de “Standing On The Shoulder Of Giants”, un título absurdo que salió de manera absurda: Noel lo leyó en el borde de una moneda de dos libras en un pub. A la mañana siguiente recordó la frase. Y así se quedó. La famosa portada, una fotografía tomada desde la azotea del Rockefeller Center con los rascacielos de Nueva York de fondo, no despejaba las dudas. ¿A qué venía meter Manhattan en todo esto? ¿Era una metáfora del poder de las grandes urbes? Como muchas veces ocurre con Oasis, la respuesta es bastante más simple. “La gente puede pensar que lo llamamos así por The Beatles, The Rolling Stones o Sex Pistols, por los más grandes, pero es porque suena bien y punto. No tiene más misterio”, reconoció. Once años después soltó la típica boutade Gallagher en la revista Grantland diciendo que no tenían que haber publicado el disco. Tarde, Noel.

Oasis prescindieron de su productor habitual, Owen Morris. En su lugar reclutaron a Mark “Spike” Stent, que entre otros se había encargado de modelar los discos de Massive Attack y de los U2 vanguardistas de los noventa. Noel Gallagher y él iban a estirar el sonido del grupo como un chicle, pero sin dejar de ser reconocibles. Liam se estrenaba con una balada titulada “Little James” que es puro John Lennon, como muchos de sus posteriores lanzamientos. “Hubiera sido muy fácil para ellos hacer otro ‘Champagne Supernova’. Ya lo habían hecho. Creo que Noel ha tratado de abrir otras vías y sus letras son más profundas. Han experimentado con beats, con teclados y sintetizadores que no habían utilizado antes”, afirma “Spike” en el documental oficial sobre la creación del álbum.

Psicodelia redentora

La psicodelia impregna el conjunto como una fina capa de nieve. El vídeo de “Who Feels Love?” muestra a la banda al completo –ya con los recién incorporados Andy Bell y Gem Archer– caminando por el desierto bajo un sol crepuscular. Liam, encaramado en lo alto de una duna, canta o más bien recita durante cinco minutos y medio como si fuese el líder religioso de un templo hindú.

La instrumental “Fuckin’ In The Bushes” juega en la misma liga que “The Swamp Song”, una de las caras B de “Wonderwall” y que formó parte del recopilatorio “The Masterplan” de finales de 1998. Los fans se debaten acaloradamente entre cuál de las dos es mejor. A favor de la primera: la épica intro del inicio, perteneciente a un extracto del festival de la isla de Wight de 1970. “We put this festival on you bastards, with a lotta love. / We worked one year for you pigs. / And you want to break our walls down? / And you want to destroy us? Well, you go to hell!”.

Lo de “Gas Panic!” es un clásico: el gran público lo desconoce, los seguidores la adoran. Seis minutos soberbios con una letra que rompe esquemas desde el principio (“What tongueless ghost of sin crept through my curtains?”), un solo espectacular y hasta unas flautitas prog en su tramo final. En cualquiera de sus interpretaciones en directo se eleva al cielo. “Roll It Over” cierra el álbum a lo grande tirando de Pink Floyd y en plena cruzada antifarlopera de Noel Gallagher a quienes denomina “plastic people who live without a care”.

En la cumbre millonaria

El single de adelanto, “Go Let It Out”, se encargó de mantener vivo el espíritu de Oasis (un estribillo efectivo, un medio tiempo pegadizo, la voz rasgada de Liam en primer plano) y retuvo a su base de fans en el Reino Unido, donde llegó al número uno. El vídeo tiene su punto: cuando se grabó aún no andaba por ahí Andy Bell al bajo y solo salen cuatro miembros del grupo. El disco salió a la venta varias semanas más tarde, el 28 de febrero de 2000, y también se alzó con el primer puesto en las listas de ventas. Obviamente, la marca Oasis seguía funcionando. Pero no explotó como en sus álbumes anteriores. El britpop era ya un recuerdo lejano y el mundo era otro y ya no les pertenecía. Y Noel Gallagher cometió algunos errores de bulto, como dejarse llevar por el autobombo y sacar la insípida “Sunday Morning Sun” de tercer single. El álbum quedó sepultado en apenas un año.

Sin embargo, a día de hoy pocos dudan de que el grupo alcanzó su cumbre en esta gira. No hay más que ver cualquiera de los vídeos que circulan en Youtube. Con Liam en plenitud de facultades y la rápida adaptación de Bell y Archer a chez Gallagher, que ya venían rodados de su experiencia en Ride y Heavy Stereo. Sin grandes aspavientos se comían los escenarios y platos de televisión. Conscientes de su poderío, el grupo grabó en el estadio de Wembley el único álbum en directo de su historia, el baño de masas “Familiar To Millions”.

Oasis no volverían a reinventarse hasta ocho años después. El grupo perfeccionó lo aprendido en el cambio del milenio, ya con su columna vertebral completamente estructurada (Noel-Liam-Archer-Bell) y una estética sixties que les sentaba como un guante. “Dig Out Your Soul” (2008) fue su carta de despedida, un estupendo epitafio que el Dj barcelonés y experto en Oasis Edu Lázaro define como “el ‘Revolver’ de los de Manchester en cuanto a madurez compositiva y experimentación con sonidos psicodélicos”. Pero esa es ya es otra historia.

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