En los 90s, la palabra ”Trip-hop” se convirtió una abreviatura para referirse a la “música de hall de hotel”. Pero hoy, este subgénero tan difamado, se ha convertido en un precedente directo de muchos estilos actuales. Con una fuerte herencia del sonido dub jamaicano sintetizado con las tendencias mas contemporáneas de hip hop, electrónica, R & B, post-punk, jazz y soul de vieja escuela, el trip hop solo fue el punto de partida para que bandas como Massive Attack formularan un nuevo espectro musical que tan bien reflejaba la situación social del Reino Unido de los años noventa. Sin embargo, al escuchar algunos de los álbumes canónicos de la escena de Bristol, uno podría pensar que el claustrofóbico y agónico siglo XXI comenzó unos años antes de lo previsto.

Massive Attack, uno de los máximos exponentes del sonido de Bristol, se lanzaron a reinventar su imaginario musical, y de esa nueva concepción artística, surgió “Mezzanine“, publicado en abril de 1998 por Virgin Records. Este disco supuso un punto de inflexión en la carrera discográfica de la banda que quería salir de su propia etiqueta, debido fundamentalmente al acercamiento a terrenos musicales más oscuros y heterodoxos. El resultado de ello: una mirada a la zona entrópica del sonido Massive Attack y de la música electrónica de los noventa, pero también, una narración sobre la desesperanza que sigue vigente hasta nuestros días. El tercer álbum de la banda (sin contar el “No Protection”, remezclado por Mad Professor) completa el último de una especie de trilogía de Bristol, donde la iconoclastia juvenil de Tricky y la intensidad emocional de Portishead, prepararon el terreno sombrío y sofocante de “Mezzanine“, manteniendo un equilibrio perfecto entre la densidad de una pesadilla negra y la luz relajante de un sueño etéreo. Consiguieron convertir en himno la desesperación, a través de una atmósfera muy específica, un aire de nocturnidad, de incógnita, de exaltación de los instintos y las emociones más puras, mientras se acercaban a multitud de géneros, como el rock o el hip hop de corte más tenebrista. Complejidad solapada, desasosiego, fuerza, seducción, misterio y emoción, eso es “Mezzanine“.

El álbum, que hizo una de sus apariciones pública con “Dissolved Girl” a través de los auriculares de Neo en la primera parte de The Matrix, iba a acorde con su estética neo-noir cyberpunk, en un momento en el que se cuestionaba ese miedo reflexivo al dominio cada vez mayor de la tecnología: Google Glass, el iPhone y la red de vigilancia de la NSA aún no se habían inventado, pero ya estábamos sumidos de nuevo en pesadillas distópicas que actualizaban el 1984 de Orwell. Eso era “Mezzanine“: pura alienación hasta el final, que nos permitía imaginar un enemigo que siempre estaba fuera. Aquí no hay seguridad contra el dolor, nada por lo que tengas que estar agradecido, nadie que se haga responsable de sus actos… Lo que “Mezzanine” brindaba, en definitiva, era una visión panóptica donde, conforme caminamos, los muros no dejaban de cerrarse. Ya su propio título, “Mezzanine“, nos desvela mucho sobre la transición de la banda hacia otros terrenos sonoros. Su título, traducido al castellano significa ‘mezzanina’, es decir, un entrepiso que habilita un espacio extra en una habitación cuyo techo es lo suficientemente alto como para poder dividirse en dos partes. Música de ‘mezzanina’, es música concebida en rincones sombríos, íntimos e improvisados. Así se desenvuelve este álbum, que nos habla de ayer pero también de hoy, presentado de forma suntuosa, sugerente e intrigante de inicio a fin, y que parece irradiado por la obra del incómodo Francis Bacon.

Ya el diseño de la cover es toda una declaración de intenciones de su contenido. Planteada por el coescritor, productor y fundador de la banda Robert “3D” Del Naja, la propuesta nació a partir de una obsesión por las arañas del propio artista, “tenía sueños muy locos con ellas; quería el abdomen de una araña en la parte posterior de la portada del álbum y quería desarrollar esta idea de hacer ropa con piel de araña. Fue una tontería muy disparatada que resultó bastante difícil de convertir en algo concreto, hasta que Nick Knight me mostró unas fotos de escarabajos que había visto en el Museo de Historia Natural. Eran realmente hermosos. Aquellas fotos resolvieron el problema.”  Fue un gran salto, acorde con el propio álbum, desde el enfoque de cortar y pegar, de hacer bricolaje de álbumes anteriores, hasta la estética asfixiante, profunda y claustrofóbica, que gracias también al artista Tom Hingston, pudieron llevar a cabo. El escarabajo negro y metálico sobre fondo blanco es quizás la ilustración más cabal de esa inercia —el sonido propio— de la cual, como señala en la letra de “Inertia Creeps”: “La inercia se arrastra, se mueve lento, ahí viene” (“Inertia keeps, Moving up slowly, she comes”), parece que la banda busca escaparse.

Las letras consiguen representar esta atmósfera oscura, paranoica y ambivalente con acierto. El sexo, siguiendo con “Inertia Creeps”, se reduce a un encuentro de “dos egos desnutridos” (“two undernourished egos”), cuya relación fallida dejó a cada uno demasiado entumecido con su propia rutina como para llegar a romperla. La voz llana, contenida, áspera y reticente y abrasiva es Robert “3D” Del Naja, convertido en este álbum en vocalista principal, lo que también supuso un cambio en el sonido de la banda, marcada anteriormente por la voz de Tricky. “Dissolved Girl”, reitera este tema desde la perspectiva de la vocalista Sarah Jay Hawley “la pasión está sobrevalorada de todos modos” (“Passion’s overrated anyway”). En “Risingson”, Grant “Daddy G” Marshall, narra el aburrimiento y la ansiedad de estar atrapado en un lugar donde no puedes convivir con alguien con quien comienzas a sentir lo mismo: “¿Por qué quieres llevarme a esta fiesta y respirar? / Me muero por irme / Cada vez que nos machacan sabes que somos líneas cortadas” (“Why you want to take me to this party and breathe/I’m dying to leave/Every time we grind you know we severed lines”), y lo hace a través de una recurrente atmósfera viciada con términos que juegan entre lo sensual y lo violento, como si te hiciera pensar en lo que verías en la pantalla durante una película de Tobe Hooper o Alfred Hitchcock.

Pero los momentos decisivos de “Mezzanine” provienen de los vocalistas invitados, que fueron famosos mucho antes de que Massive Attack lanzara su primer álbum. Horace Andy ya era una leyenda en los círculos del reggae, pero sus colaboraciones con Massive Attack le dieron una mayor exposición, y sus tres apariciones en “Mezzanine” son homenajes o guiños a canciones que había planteado a principios de los años 70. “Angel”, por ejemplo, es una reescritura de su sencillo de 1973 “You Are My Angel”, pero si en el track original hacía un elogio del amor tan bello y sencillo “Ven de arriba / Para traerme amor” (“Come from way above/To bring me love”), en “Mezzanine” lo transformó de forma retorcida y vengativa: “En el lado oscuro / Neutraliza a todos los hombres a la vista” (“On the dark side/Neutralize every man in sight”), poniendo al descubierto uno de sus recitales vocales más trabados y alejados del sonido reggae que le caracteriza. La excepcionalidad del tema le ha valido apariciones estelares, como en la película Snatch, cuyo tema acompaña a la acción durante una espectacular y sorprendente escena final.

Tras un inmejorable arranque del álbum, hay lugar para un interludio titulado “Exchange”. Un envolvente prólogo para el que es el tema más contundente del disco: “Dissolved Girl”, una exquisita porción de melodía encajada en un marco sonoro casi onírico, con unos marcados altibajos decibélicos, donde la banda consigue captar un tipo de música muy visual. Y no olvidemos el evocador “Man Next Door”, un problemático cuento de angustia urbana que nos lanza a los orígenes de jazz de influencias dub, con Andy a los vocales y unos característicos sampleos de The Cure y Led Zeppelin.

Otra vocalista clave del álbum fue Liz Fraser, la cantante y compositora de Cocteau Twins, virtuosa soprano donde en la inquietante “Black Milk” consigue estremecernos: “Cómeme / En el espacio / Dentro de mi corazón / Te amo por Dios / Te amo por la Madre” (“Eat me / In the space / Within my heart / Love you for God / Love you for the Mother”), con aplomo y ritmo elegíaco, dotando de belleza y melancolía a cada uno de sus sonidos. Las líneas de base plantean texturas viscosas, chirriantes, corrosivas. Los elementos electrónicos pasan a un primer plano y las estrofas alimentan esa dinámica tan perturbadora como sugestiva. Luego está la evocadora y emotiva “Teardrop”, el mejor momento del álbum, un himno por excelencia de “Mezzanine” y de la década de los noventa, donde consigue mantener un equilibrio perfecto entre instrumentación analógica, fundamentada en acordes de piano y recursos electrónicos. Fue un tema que inmortalizó la multipremiada serie Dr. House, sonando durante ocho años consecutivos en televisores de todo el mundo. También hay leyendas que dicen que el tema fue inicialmente planteado para Madonna. Andrew “Mushroom” Vowles le envió la demo, pero fue anulado por Daddy G y 3D, quienes querían a Liz Fraser.

El track “Group Four” se presentaba con una estructura claramente en progresión, consiguiendo acelerar el pulso cardíaco a medida que su melodía cobraba luminosidad y potencia, desde el concepto más foráneo y exótico hasta el desenlace más atronador, acompañado por un vibrante riff de guitarra. Un broche final perfecto, sólo perfeccionado por la continuación ambiental propuesta por “(exchange)”, el cual sigue la tónica de “Exchange” en cuanto su función separadora. Atmósferas complejas y enrevesadas, personajes cínicos y oscuros, pura metamorfosis y resurrección. El disco concluía y parecía el soundtrack perfecto para el caos emocional y conspiranoico de fin de siglo, pero también la bienvenida a un futuro incierto. Consiguieron captar el espectro del momento como pocas bandas, llegando a su vez a tener muy buenas ventas y un gran éxito en Reino Unido y otros países de Europa. El álbum entró en la lista británica de álbumes en el número 1, y fue certificado Disco de platino por la industria fonográfica británica (BPI) en septiembre de 1998, y más tarde doble Disco de platino en julio de 2013. Sin embargo, no pudo compartir el mismo éxito en Norteamérica, donde sólo llegó al número 60 de la lista Billboard 200, y al número 51 en la lista canadiense de álbumes. Años después de que el álbum fuese lanzado, se colocó en varias listas de los mejores álbumes en Reino Unido e incluso en Estados Unidos. En 2000, la revista Q colocó “Mezzanine” en el número 15 en su lista de Los 100 mejores álbumes británicos de la historia. En 2003, el álbum ocupó el número 412 en lista de la revista Rolling Stone de Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos.

Mezzanine” llevó a la banda a estrechar lazos con el productor Neil Davidge, quien conoció a Vowles desde principios de los 90 y al resto del equipo después de la finalización de “Protection“. Quizá escogió un momento complicado para dar el salto, puesto que el álbum se retrasó cuatro meses a causa de las diferencias creativas de la banda, debido a lo cual, Mushroom, anunció su renuncia. Sin embargo, Davidge y 3D forjaron un vínculo estrecho trabajando a través de esa presión. Y lo consiguieron, pues “Mezzanine” sigue siendo un disco tan relevante e inspirador como lo fue en su día, tanto en su mensaje político como en su lugar en la historia de la música como un álbum original que desafía toda categorización de género, erigiéndose en torno a las reminiscencias de los años 70, luchado a través de la inmediatez creativa de los tumultuosos finales de los años 90 de sus creadores, y lo suficientemente valiente como para que todavía parezca que pertenece a cualquier época. “Mezzanine” es ese lugar intermedio, esa brecha existencial, ese resquicio, no solo espacial, sino también temporal, cuando no estás seguro de si es ayer u hoy.