Jorge Martí (La Habitación Roja) nos habla del documental In The Middle of Norway
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Jorge Martí (La Habitación Roja) nos habla del documental In The Middle of Norway

Carlos Pérez de Ziriza — hace 11 meses
Fotógrafo — Archivo

Mientras Jorge Martí, vocalista y compositor de La Habitación Roja, es una especie de Clark Kent en España, podría decirse que es en Noruega donde se acercaría a lo que en realidad sería una versión moderna de Superman.

Así lo resume él mismo. Aquí es miembro de una banda plenamente reconocida en la escena independiente. Actúa ante miles de personas. Promociona sus discos, alterna con gente del mundillo discográfico y concede entrevistas. Allí, donde reside desde hace años junto a su mujer y sus dos hijas, es poco más que un personaje anónimo, un enfermero que – debido a la dolencia de su esposa, la fatiga crónica que arrastra desde hace ocho años – se gana también la vida como enfermero atendiendo a pacientes de Alzheimer y demencia senil en una residencia de ancianos. Esa es la gran paradoja que muestra In The Middle of Norway (2018), el documental dirigido por la catalana Mia P. Salazar, que ha sido estrenado ya en varios festivales de cine y muestra las dos caras de una cruda realidad, que evidencia que en esta industria no es oro todo lo que reluce. Jorge nos lo cuenta desde su casa en Molde (Noruega), unos días antes de volver a nuestro país para actuar con La Habitación Roja en la Apolo de Barcelona (14 de diciembre), la REM de Murcia (15 de diciembre) y la Texola de Elda (21 de diciembre).

¿Cómo surge el contacto y la idea del documental de Mia P. Salazar?
En 2013 hicimos un video para El País, para sus Furious Sessions, y tanto Mia como Georg (Bungard), su pareja, estaban trabajando en aquellas grabaciones de directo. Ahí nos conocimos, hicimos buenas migas, intercambiamos los e-mails y de vez en cuando nos escribíamos. Ambos se fueron a trabajar a Estocolmo, y eso intensifícó nuestro contacto. Creo que ella vio en mí su propia historia: tenía un proyecto musical en Barcelona que se llamaba 2The Big Head Troubled Boy2. Hacían conciertos, grabaron un par de discos, pero su padre enfermó y tuvo que estar a su cargo hasta que falleció. Eso cortó su actividad con el grupo. Luego se fueron a Escandinavia. Ha contado su historia a través de mí, que es un poco lo que hacen los directores de cine. Ellos ya estaban trabajando en documentales y en publicidad. Montaron su propia productora, y me propuso contar mi historia. Yo no entendía si se refería a la historia de mi grupo o a mí, y me tranquilizó saber que sería un reportaje de 10 o 15 minutos, como un retrato mío, aunque tenía que hablarlo con Ingrid, mi mujer. Vimos que estéticamente su trabajo nos gustaba.

La primera vez estuvieron seis días, y al empezar a hablar y a filmar, y a profundizar en la historia, se dieron cuenta de que podía dar para más. No es un largometraje porque es una película hecha desde la más estricta independencia. Estuvieron en Noruega, también grabando en el FIB de 2016, y su intención era hacer una película que hablara del desarraigo, de la enfermedad y de la dualidad de las personas. Lo que me convenció es esto: vivimos en una sociedad en la que todo es un culto al éxito, a la belleza, a la juventud, es todo muy fake. Me parece como una distopía. No sé si te acuerdas de “La fuga de Logan”, aquella serie en la que a los 33 años, o te escapabas o te mataban. Vivimos un poco en eso, y creo que es una presión muy grande para la gente joven. Porque quieren ser youtuber, influencer… cosas de éxito rápido, y no se dan cuenta de que detrás de una carrera como la nuestra (por poner un ejemplo) hay mucho trabajo, mucho sacrificio, muchos viajes, mucho esfuerzo y mucho aprendizaje, tanto para mí como para cualquier otro miembro del grupo. Eso me acabó de convencer.

El otro día leí una entrevista con Jeff Tweedy (Wilco) en la Mojo en la que decía que cuando eres una persona pública y puedes hablar de ciertos temas, tienes una responsabilidad de ser lo más honesto y abierto a la hora de hablar de todo aquello que has pasado. Veo los selfies que nos hacemos los grupos en los conciertos, como si lo estuviéramos petando en todas partes, pero en realidad no contamos todo lo que hay detrás. Noches en los aeropuertos, mi trabajo como enfermero… todo eso no tiene nada que ver con el glamour. Me parecía importante mostrar esos aspectos. Me siento un privilegiado, ojo, me dedico a lo que me gusta, pero en un momento de tu vida las cosas se pueden torcer, y has de afrontarlo y adaptarte.

¿Crees que el hecho de que solo dure 37 minutos redunda en la contención del relato, en que no se muestra más de lo necesario, evitando la tentación sensacionalista, sentimentaloide o sensiblera?
Está gustando mucho en festivales de largometrajes precisamente por eso. Yo tenía pudor, nos daba miedo por los temas que trata. En un principio era más largo, se barajó, pero es lo que tú dices: ellos han recortado en aras de sugerir más que enseñar. El documental trata temas importantes pero en ningún momento dogmatiza, es como que deja caminos abiertos pero no se mete en fregados. Hay unas líneas rojas de no hacer pornografía sentimental ni abusar del dramatismo. Tiene todos los ingredientes para que la historia sea interesante, pero sin pasarse. Refleja muy bien cómo es la vida aquí en Noruega. Ingrid accede a hablar pero lo hace con mucha entereza. A sus padres en ningún momento se les pregunta por la enfermedad, solo por mí como músico. Muchas cosas se intuyen sin necesidad de mostrarlas. Quitaron escenas que a mí me parecían muy potentes pero que ellos consideraban redundantes. Su filosofía es que has de renunciar a algunas de tus escenas favoritas si de verdad quieres que el conjunto tenga fuerza. Hay imágenes que hablan sobre la soledad, sin necesidad de que tú expliques lo que es. Es como los discos: si te sale uno de ocho canciones, déjalo como está. Es verdad que sí hay gente a la que la película se le hace corta. De hecho, al final del metraje termino yo diciendo “iba a decir algo importante, pero se me ha olvidado, y además tampoco se puede decir todo”. Pero creo que está bien como está. Son tres años de trabajo, tres visitas, en solo 38 minutos.

Me hizo mucha gracia ese final, en el que confiesas que te dejas algo en el tintero, porque quienes te conocemos sabemos que no eres precisamente de quienes se guardan muchas cosas, al menos en las entrevistas. De hecho, es tu propia mujer quien en la película acuña la expresión “he hecho un Jorge”, cuando ve que se explaya más de la cuenta…
Bueno, sobre todo contigo o con otros periodistas a quienes conoces más, que al final las charlas son más conversaciones que otra cosa. Es verdad que a veces en una parrafada contesto cuatro o cinco preguntas a la vez, pero curiosamente en la película creo que todo está muy contenido. En el documental se sugiere mucho, hay muchas imágenes, y el sonido, la naturaleza y la música son importantes, y sí creo que hemos dejado de contar muchas cosas por pudor o porque no procedían. Si algún día hiciera un libro, me podría explayar más, eso seguro.

In the Middle of Norway – Trailer from Bungard Film on Vimeo.

Si algo queda bastante claro en el documental es que la enfermedad de Ingrid ha condicionado por completo tu forma de escribir canciones en los últimos ocho años...
Sí, uno de los motivos por los que Mia quería hacerlo es porque ella era seguidora del grupo, vino con quince años al FIB del 98 a vernos, eso me lo contó cuando estábamos grabando ya. Aunque luego nos perdió un poco la pista. Y ella me decía que creía que era importante contar esta historia para que mucha gente entendiera por qué las canciones del grupo son como son, por qué la música tiene esa melancolía. Yo conocí a Ingrid en el 96, antes de nuestro debut discográfico (a excepción de “Popanrol”, nuestro primer EP, que ya tenía escrito antes), así que claro que nuestra relación ha condicionado mi forma de escribir, mi vida… hasta el punto de que es indivisible. He utilizado la música para defenderme de todo esto. Cuando escuchas el “For Emma, Forever Ago” (2008) de Bon Iver, y sabes que Justin Vernon lo grabó en una cabaña, en invierno y cuando le había dejado su novia, es algo que ya te pone en situación, y casi oyes la nieve y el crepitar de la leña en esas canciones. Lo primero que alguien pensará al oír La Habitación Roja y saber que somos de Valencia es en la luz, la paella, el mediterráneo, y luego te puedes preguntar “¿qué le pasas entonces a este chico?”. Yo nunca he impostado nada, soy muy fiel a eso que decía el “Panic” de los Smiths, lo de la música que habla acerca de tu vida y la que no dice nada sobre ella. Es lo que conozco y es sobre lo que escribo. Las canciones te hacen respirar y sobreponerte a todo, salir adelante, tienen un efecto sanador y cuando las cantas en los conciertos es una celebración, y no una misa triste.

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