"Obviando la música que escuchaba en mi niñez —que venía de la radio o de las casetes, y que eran canciones no agrupadas en elepés, pues no tuve tocadiscos hasta los trece o catorce años— estos son seis de los discos que más me han entusiasmado, influido y emocionado, aunque hay muchos más".
Suicide - "Suicide" (1977)
Descubrí a Suicide gracias a la osadía de Diego A. Manrique poniendo completa “Frankie Teardrop” —canción de más de diez minutos de duración— en un programa de radio nocturno. Escuché embelesado la trágica historia del pobre veinteañero Frankie, que trabajaba en una fábrica y, desesperado, terminaba disparando a su mujer, a su hijo y a sí mismo. Una letra espeluznante. El ambiente de húmedo infierno urbano creado por Martin Rev con su sintetizador y los gemidos y gritos de Alan Vega me sobrecogieron de tal manera que al día siguiente fui ansioso a comprar el disco. Para mí es el mejor disco de rock’n’roll, aun siendo su base instrumental completamente electrónica.
The Velvet Underground - "The Velvet Underground & Nico" (1967)
“¿Cómo podían convivir tanta hermosura y dulzura musical con tanto ruido eléctrico?”, me preguntaba al escucharlo. Todo lo que contenía ese álbum me parecía mágico. Prefería la voz de Nico a la de Lou Reed, pero las letras de este eran muy buenas, poéticas pero coloquiales, llenas de provocación, incluso en el año 1979, que es cuando llegó a mis oídos por primera vez. No entendí cómo no lo había descubierto antes. La ingenuidad y la perversión, esa era la fórmula mágica para cuando empezara a componer mis propias canciones, un par de años más tarde... “Venus In Furs” fue la que me cautivó más profundamente, hasta hice una versión con una grabadora de cuatro pistas.
James Chance & The Contortions - "Buy" (1979)
El hombre blanco que quiere ser negro y expulsa su rabia gritando espasmódicamente o disonando a lo salvaje con su saxo alto, con una banda fría y cortante como el hielo, de música matemática rota: Pat Place, George Scott III, Jody Harris, Don Christensen, Adelei Bertei y David Hofstra, que también estaban en otros grupos de la No Wave neoyorquina. James Chance o James White —cuyo verdadero apellido era Siegfried— se expresaba como un James Brown suicida e incendiario, creando un funk acelerado —funk punk— altamente bailable, adrenalínico y enloquecedor.
The Cramps - "Psychedelic Jungle" (1981)
Cuando me topé en Escridiscos con las portadas de “Gravest Hits”, el primer Ep de The Cramps, junto a “Songs The Lord Taught Us”, su primer álbum, me compré ambos sin saber qué música hacían, solamente por el aspecto temible pero auténtico que lucían en las portadas. Al ponerlos en el tocadiscos, creí haber descubierto al mejor grupo del mundo. Su estilo era único, original y descabellado, la voz de Lux Interior sonaba grave, gemía, aullaba, desde lo gutural a lo estridente, sobre un catálogo de riffs de rock’n’roll, o rockabilly, tocados por la guitarra omnipotente de Poison Ivy, la batería simple y apabullante de Nick Knox y la guitarra ultradistorsionada de Brian Gregory —no tenían bajo—. Justo al año siguiente de ese descubrimiento se publicó “Psychedelic Jungle”, que se convirtió en mi disco favorito del grupo, con Kid Congo Powers ya a la guitarra.
Tom Waits - "Rain Dogs" (1985)
Este es un disco perfecto. Todas las canciones son buenas, todas son singles, brilla por el talento y el sello singular del artista: su voz inconfundible, sus letras delirantes, su música espuria, las guitarras de Marc Ribot, las percusiones óseas… Solía cantar ‘Tango Till They’re Sore” de madrugada por las calles vacías, desahogándome, gritándole al mundo: “Te cuento todos mis secretos, pero miento sobre mi pasado”… Me sabía de memoria todas las letras —también me ocurrió eso con ˝London Calling” de The Clash— y lo escuchaba una y otra vez el año en que se publicó. Me alegró que fuera ese, precisamente, el álbum que le diera a Tom Waits el éxito que merecía, con la canción “Downtown Train”.
The Stooges - "The Stooges" (1969)
He dudado entre este álbum y el primero de The Doors —incluso barajaba ˝Closer” de Joy Division, porque hay tantos discos importantes para mí… —, pero al final ha vencido mi debilidad por el fuego y el exceso en el rock, lo directo, crudo, sin adornos y que queda tatuado en el subconsciente. Los riffs de “I Wanna Be Your Dog” y “No Fun”, la ausencia de miedo insultante de Iggy Pop, un ser sobrenatural… El terremoto musical que generaban los hermanos Asheton y Dave Alexander ha influido más que ninguna otra cosa en el rock’n’roll. Cualquier canción de ese disco, esté dónde esté, me llama a bailar y a saltar.

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