Bala, dos en la carretera
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Bala, dos en la carretera

Arturo García — 13-03-2026
Fotografía — Leo López

Aprovechando su paso por el Sur dentro del +Espárrago Music and Sound Festival en Huétor Tájar (Granada), le damos el alto en la carretera a Bala.

Entre kilómetros, hummus de supervivencia y bloques de canciones sin respiración, Ánxela y Violeta nos abren la puerta de su día a día en gira: la furgoneta como tercer miembro, el escenario como lugar seguro y esa mezcla de cansancio y felicidad que solo entiende quien vive sobre el asfalto.

Antes de salir de gira: ¿qué es eso que no puede quedarse nunca en casa o en el local de ensayo, aunque haya que dar la vuelta con la furgo?
Con que estén los instrumentos y nosotras, el resto se puede apañar sobre la marcha. Aunque duele mucho olvidarse el merch, y nos ha pasado unas cuantas veces.

Con los años decís que los nervios han dejado paso al gozo. En el día a día de carretera, ¿qué ha cambiado más y qué sigue exactamente igual desde los primeros conciertos?
Yo creo que ahora lo afrontamos todo con bastante calma; sabemos que casi nada es tan grave como parece. Lo que sigue igual es la ilusión de subir a tocar y esa mezcla de cansancio y felicidad al acabar.

"Lo que sigue igual es la ilusión de subir a tocar y esa mezcla de cansancio y felicidad al acabar"

La furgoneta es casi una tercera integrante. ¿Qué suena últimamente para quemar kilómetros? ¿Hay discos que os acompañan gira tras gira?
Escuchamos de todo: metal, punk, rock… pero también electrónica, jazz o salsa. Hay discos que vuelven siempre, pero también nos gusta ir descubriendo cosas nuevas en cada gira. En los últimos viajes sonaron bastante Lambrini Girls, Amyl and the Sniffers, Deftones o Turnstile.

Supervivencia básica: ¿sois de buscar mesa y mantel cuando se puede o de asaltar supermercados y gasolineras? ¿Se cuida el cuerpo o manda la carretera?
A Violeta le encanta comer caliente, aunque no siempre hay tiempo para ello. Yo suelo llevar cosas en el bolso porque mi experiencia en las gasolineras no es demasiado buena. Creo que el hummus (a poder ser hecho por mí) es mi alimento base en las giras. Con eso, puedo ir a donde sea.

Vuestro directo parece puro descontrol, pero es un bloque muy medido y sin respiración. ¿Cuánto se piensa y cuánto se deja fluir cuando llega la hora de subir al escenario?
El bloque está muy pensado, pero dentro de eso nos dejamos llevar totalmente. Cada concierto acaba siendo distinto aunque el set sea exactamente el mismo. Al final, de lo que se trata es de darlo todo y vibrar lo más alto posible.

Muchas canciones de Bestas se han endurecido en directo. ¿El escenario os sirve como laboratorio para llevar los temas a otro lugar?
Totalmente. El directo es donde las canciones terminan de transformarse. Ahí ves qué pide el cuerpo y hasta dónde puede llegar cada tema.

"Me gusta la sensación de comunidad y de riesgo que se respiraba antes en los festivales. Un poco más de intuición y menos algoritmo no vendría mal"

Sala pequeña, primeras filas, pogo constante… ¿sentís que ese cuerpo a cuerpo con el público es parte esencial de lo que es Bala en directo?
Sí, absolutamente. Esa cercanía, ese sudor compartido, es parte de nuestra identidad. Tocar en festivales y en salas grandes también mola muchísimo, obviamente, pero la energía que se genera es diferente. Amamos las salas y la intimidad de sus conciertos.

A veces el sonido no acompaña del todo, pero el bolo sigue adelante. Cuando algo no sale como esperabais, ¿sois de reajustar sobre la marcha o de tirar para delante sin pensar demasiado?
Depende del día y de la gravedad de la situación, pero solemos tirar para delante. Si te paras a pensar demasiado, se puede perder la energía. Mejor adaptarse rápido y seguir.

Tocáis en Huétor Tájar dentro de esta reencarnación del Espárrago Rock, un festival que pertenece a otros tiempos y a otra forma de entender la escena. Mirando atrás, ¿hay algo de aquel espíritu que os gustaría rescatar hoy?
Me gusta la sensación de comunidad y de riesgo que se respiraba antes en los festivales, de mezclar escenas y estilos sin tanto cálculo. Un poco más de intuición y menos algoritmo no vendría mal.

Habéis girado bastante fuera de España. ¿Qué cambia en el día a día de la carretera y qué diferencias notáis respecto al circuito español?
Fuera siempre hay un punto extra de vértigo: no sabes qué te vas a encontrar, pero la recompensa suele ser enorme. También el hecho de viajar durante muchas horas lo convierte en algo especial; es como esos días de cole en los que tenías excursión y, desde el momento en que despertabas, era todo una fiesta.

Después de bajarse del escenario: ¿aftershow o descanso? ¿Quién de las dos suele llegar la última al hotel?
Depende del día y de lo que haya que hacer al día siguiente. A mí, sinceramente, lo que más me gusta es juntarnos en una habitación del hotel y estar hasta las tantas hablando, escuchando música o jugando a las películas. No me escondo en absoluto: Violeta siempre llega la última.

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