Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte II)
Especiales / Tokyo Sex Destruction

Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte II)

David T. Ginzo — hace 4 años
Fotógrafo — David T. Ginzo

Recuerdo a un tío muy alto que se quedó dormido (yo siempre he sido “uno de esos”, pero este en concreto me ganó aquella noche). Estaba sentado echado hacia delante.
Pensad en la película de Mr. Bean. Cuando trabaja en el museo y se queda dormido. Pues exactamente así estaba, con la cabeza entre las rodillas. Entre dos canciones hubo un momento de silencio y todos escuchamos como roncaba. Increíble. Con todo el lío y el tío estaba roncando como un descosido en medio de todo aquello. Vaya campeón.
Eso sí es disfrutar de la noche, aunque esta vez no era yo.

23 de enero.

No creo que sea un tipo organizado, pero a veces tengo momentos de lucidez. Por algún motivo tuve la brillante idea de poner la alarma la tarde anterior pensando que había que salir pronto hacía Montpellier.

Miré el teléfono. Allí estaba, con el olor a tabaco y sin voz a pesar de no fumar. Me refresqué como buenamente pude, me abrigué y salí a la calle.

Ponte ahora a buscar la calle principal en la que estaba el hotel y la sala sin llevar mapa (y mucho menos internet). El frío sentaba bien. Cuando conseguí orientarme vi que tenía que pasar por un túnel pero que por encima había un parque.
Caminando por la calle entre dormido y resacoso le pregunté a una señora (cubriendo mi aliento por su bien) si era posible cruzar por arriba para llegar al mismo sitio. Dialogo de besugos mañanero. Ella parecía que iba peor que yo. Después de unos minutos de hablar sin decir nada y de darle las gracias me quedé mirando los árboles. Creo que se fue pensando que me había tomado algo duro, pero la verdad es que en esos momentos toda naturaleza se agradece de cerca. Se respiraba sano y verde allí.

Llegué al hotel y estaba Juandi desayunando. Sin siquiera subir a la habitación desayuné todo lo que pude. Subí a arreglarme, recoger todo y salimos hacia Montpellier.

En la carretera vemos Carcassonne a lo lejos, no hay tiempo de hacer una visita rápida. Siempre así.

Llegamos a la sala y flipamos con la producción. Todo equipo de primera liga, gente currando para todo, sitio cómodo, todo pinta perfecto. Hasta que el técnico dice que tocamos muy fuerte…
Tocamos más fuerte en casas (por no decir habitaciones) okupas, pero en una sala para ochocientas personas y con equipazo de sonido sonamos exageradamente fuerte. Ya, claro.
Luego vienen MBV o Sunn O))) y ahí sí vale. Será que sustituimos nuestra carencia musical con volumen y sin él el grupo es lo peor. O algo así.

desconocido (2)

Otro grupo rollo cincuentas con equipo vintage que llevan el mismo dinero en equipo que en ropa del mismo estilo miran demasiado mi pantalón de chándal. No me parece que se pasen muchas semanas en furgoneta. Pero eso sí, iban como pinceles. Tocaban antes que nosotros pero no llegamos a verlos. Pintaban bien aunque no escuché ni un segundo.

Al fin un poco de relax. Fuimos al hotel y echamos una siesta rápida, ducha y vuelta a la sala. Para esto hubo que retrasar una hora  la cena y llegamos justos para tocar con la cena aun en la garganta.
Ojo la cena. Diré que nunca me gustaron los mejillones. Quizá porque en sí no me parecen gran cosa, pero cuando se cocinan con una crema de leche y cebolla como es el caso la cosa cambia. Y mucho.

desconocido (3)

Así no se puede negar uno.

El concierto estuvo flojo de gente pero al menos nos encontramos con amigos de hace tiempo. Hemos tocado varias veces en Nimes y se acercaron unos cuantos desde allí.

Después de siete años cambié Malasaña por Lavapiés, donde llevo tres. Supongo que por eso mismo, cuando vi que había muchos sitios que anunciaban o incluso se llamaban directamente The Cheese Naan, siendo algo que me gusta mucho como acompañamiento pensé que la cosa prometía.

Al acabar el concierto nos fuimos con la gente de Nimes a tomar uno de aquellos Naan. Pedimos unas cerves para acompañar y la verdad es que palmamos. Los pedí solos, que es como los conozco.
Al menos ya habíamos cenado y era más por bien antojo que por hambre.
Lo interesante de todo esto es que lo que sirven es algo así como un durum (o wrap, o un rollo de toda la vida) y el pan tiene queso; además lo sirven con varias salsas en las que mojar mientras vas comiendo. Una gochez riquísima, vamos.

Acabamos con uno de los colegas de Nimes cantando canciones de pachanga españolas. El tío había vivido en Murcia y trabajado para una empresa valenciana. Se sabía de todo. Eso unido a nuestra costumbre de flamenquizarlo todo de coña arregló la noche cantando todo por bulerías.

Recuerdo a un tío muy alto que se quedó dormido (yo siempre he sido “uno de esos”, pero este en concreto me ganó aquella noche). Estaba sentado echado hacia delante.
Pensad en la película de Mr. Bean. Cuando trabaja en el museo y se queda dormido. Pues exactamente así estaba, con la cabeza entre las rodillas. Entre dos canciones hubo un momento de silencio y todos escuchamos como roncaba. Increíble. Con todo el lío y el tío estaba roncando como un descosido en medio de todo aquello. Vaya campeón.
Eso sí es disfrutar de la noche, aunque esta vez no era yo.

23 de enero.

No creo que sea un tipo organizado, pero a veces tengo momentos de lucidez. Por algún motivo tuve la brillante idea de poner la alarma la tarde anterior pensando que había que salir pronto hacía Montpellier.

Miré el teléfono. Allí estaba, con el olor a tabaco y sin voz a pesar de no fumar. Me refresqué como buenamente pude, me abrigué y salí a la calle.

Ponte ahora a buscar la calle principal en la que estaba el hotel y la sala sin llevar mapa (y mucho menos internet). El frío sentaba bien. Cuando conseguí orientarme vi que tenía que pasar por un túnel pero que por encima había un parque.
Caminando por la calle entre dormido y resacoso le pregunté a una señora (cubriendo mi aliento por su bien) si era posible cruzar por arriba para llegar al mismo sitio. Dialogo de besugos mañanero. Ella parecía que iba peor que yo. Después de unos minutos de hablar sin decir nada y de darle las gracias me quedé mirando los árboles. Creo que se fue pensando que me había tomado algo duro, pero la verdad es que en esos momentos toda naturaleza se agradece de cerca. Se respiraba sano y verde allí.

Llegué al hotel y estaba Juandi desayunando. Sin siquiera subir a la habitación desayuné todo lo que pude. Subí a arreglarme, recoger todo y salimos hacia Montpellier.

En la carretera vemos Carcassonne a lo lejos, no hay tiempo de hacer una visita rápida. Siempre así.

Llegamos a la sala y flipamos con la producción. Todo equipo de primera liga, gente currando para todo, sitio cómodo, todo pinta perfecto. Hasta que el técnico dice que tocamos muy fuerte…
Tocamos más fuerte en casas (por no decir habitaciones) okupas, pero en una sala para ochocientas personas y con equipazo de sonido sonamos exageradamente fuerte. Ya, claro.
Luego vienen MBV o Sunn O))) y ahí sí vale. Será que sustituimos nuestra carencia musical con volumen y sin él el grupo es lo peor. O algo así.

desconocido (2)

Otro grupo rollo cincuentas con equipo vintage que llevan el mismo dinero en equipo que en ropa del mismo estilo miran demasiado mi pantalón de chándal. No me parece que se pasen muchas semanas en furgoneta. Pero eso sí, iban como pinceles. Tocaban antes que nosotros pero no llegamos a verlos. Pintaban bien aunque no escuché ni un segundo.

Al fin un poco de relax. Fuimos al hotel y echamos una siesta rápida, ducha y vuelta a la sala. Para esto hubo que retrasar una hora  la cena y llegamos justos para tocar con la cena aun en la garganta.
Ojo la cena. Diré que nunca me gustaron los mejillones. Quizá porque en sí no me parecen gran cosa, pero cuando se cocinan con una crema de leche y cebolla como es el caso la cosa cambia. Y mucho.

desconocido (3)

Así no se puede negar uno.

El concierto estuvo flojo de gente pero al menos nos encontramos con amigos de hace tiempo. Hemos tocado varias veces en Nimes y se acercaron unos cuantos desde allí.

Después de siete años cambié Malasaña por Lavapiés, donde llevo tres. Supongo que por eso mismo, cuando vi que había muchos sitios que anunciaban o incluso se llamaban directamente The Cheese Naan, siendo algo que me gusta mucho como acompañamiento pensé que la cosa prometía.

Al acabar el concierto nos fuimos con la gente de Nimes a tomar uno de aquellos Naan. Pedimos unas cerves para acompañar y la verdad es que palmamos. Los pedí solos, que es como los conozco.
Al menos ya habíamos cenado y era más por bien antojo que por hambre.
Lo interesante de todo esto es que lo que sirven es algo así como un durum (o wrap, o un rollo de toda la vida) y el pan tiene queso; además lo sirven con varias salsas en las que mojar mientras vas comiendo. Una gochez riquísima, vamos.

Acabamos con uno de los colegas de Nimes cantando canciones de pachanga españolas. El tío había vivido en Murcia y trabajado para una empresa valenciana. Se sabía de todo. Eso unido a nuestra costumbre de flamenquizarlo todo de coña arregló la noche cantando todo por bulerías.

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