Benja Villegas es un tipo inquieto y creativo. Es músico, ilustrador, diseñador y, aunque guste de huir del término, escritor. “ELPASO. A Punk Story” (Bandaàparte, 18), su puesta de largo en el terreno de la novela después del libro de relatos “Huele como a espíritu postadolescente”, supone un soplo de aire fresco en la narrativa actual, tan original como necesario.

Estamos ante un trabajo valiente, diferente y sumamente interesante a diferentes niveles, en el que la biografía de una subterránea banda de punk chicano en los Estados Unidos de la década de los ochenta sirve de hilo troncal para desarrollar una historia sobre sueños cumplidos y frustrados, sobre el impulso de hacer las cosas cuando salen del corazón y sobre la tan a menudo distorsionada definición del éxito y el fracaso. Con estilo periodístico y voz propia, Villegas ofrece un relato tierno y honesto lleno de música, viajes y conflictos vitales con el que es imposible no sentirse identificado. Háganse un favor y sumérjanse en la historia de una banda que poco importa si existió realmente o no: será un viaje que valdrá la pena, créanme.

El libro supone un viaje a otro siglo, una época pre-Internet en la que la ética y estética del Do It Yourself marcaban la forma de hacer las cosas de artistas y bandas fuera del radar de lo mainstream. ¿De qué manera encaja ese espíritu fanzinero y a contracorriente en el mundo digital actual?
En mi caso lo hace. Encaja cuando gracias a Internet he podido escuchar discos pequeñísimos y descatalogados como el primer EP de los Teenage Popeye. Unos tíos que marcan el inicio de la historia punk de El Paso (Texas) el día que telonean allí a los Ramones en 1979. Veinte años antes del éxito mundial de At The Drive-In, que son, sin duda, la banda más aclamada de esa ciudad. Eso es lo que te permitían los fanzines, descubrir algo que no ibas a poder encontrar en los medios establecidos. Tuve la suerte de viajar allí y entrevistar a la mayoría de los integrantes de la escena en los ochenta y noventa y gracias a la era digital puedo mantener una “correspondencia” online que dura ya tres años. Esto no difiere tanto de las cartas que se enviaban los lectores de los fanzines con los músicos underground que admiraban.

¿Es ELPASO, entonces, un ejercicio de nostalgia?
La nostalgia, bien entendida, es uno de los motores que mueven las cosas que hago. En el caso de “ELPASO. A Punk Story”, quiero pensar que es lo más cerca que he estado y, seguramente, estaré de cumplir un sueño de adolescencia. Mis primeros pasos en la música empiezan a finales de los noventa en la no-escena de Ripollet, en el extrarradio de Barcelona, con poco más de dieciséis años. Siempre había fantaseado con haber formado parte de la escena underground americana que acabó por explotar en 1991 con Nirvana y el grunge. Con este libro he podido colocar la mayoría de mis experiencias y frustraciones en un sitio y un lugar al que solo puedes acceder gracias a la ficción. He podido componer, grabar canciones y realizar collages y flyers para una banda de esa época sin que chirríe. Sin duda es mi proyecto más Do It Yourself con diferencia.

¿Dónde quedan hoy los collages fotocopiados anunciando conciertos subterráneos y el intercambio postal de maquetas y vinilos autoeditados?
Creo que Instagram y Bandcamp son espacios muy interesantes para las nuevas generaciones. Veo chavales utilizando una herramienta prácticamente gratuita como Instagram donde se expanden y crean collages y anuncian su arte a la gente de su comunidad. Por otro lado creo que Youtube, Bandcamp o Soundcloud hacen las veces de esos vinilos autoeditados de antaño. La música que grabé para ELPASO está ahí, en la red, y es accesible… Quiero pensar que a pesar de la inmediatez y la frivolidad que imperan en la sociedad actual, las ganas de hacer cosas por uno mismo siguen intactas.

“I am not Beck, I am not Kurt, I am a real loser”. Valorando la historia que se explica en el libro desde una óptica comercial, la idea del fracaso sobrevuela toda la narración. Esa idea de “perdedor” esconde en mi opinión un segundo nivel de lectura mucho más profundo: para mí este libro esconde una historia de triunfo y realización, en el sentido que a la palabra “triunfo” le dio Bob Dylan, que de punk tiene muy poco pero que de la vida sabe mucho, con aquello de que “un hombre es exitoso si se levanta por la mañana y se va a la cama por la noche, y entre una cosa y la otra hace lo que le gusta”.
Las ideas de éxito/fracaso o winner/loser están absolutamente pervertidas. En mis entrevistas a la gente que formó parte de la escena underground de Texas en los ochenta se les tuerce el gesto cuando les hablas de Nirvana y la asimilación de lo underground por parte de la industria del entretenimiento. Ellos eran unos ganadores cuando todo aquello sucedía sin más y Black Flag podían cruzar Estados Unidos de costa a costa, gracias a que un montón de chavales les montaban shows y los alojaban en las pequeñas ciudades que dibujaban la ruta a seguir. Cuando el sistema dijo que únicamente vender millones de discos como R.E.M, Pearl Jam o Red Hot Chili Peppers era sinónimo de éxito se desmoronó toda una filosofía. En mi caso el éxito es indiscutible cuando la gente de la escena punk de El Paso (Texas) que ha leído el libro me aseguran que la historia es creíble y le hace justicia a lo que pasó allí cuando yo ni siquiera había nacido.

En este caso, además, esas ideas de éxito y fracaso están marcadas por los elementos de clase y raza. Punk chicano no es meramente una etiqueta en este libro, Daniel Álvarez y el resto de protagonistas hoy en día formarían parte de esa masa ingente de “dreamers” que viven bajo la amenaza de la deportación por parte de la administración Trump.
La política de Trump se vive de una manera especial en El Paso. Desde 2015 he viajado tres veces a la ciudad y fue en 2016 (segundo viaje) cuando me dí cuenta de la preocupación que tenían con la posibilidad de que Trump fuera elegido presidente. Para la mayoría, Hillary hubiese sido un mal menor. Ahora mismo ves como todo el mundo está volcado con la elección de Beto O’Rourke, un joven congresista demócrata nacido en la ciudad que quiere disputarle la silla en el senado al republicano Ted Cruz. Beto formó parte de la escena punk de los noventa y está siendo una de las voces más críticas con Trump y sus políticas en general. En mis entrevistas recibí muchos inputs sobre política o sobre la situación actual de violencia en Ciudad Juárez, pero yo estaba obligado a ceñirme al contexto sociopolítico de los ochenta, que es en el que transcurre la historia. Lo que tenía claro era que quería dotar a los personajes de esa mezcla tan guapa que hace especial a la ciudad de El Paso y su frontera. De hecho, la banda se llama ELPASO porque además de pretender ser el paradigma de banda fracasada, era una manera de convertirlos en la propia escena de la ciudad. El grupo va enlazando los conciertos y momentos cruciales de la escena underground y para ello era imprescindible que fuera una banda mestiza con miembros mexicanos, chicanos y blancos.

Ahora que mencionas tus viajes a El Paso, ¿Cómo ha sido el proceso creativo del libro? Sé que has empleado años para darle forma al proyecto, y siento mucha curiosidad por saber de dónde y cómo surge la idea inicial y de qué manera la has ido desarrollando, desde las cuestiones gráficas hasta el posible documental que la acompañará. ¿Por qué decidiste escribir este libro y de esta manera? ¿Podría existir esta historia si la banda se llamara RIPOLLET en vez de ELPASO?
En este proyecto confluyen varias ideas y formatos que me gustan. Amo los falsos documentales tipo Spinal Tap, siempre me han flipado las bandas ficticias tipo The Archies o Gorillaz y soy fan de Robert Zemeckis, el director de “Forrest Gump” y “Regreso al futuro”. En 2014 y recién publicado mi primer libro de relatos, la editorial Bandaàparte me propone escribir lo que ellos laman un libro/disco. Acababan de publicar uno con Ricardo Vicente (“¿Qué haces tan lejos de casa?”, Bandaàparte, 13) y me pareció un reto súper chulo. Yo acababa de terminar con mi último proyecto musical Anicet y la cosa que parecía que prometía al principio acabó por apagarse con más pena que gloria. Fue un sentimiento que se repitió por enésima vez y que he reconocido en muchos amigos músicos. Se me ocurrió que el libro-disco podría ser una biografía musical y que la banda podrían ser unos perdedores. La mayoría de biografías musicales suelen hablar del éxito al final y pensé que hacer una biografía sobre el fracaso podría representar a muchos músicos amateurs del mundo y la historia. Yo tenía claro que la historia tenía que ser en Estados Unidos y en los ochenta por mis influencias y como yo quería componer y grabar toda la música del grupo decidí que El Paso tenía todos los alicientes para haber podido contar con un grupo que cantase en punk en español en Estados Unidos en 1986. La influencia Zemeckis fue la que me obligó a viajar a la ciudad para poder documentarme y averiguar cuál es el “carrer Tallers” de El Paso y como se llama su Zeleste o su Razzmatazz. Una vez allí fue cuando vi que las miserias del underground no entienden de época ni de país y eso me acabó por animar a hacer que ese grupo ficticio pasara por todo lo que he pasado yo con mis bandas. Lo cierto es que la banda podría llamarse RIPOLLET, simplemente la he situado en un contexto más exótico para un fan de la cultura pop americana como un servidor.

¿Repetirías un proceso creativo tan exigente y exhaustivo para un futuro proyecto? (entrevistas, viajes, grabar canciones, crear todo ese material gráfico, filmaciones..)
Seguro. Por lo pronto tengo una idea para una novela en la que me gustaría centrarme en escribir, pero sí que la quiero relacionar con algunas experiencias personales y he pensado en “entrevistar” a mi abuela y familiares para entender un poco mejor de dónde vengo y la importancia de la familia en la trayectoria vital de uno. Tengo la idea de que la vida del personaje se mueva a través de algunas canciones que le han marcado y quizá si el personaje exige crear alguna canción lo haga, pero no al nivel de ELPASO. Eso y meterme en la escritura de una biografía real que me implique indagar en la trayectoria de alguien que no sea yo son las dos cosas que más me pide el cuerpo ahora mismo.

¿Por qué Bandaàparte?
Mi relación con Bandaàparte ha sido algo súper natural y de amor a primera vista. Me tantearon para presentar uno de sus dos primeros libros en Barcelona hace unos años y todo esto ha acabado desencadenando la publicación de mis dos únicos libros. Han apostado por mí como escritor cuando era un terreno que me generaba muchísimo respeto y, por último, solo hay que ver como han cuidado la exquisita edición de “ELPASO. A Punk Story”. En mi caso me han tratado igual que editan: con gusto, cariño, respeto y entusiasmo. ¿Qué más se puede pedir?

¿Tienes algún plan para el futuro inmediato? ¿Qué podemos esperar de Benja Villegas a partir de ahora?
Esta locura llamada ELPASO me exige un par de cosas que no puedo no hacer. Una es el documental que empezamos cuando las entrevistas para el libro las grabamos en vídeo y no nos conformamos con una grabadora de audio. Creo que hay una historia paralela al desarrollo de este libro que merece ser documentada. La segunda es llevar la música de ELPASO a algún escenario y permitir que el lector pueda disfrutar de la vibra de las canciones que compuse en directo. Ahora mismo son accesibles vía Spotify, Bandcamp y Youtube, pero me encantaría juntarme con los amigos músicos en los que se basan los personajes y con los que grabé esos discos y hacer algún concierto. También pienso que podría molar invitar a músicos amigos que han conocido el libro desde su lectura y tocar con ellos los temas. Pienso, por ejemplo, en mi interlocutor en esta entrevista… Qué Ricky, ¿le darías a los tambores?

(Evidentemente, la respuesta a esta última pregunta fue un “por supuesto”).