La Psicodelia Funk
Así, un año después de la publicación de “Purple Rain”, el imponente catálogo discográfico facturado por Prince en la primera mitad de los ochenta se vio realzado con “Around The World In A Day”, en cuya portada somos testigos de su versión naif del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) de The Beatles.
En dicho LP, Prince prosiguió indagando en la conformación de una psicodelia funk, ya moldeada en cortes de su álbum de 1984 a través de cortes como “Take Me With You”, el equivalente a “Strawberry Fields Forever” de los Beatles dentro de su caligrafía personal.
Así es cómo salieron a la luz temas con la atmósfera desbordante de psicodelia hendrixiana que empapa cada átomo de “Temptation”, aunque también audaces juegos de minimalismo funk, de temática masturbatoria, como “Tambourine”, que ya presagiaba experimentos en dicha línea llevados a cabo en “Parade”, su álbum de 1986.
Viaje sin fin
En aquel momento, el sello Prince no dejaba de proporcionar matices al ADN del pop preponderante en aquellos tiempos, ya fuera desde sus propias canciones como desde las que el genio de Minneapolis componía para gente como Bangles, Madonna, Stevie Nicks, Chaka Khan o Martika.
Sin embargo, “Around The World In A Day” fue un fracaso comercial en su momento, si nos atenemos al éxito desmesurado alcanzado por “Purple Rain”, su predecesor, el cual superó los treinta millones de copias vendidas. En este sentido, singles como “Raspberry Beret” lo tenían todo para haber logrado el propósito comercial perseguido. Su anfetamínico groove soul-pop, empapado en un sonido de cuerdas tan grácil como infeccioso, deriva en un estribillo tan pegadizo como sublime.
El quince de mayo de 1985,“Raspberry Beret” salió a la calle como single. Sólo un año después el grupo australiano The Go-Betweens publicaba un single como “Head Full Steam”, en cuyo videoclip su cantante, Robert Foster, imita el look de Prince mientras interpretan una canción claramente inspirada en ese molde soul-pop sofisticado, del cual Prefab Sprout tiró en la confirmación de su opus discográfico, claramente influenciado por el modelo de canción surgida de “Raspberry Beret”, aunque también por la no menos memorable “Pop Life”, una obra de arte de lo que se podría considerar como minimal synth-funk y que supone otra fuente de influencia infinita que llega hasta a Ariel Pink. Sin duda, uno de los alumnos aventajados de la plantilla conformada en dicho single.
De Pince a Outkast
Sin embargo, donde más caló un corte de este calado fue en el dúo hip-hop Outkast, y más en concreto en Andre 3000, cuya conexión con la gramática Prince se hizo totalmente patente en “The Love Below”, su disco de 2003, pero que ya había arrancado mediante la obsesión por ampliar los contornos geográficos del pop mediante cruces, aparentemente, imposibles, tal como sucede en el corte “Around The World In A Day”, en el cual la atmósfera india que planea en todo momento casi termina en una danza de los siete velos funk. Al mismo tiempo, en dicho álbum también florecen despampanantes muestras góspel en cinemascope como “The Ladder” o vibrantes usurpaciones funk de la esencia Hendrix por medio de “America”, de la que esta reedición recién publicada contiene una versión de hasta 21 minutos, en la cual pasamos por toda clase de metamorfosis estilísticas dentro de las coordenadas patentadas por Prince en aquel momento.
Dicha ambición por mezclar y quebrar la ortodoxia funk fue la fuente de inspiración en "Stankonia" (2000), de Outkast, cuya misión fue idéntica, aunque tirando del hilo de los 90 hasta el peaje obligatorio, Prince. No en vano, cortes como “Ms. Jackson”, “Toilet Tisha” y “So Fresh, So Clean” simbolizan la simbiosis entre el compromiso social del "What’s Going On" (1972) y el candor sexy de "Let’s Get It On" (1973). O cómo fundir los dos extremos de Marvin Gaye en la mirada panorámica de Prince.
En este sentido, Andre 3000, el 50% más libérrimo de Outkast, emerge como la representación más fidedigna de Prince en el siglo XXI. La lucha de peleas en el vídeo de “Roses”, su gusto por los atuendos psico-glam, la verbalización de un ego bisexual. El propio Andre 3000 reconocía en 2006 el impacto que tuvo Prince en su vida: “Uno de mis primos mayores fue mi modelo a seguir cuando yo era adolescente. Él siempre estaba vestido con ropa nueva y pija. Tenía una forma muy cool de hablar. Iba a su casa y me ponía “Kiss” y “Dirty Mind”, y me decía lo que significaban las letras. Sabía lo que estaba pasando. Luego me pinchó Sign o’ the Times. Su sonido me recordó a Funkadelic”.
En definitiva
El espectro representado por Prince en “Around The World In A Day” es, sencillamente, inabarcable, no tanto como el generado en LPs como “Sign O’ The Times” (1987) o “Dirty” (1980), pero igualmente fascinante en su manera de trascender géneros y etiquetas en lo que también fue la presentación de Paisley Park como el lugar de los sueños donde Prince se iba a refugiar para seguir dando alas a su universo en continua expansión (incluso, hasta el día de hoy), y que fue representado en “Paisley Park”, una de las demostraciones más representativas de ese funk-pop ensoñador que el de Mineápolis logró encapsular en estribillos tan mágicos como el aquí materializado. El mismo que simboliza la verdadera grandeza de un disco que, tal como reza su título, representa un viaje musical sin parangón por toda clase de culturas, a día de hoy, elevado a la categoría de clásico que siempre debió tener.

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