filipendulae —que pende de un hilo— se autodefine como cantautor eléctrico y productor, pero su identidad va más allá de cualquier etiqueta cerrada. Desde siempre ligado al sonido y a lo que este invoca, su forma de entender la música pasa por melodías que rompen la barrera del lenguaje y por una creación constante, casi vital. Si en su infancia la banda sonora fue pop y electrónica, más tarde llegó la experimentación, y ahora, en su debut, todo confluye en una mezcla personal y sin jerarquías.
Bailando entre el rol de cantautor y el de productor, filipendulae construye estas canciones con una guitarra española de una sola cuerda como elemento central. Desde esa limitación nacen relatos que hablan del desamor, las luchas internas, la experiencia queer y el arte como forma de vida, con la convicción de que todo adquiere sentido una vez se convierte en canción.
En Cookie, el artista canaliza un momento de enfado y confusión. Escrita de manera rápida e impulsiva tras unas conversaciones dolorosas, la canción funciona casi como una vendetta emocional. “Fue una catarsis necesaria después de meses en una situación compleja”, explica. La producción también responde a ese impulso: espontánea, directa y prácticamente cerrada desde su primera forma, como una de las últimas piezas creadas para el álbum.
Por su parte, Take the bag propone un gesto más reflexivo y generacional. El “bolso” al que alude la canción es un recipiente simbólico donde se guarda lo vivido —lo bueno y lo malo— para poder entregarlo a quien viene después. Escrita desde un “yo” imaginario, más seguro y sabio, hacia una versión más joven y asustada, la canción se plantea como un agradecimiento a quienes abrieron camino y un regalo a quienes aún están por llegar. También es una declaración de principios creativa: gran parte de su producción se apoya únicamente en la voz, una cuerda de guitarra, un bote de pastillas usado como shaker y unas palmadas en el muslo.
Este single doble no solo adelanta el sonido del disco debut de filipendulae, sino también su filosofía: crear con lo que se tiene a mano, convertir la experiencia en materia sonora y asumir que, al final, todo pertenece —de alguna manera— a la canción. Desde ya, lo colocamos en el disparadero de 2026.
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