Un triste tigre
EntrevistasMaximilian Hecker

Un triste tigre

Redacción — 01-07-2003
Fotografía — Archivo

Nuestro protagonista ha conseguido grabar uno de esos discos en los que todo el mundo puede ver su vida reflejada en canciones que hablan sobre grandes sentimientos que se tienen todos los días, o al menos cuando se juega a sentir más que a pensar. Su título, "Rose".

A Maximilian Hecker y a los de su sello, Kitty-Yo, les gustaría que compararan al alemán con la corriente emocional de Radiohead, o al menos que se subiera al carro del éxito de Coldplay. Pero, lamentablemente para él, con "Rose" ha conseguido colarse en otra división de grandes, la que, en un sentido amplio, aborda el romanticismo terminal desde el punto de vista de la canción de autor como han hecho en algún momento Scott Walker, Nick Drake, Tim Buclkey, o Divine Comedy. No es aficionado a los crooners del pop, y comercialmente le debe venir peor sentir más debilidad por Buckley que por Yorke. Pero el hecho es que "Rose" es uno de los discos de amor más especiales de los últimos años, recogiendo el testigo un poco irregular de "Infinite Love Songs", y multiplicándolo por una producción justamente grandilocuente.

"Puede que la sensación que tengo cuando escribo una canción sea percibida por las mujeres"

Y eso que de su primer disco ha vendido lo impensable para Kitty-Yo, y que su buena presencia lo ha aupado, lejos de las revistas indies, a los puestos más altos de las revistas femeninas alemanas de las de adelgace en cinco días y sepa si es una mujer decidida. ¿Cómo le sentará a un digno aspirante al estrellato indie que su cara aparezca en las pegatinas del Super Pop? "Es alentador, me da esperanza para el futuro y también me hace saber que lo estoy haciendo bien, y que hay mucha gente que entiende mi lenguaje musical". Viene dada la respuesta que es una pregunta. ¿Tal vez es que te gusta pensar que eres muy bien entendido por las mujeres? "No, porque no me preocupo de quién va a escuchar las canciones. Pero puede ser que la sensación especial que tengo cuando escribo una canción, sea especialmente percibida por las mujeres". ¿Es esto una entrevista? No. Más bien una sucesión de chirridos telefónicos y una colección de silencios violentos después de las respuestas escuetas. Esa manera de decirme si soy consciente del tiempo del que disponemos y que no trate de hacer preguntas tan difíciles. Así no se descubre al personaje que hay detrás de "Rose". No te hagas ilusiones, el disco habla por sí mismo, y Hecker está en ese momento en el que no sabe muy bien qué hacer con su vida, o la bohemia o la fama o la dama. ¿Para qué seguir? Sabiendo que la grabación de los discos es un calvario para Maximilian, ¿cómo se siente ahora que lo ha acabado? "Liberado, desde luego, porque con el anterior no conseguía enfrentarme a las canciones, y ahora puedo escuchar algunas de las canciones de ´Rose´ de vez en cuando, pero sobre todo orgulloso". Desde luego. Orgulloso de la obra de una persona que le ha dado otra vuelta a la soledad en el estudio. "No, no entiendo por qué la gente me ve como un cantautor, porque si fuera el cantante de un grupo nadie me habría comparado con Nick Drake". Pero firma sus discos él solo, y no se lleva a una banda a los conciertos, sino un par de músicos de apoyo. "Me gusta Cat Stevens, pero me gustaría que mi música sonara más como... Grandaddy o Radiohead". Vaya, pensaba más en Divine Comedy pero menos dandy. "No sé quienes son Divine Comedy, sólo conozco el nombre". Ay, la respuesta de libro. Bueno, vamos entonces a bailar un poco al ritmo de la promoción. ¿Cómo ves "Infinite Love Songs" ahora que has evolucionado tanto en tan poco tiempo? "Sí, también estoy orgulloso de él, pero no entiendo lo que quieres decir". Tratamos de buscar tu interpretación de lo nuevo. "Ahora canto mejor, pero no soy capaz de comparar, porque ´Rose´ está demasiado reciente". Maximilian Hecker es como una ostra. No hay quién la abra y guarda una perla. Y cada vez que dice ´yeah´ después de una pregunta, parece que le da al botón del play que le han enseñado. "El nuevo suena más épico y orquestal". ¿Y dónde está el secreto maravilloso? Tal vez en esa manera de hacer canciones de amor tan rematadamente tópicas, que de puro impostadas y repetitivas, terminan siendo geniales. "¿Eh?". No, nada. Que ahora da la sensación de que la estructura tradicional de la canción se ha diluido un poco en beneficio de esas repeticiones de "te quieros" y "cúrames" que parece que quieren crear ambientes tan románticos como desesperados. "Es que he tratado de construir un clímax vistiendo temas, no canciones". Menos mal, comenzamos a entendernos. Ahora será posible saber si tanto "te quiero" es ironía. "No, es muy serio. Lo que pasa que no cuento mi historia, sino historias de los demás. Siempre es más gráfico poder contar directamente historias ajenas en primera persona, que andar escondiendo cosas de uno mismo. Pero no entiendo que nadie piense que hay teatro o ironía, porque los que lo digan tienen que haber sentido amor y pérdida alguna vez". Bueno, Elvis Costello repite "I Want You" durante siete minutos y consigue que te hartes primero y te desesperes después. Y aunque ésta quizás sea una escuela un poco superior aún para Maximilian, todo indica que vamos por muy buen camino.

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