Rafa Monzó y Francesc Pascual son el núcleo de Últim Cavall. Quedamos después del estreno de “Últim Cavall, 10 anys d’un refugi” para hablar sobre el proyecto. Francesc no puede venir por temas de horario de trabajo, con lo que le pregunto a su compañero sobre ello, sobre cómo encaran el hecho de que, pese a llevar diez años haciendo música, no puedan dedicarse enteramente a ella. La respuesta es que, para ellos, todo tiempo destinado a la música es un regalo. “Aunque nos pagamos las facturas con otras cosas, con otra profesión, no entendemos nuestra vida sin música. Tampoco entenderíamos nada de estos últimos años sin haber tenido este grupo. Ahora estamos en un momento en el que parece que hay que hacer todo a cambio de algo, pero para nosotros el simple hecho de tener un grupo de música y poder compartir nuestra pasión ya da la sensación de estar como en casa. No necesitamos nada más”.
“El cuerpo nos pide poner un pie en lo desconocido, en algo que no hayamos hecho nunca"
Si hay algo que se nota desde el primer momento es que a Rafa le apasiona lo que hace hasta el punto de que podría estar hablándome horas sobre ello. De ahí que, en el documental, haya encontrado la excusa perfecta para mostrar esa parte de su mundo. Es una fotografía sincera de lo que representa Últim Cavall. “Cuando lo ves, se nota que somos nosotros, que en todo el documental no hay ni una pose buscada. La idea era grabar con luz del día, sin focos, sin auriculares. Era un poco, bueno, nosotros somos así y punto. Al final hemos explicado lo que nos gusta hacer y hemos hecho unas canciones bien tocadas a través de un buen directo”.
Debo reconocer que un documental me resulta una forma curiosa de celebrar los diez años de la formación, pero lo que más me interesaba era el descubrir qué sentían ellos al lanzar algo tan diferente a un álbum al uso. “Cuando sacas un disco con canciones que solamente has escuchado tú y a las que les has dado tantas vueltas, te preguntas cómo funcionara. Al final llevas trabajando en eso durante un año y medio”. En cambio, el hecho de ver la pieza audiovisual acabada por primera vez, le hizo sentir “una emoción similar a estar en paz contigo mismo. Ver esa sinceridad y esa sensación de transparencia me hizo sentir muy orgulloso. Lo hemos pasado muy bien estos diez años y ha quedado plasmado para el futuro”.
Todo ello representa muy bien las distintas caras de una banda cuyo sonido ha ido evolucionando de forma constante a lo largo de esta década de trayectoria. Y es que Últim Cavall tienen una amplia gama de influencias. “Tenemos todos nuestros referentes que hemos escuchado toda nuestra vida desde pequeñitos. Dicen que la música que escuchabas durante la adolescencia te puede marcar de por vida. Por eso Francesc es más cañero y más punk, mientras que yo sé que soy más pop. Aún así, cuando estamos creando música, intentamos olvidarnos de nuestros referentes. Para nosotros no hay nada más bonito que cuando nos dicen que algo suena a Últim Cavall”.
En sus inicios, la banda se movía cerca del shoegaze y el noise. Su primer EP, “Últim Cavall” (15) marcó seguramente su etapa más experimental. La banda buscaba su sonido a base de ensayo y error. “En el EP de 2015 estábamos disparando hacia varias direcciones e hicimos una canción, así como de un más rock más grueso. No era nuestro contenido y al final se ha visto. Es verdad que al principio grabábamos como locos. Con tres guitarras a la vez, un sintetizador que hacíamos sonar a guitarra… También poníamos efectos y pedales y sonaban a sintetizador. Tratábamos las voces como un instrumento más porque somos muy fans de bandas de este estilo. Nos gustaba mucho jugar”. En cambio, con “Alaska” (19) buscaron un sonido con los pies en tierra, más rápidos y urgentes, pero también más nocturnos.
Su último disco “Un altre primer cop” (24) representó, sin duda, el cambio más radical. Son canciones de pop lento para bailar la pena. “Buscábamos un pop sincopado que nunca lo habíamos hecho, así que fue un reto también artístico”. Al final, a Últim Cavall les ha acabado definiendo ese transitar por distintos estilos y sonidos.
Mirando hacia el futuro tras estos diez años, Rafa subraya que todavía tienen algunos sueños pendientes. “Una de las cosas que nos queda por hacer es vivir la experiencia de tocar fuera de España, por el simple hecho de compartir lo que hacemos con músicos de otros países y con otro tipo de públicos”. En todo caso, ya están trabajando en su próximo disco que promete ser diferente a lo que hemos escuchado de ellos hasta la fecha. “El cuerpo nos pide poner un pie en lo desconocido, en algo que no hayamos hecho nunca. Tengo ganas de volver a poner en foco en algo más ruidoso, buscar más expresividad con las guitarras y con las capas. En cierta manera sería como volver a nuestros orígenes, pero de una forma diferente, porque nos parece muy bonito el hecho de querer innovar”.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.