Fruto de una trágica relación causa-efecto, Sophia es un proyecto que, ya desde sus primeros signos de vida, mostró su predisposición a la tristeza y el desamparo. Robin Proper-Sheppard, su instigador, líder, alma y cuantas cosas quieran, creó Sophia por dos motivos: para emprender un nuevo rumbo tras su grupo The God Machine, finiquitado bruscamente por la muerte de su compañero musical, y, como consecuencia de esto, expresar toda la amargura que le atenazaba tras ese funesto suceso. Sheppard, teléfono en mano, desnuda su alma. «Fueron momentos difíciles. La muerte de mi amigo fue el principal motivo de la disolución de The God Machine, claro, pero yo también tenía ganas de hacer algo diferente, cambiar un poco el registro musical. Al principio Sophia fue como una terapia que me ayudaba a sacar todo el dolor que tenía dentro de mí; ahora esa necesidad no es tan acusada». «Fixed Water» dio el pistoletazo de salida a una propuesta que se alejaba radicalmente de lo que había ofrecido The God Machine unos años antes. Sophia dibujaba un acercamiento a los postulados lírico-musicales de Red House Painters, American Music Club e incluso Bob Mould, si bien se producía una separación evidente respecto al entramado neo-country estadounidense. Los pararelismos con Will Oldham o Bill Callahan tienen poca consistencia. «Me comparan siempre con esas bandas y sigo sin entender el porqué. Quiero decir que esas bandas nunca fueron una influencia para mí, y, además, yo sigo sin ver un parecido entre ellas y Sophia. Son discursos distintos». No tanto, Robin, no tanto. Aunque sí es cierto que «The Infinite Circle», segundo disco y una obra de alcoba ya indispensable, se las arregla para mantener las distancias con Kozelek y compañía. Es un disco más barroco, menos simple y uno se atrevería a decir que menos desesperado. «Sí, está más trabajado. Quise añadir más arreglos de cuerda y recargarlo de instrumentos porque creo que «Fixed Water» es un disco muy minimalista, de una simpleza agobiante. Esta vez quería que la fuerza dramática se repartiera entre mi voz y los instrumentos, y que no quedara tan concentrada únicamente en mí, como sí ocurre en «Fixed Water». ¿Es«The Infinite Circle» uno de los mejores tratados jamás escritos sobre la soledad y el desamor? Posiblemente. En todo caso, y aquí no hay duda, sí fue uno de los mejores discos del pasado año. Su continuación parece que tardará en llegar. «No, aún no sé hacia adónde iré con el próximo álbum. La verdad es que quiero dejar pasar un poco de tiempo antes de volver a grabar con Sophia. De hecho, ahora estoy ensayando y tocando con una banda de punk-rock». Debemos entender dicho grupo de punk como una vía de escape ante tanta sobrecarga emocional. Todos sabemos que desnudar al corazón supone un esfuerzo agotador. «Sí, exactamente. Necesitaba aflojar un poco mi estado emocional. Con esta banda todo es mucho más esporádico, superficial. Es como una terapia para olvidarme de Sophia por un tiempo. Bueno, más que una terapia es, como tú has dicho, una vía de escape»
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.