(Consulta las fechas de sus conciertos en Barcelona y Madrid al final de esta entrevista)
Adrian Smith difícilmente va a olvidar el año que acabamos de dejar atrás. En enero de 2025 perdió su hogar en Los Ángeles, fruto de los voraces incendios que asolaron la ciudad; pocos meses después, se embarcó en la ambiciosa gira “Run For Your Lives” para celebrar el medio siglo de Iron Maiden por todo lo alto. Entre una cosa y otra, ha tenido tiempo para reunirse nuevamente con su buen amigo Richie Kotzen –con una amplia carrera en solitario y ex miembro de bandas como Poison o Mr. Big– y publicar un nuevo álbum de Smith/Kotzen, “Black Light/White Noise”. Ambos lo defenderán en una gira que se iniciará en La Riviera (Madrid) y la Sala Apolo (Barcelona) los próximos 3 y 4 de febrero. “La verdad es que me entusiasma que el disco haya sido bien recibido… Para mí es un paso adelante: es más coherente, mucho más centrado en lo que queremos hacer”, afirma mientras da lentos sorbos a una taza de café. Grabado “sin ningún tipo de presión, sino por el simple placer de hacerlo”, “Black Light/White Noise” revive algo profundamente clásico sin necesidad de caer en el revival o la nostalgia. “Nunca he escondido que tomo mis influencias del rock de los setenta: sigo escuchado los mismos grupos con los que crecí… Pero con Richie intentamos llevar esas mismas influencias hacia un terreno nuevo y fresco: si no sintiera que estamos haciendo algo diferente, no lo haría. Además, trabajar las dos voces y todo eso... La melodía es algo atemporal. Las buenas canciones y melodías, eso es lo que trasciende el tiempo”.
“Mientras el fuego siga encendido, yo seguiré en la carretera”
Smith no duda a la hora de subrayar que su “reto principal” es “tomar ese toque de blues-rock crudo y añadirle melodía; equilibrar la melodía con la crudeza”. Es lo que tiene hacer música desde el corazón, “sin la necesidad seguir modas o tendencias. Es fácil querer sonar actual, cool, pero si te dedicas a copiar lo que están haciendo otros tienes que asumir que eso va a envejecer bastante mal. La emoción, la melodía y el sentimiento son algo que puede romper la barrera del tiempo… y cuando haces algo sincero puedes tener la convicción de que eso es lo que va a permanecer”. Tampoco esconde que “Black Light/White Noise” completa un viaje que comenzó en 1989 con la edición de su primer disco en solitario, “Silver And Gold”. “Tocar y cantar es algo que llevo en la sangre y que no puedo cambiar de ninguna de las maneras. Ese álbum fue el principio de ese viaje que mencionas, pero mis primeros pinitos como músico fueron como cantante: ¡ni siquiera tocaba la guitarra! Entonces conocí a Dave [Murray] cuando teníamos unos quince años más o menos, tiempo antes de entrar en Iron Maiden… Estábamos pilladísimos por la misma música, cuando era algo muy underground. Nuestros colegas no escuchaban nada de eso, así que Dave y yo éramos los únicos que íbamos por ahí con el pelo largo. Él, por entonces, tocaba la guitarra de puta madre… ¡Y yo quería ser su amigo, como fuera! Así que cuando dijo que quería montar un grupo yo le dije ‘Bueno, ¡pues yo voy a ser tu cantante!’”.
Smith y Murray formaron parte de Urchin, cuyos inicios son paralelos a los de Iron Maiden. “Hablar de algo que pasó hace cincuenta años provoca una especie de vértigo. Fue bonito. Los miembros de Urchin todavía estamos en contacto y somos como una familia”. Se hace inevitable dirigir la pregunta hacia Iron Maiden, banda a la que se incorporó en 1980 —pocos meses antes de la grabación del incendiario “Killers” (81)— y el argumentario que explica la relevancia del grupo británico, medio siglo después de su fundación. “Creo que, incluso desde sus primeros días, Iron Maiden ha tenido un sentido de la identidad muy fuerte y muy marcado. Eso hizo que tuviéramos que buscarnos la vida porque nunca tuvimos demasiado apoyo por parte de los medios convencionales; incluso en el mundo de la radio éramos parte del culto hacia el underground. Todo ello hizo que, como grupo, creciéramos despacio. Al final, es una apuesta mucho más duradera que la de tener dos o tres éxitos radiofónicos que, en la mayoría de casos, son efímeros. Por otra parte, tocábamos muchísimo. Durante nuestros primeros años, el lema interno del grupo era llevar la música a todas partes. Tocábamos donde hiciese falta, incluso fuera del circuito las grandes ciudades. Yo creo que la gente recuerda eso: la cercanía, la proximidad. Ese contacto es capaz de crear algo sincero y duradero. Y, mira, ¡aquí seguimos!”.
Cincuenta años después, el co-autor de canciones tan emblemáticas como “2 Minutes To Midnight" o "The Evil that Men Do" no se achanta ante la palabra “jubilación”. “No, la verdad es que no. Es algo natural. Por supuesto que es algo difícil de predecir… Por desgracia, perdimos a Nicko [McBrain] por problemas de salud y eso fue como un recordatorio de que el tiempo sigue su curso. ¿Qué puedo decir al respecto? ¡Seguimos bien! ¡Toquemos madera! Mientras el fuego siga encendido, yo seguiré en la carretera: pasaré de gira unos cinco meses este año y el tiempo ya dirá. De momento, amo poder hacer todo esto. Al fin y al cabo, es la forma de vida que he elegido… y sólo espero poder seguir haciéndolo en el futuro. ¡Mira a The Rolling Stones!”.

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