Tras girar por diversos países, el grupo salta el océano para ofrecer una amplísima gira norteamericana que les llevará a más de una veintena de ciudades.
Después de girar por buena parte de Europa –sin fechas españolas–, Shame iniciarán en breve un nuevo tour que se iniciará en Baltimore (Estados Unidos) y concluirá en Vancouver (Canadá), con más de una veintena de paradas. Y todos sabemos que, en directo, Shame son una fuerza arrolladora, algo que debe cobrarse su peaje físico incluso entre gente joven. Menos mal que ellos son el epítome de grupo de amigos y que se han tomado unas semanas de descanso antes de arremeter con las fechas norteamericanas.
En este cuarto álbum, los londineses se muestran tan vitales, brillantes y desprejuiciados como algo erráticos en la cara B. Es el coste asumible de no dormirse en los laureles. El excelente productor norteamericano John Congleton –dueño de un currículum imponente en el que están, entre muchos artistas, Explosions In The Sky, The Murder Capital y Lana del Rey– se encarga de hacer que todo suene coherente. “Durante todo el proceso de composición nos pareció que estábamos sacando cosas de cada rincón de las influencias que hemos tenido en esta última década. Tenemos la impresión de que el período de exploración constante nos ha llevado al sonido de ‘Cutthroat’”, asegura el guitarrista Eddie Green. Por alguna razón, “es un disco que parece que está resonando en la gente de forma distinta a la de los previos, especialmente en vivo. El show parece haber aterrizado en un buen punto con la combinación de las nuevas canciones junto a las otras”.
“El periodo de exploración constante nos ha llevado al sonido de “Cutthroat”
El joven músico sostiene que los estribillos claros del nuevo álbum no forman parte de un plan, sino que son consecuencia de la puesta en escena sobre el escenario que da sentido a todo lo que hacen. “El disco lo escribimos más o menos para tocarlo, de modos que los estribillos grandes van con ello. En ningún caso hubo un esfuerzo combinado para ‘hacer pop’, pero estamos contentos con la dirección a la que fue”. Green menciona a una banda ya clásica, Wilco, y cierto “sonido americano” como una insospechada influencia en canciones brillantes de pop alternativo atemporal como el single “Spartak”. También elogia sin medias tintas el trabajo del productor John Congleton. “Llevábamos un par de años hablando con John y siempre nos ha parecido un fan genuino del grupo, por no hablar del increíble catálogo de discos que ha hecho, así que elegirle no fue ningún quebradero de cabeza. Le agradecemos un montón que se acercara a la costa sur de Inglaterra en el crudo invierno a hacer este disco con nosotros”. La principal aportación del técnico fue “no permitir que nos complicáramos más de la cuenta. Conectó totalmente con nuestro sentido del humor, y nos pareció una relación de trabajo muy natural. Es también muy estricto con sus horas de curro, lo cual es una manera muy saludable de hacer un disco”.
En las letras de canciones como “Cowards” o la mencionada “Spartak” el grupo se despacha a gusto contra cierta gente que hace la vida peor, ya sean los snobs que les rodean en la escena, o políticos. “El tema de la cobardía es un asunto amplio al que tratamos de aplicar algo de humor, pero con el estado del mundo que tenemos ahora mismo, es decir, cobardes causando muchísimo daño y devastación, no cabe duda de que lo reconocemos”. Lo hacen, en cualquier caso, sin dejar de lado ese humor tan británico que han amplificado en este cuarto trabajo. “Siempre hemos tenido eso en el corazón de lo que hacemos, aunque hagamos música más o menos seria… No cabe duda de que este disco se mete más que los otros en el lado humorístico”.
Las sorpresas musicales llegan en la cara B, con un tema medio cantado en portugués y varias canciones que coquetean con la electrónica orgánica. “La cosa electrónica viene en gran medida de la inclinación de Sean (Coyle-Smith) por los cacharros electrónicos. Tiene un rastreador [software secuenciador] que se parece un poco a una vieja consola Game Boy, aunque ninguno de nosotros tiene ni idea de la forma en la que usarlo, y de ahí provienen muchos de los sonidos”.
Al grupo no le está costando trabajo integrar las nuevas composiciones en sus conciertos, lo cual siempre es buena señal. Yo, que les he visto cuatro veces, puedo afirmar con conocimiento de causa que hay pocos grupos en directo con su intensidad suicida. El despliegue de energía, con el bajista Josh Finerty haciendo cabriolas inverosímiles y el vocalista Charlie Steen mostrando sus carnes, no tiene desperdicio. Lástima que, de momento, España quede al margen de las nuevas presentaciones. “Iremos a España seguro, pero no estamos seguros de cuándo. La gira está yendo muy bien, pero es larguísima. Hemos llegado a un ritmo en el que todo es normal hasta cierto punto. Ahora ‘vivimos’ aquí. El setlist cambia cada pocas noches, y al final se trata básicamente de elegir qué canciones viejas tocamos o no. Este es el tour de ‘Cutthroat’, pero tenemos ya a nuestras espaldas un catálogo bastante grande para escoger. Está bien ser capaces de cambiarlo libremente”.
Hablando de “catálogo”, para unos chavales que aún no han cumplido los treinta, no está nada mal haber llegado hasta a un cuarto disco llenando las salas y con el beneplácito de la crítica, ¿no? El guitarrista está perfectamente de acuerdo, pero añade un hambre reservada a los jóvenes. “Siempre estaremos orgullosos de lo que hemos conseguido y es genial pensar que esto podría considerarse, todavía, una fase temprana de Shame. No cabe duda de que nos quedan muchos discos en la recámara”.

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