Dos años después de su debut, llega el segundo asalto de Virüs, que debe ser el de la confirmación como uno de los valores en alza dentro de la escena del post-punk de aquí, una etiqueta a la que ellos mismos no estaban muy seguros de unirse con el que fue su primer álbum, “Sintonía nuclear” (2006). Lo explica Carlos del Valle (voz, guitarra y secuenciador), a quien acompañan Olatz Alberdi (guitarra y voz), Onneca Guelbenzu (bajo y voz) y, como nueva incorporación, Alex Farré (batería). “A lo que nos referíamos entonces es a que nuestras influencias también pasan por muchos otros grupos. Nos gusta meter toneladas de capas de delay, baterías muy contundentes y bajos explosivos”.
| "Nos gusta hacer un muro y estamparlo directamente en la cara de los que nos ven" |
Eso es exactamente lo que hay en “Manual del perfecto cardiaco”, lo que formalmente se traduce en rock directo a la pista como el de “El baile de los huesos” o el lado más punk-pop de “Sidecar de hielo”, con una evidente querencia a los años ochenta de la nueva ola, la movida y el after-punk, desde Bauhaus a Parálisis Permanente. “Escuchamos muchas más cosas, pero todo aquello de lo que te has ido nutriendo se queda en tu cabeza y forma parte de la manera de hacer las canciones. Por ejemplo, eso nos pasa con muchas bandas de los noventa de shoegaze, rock o noise. Para nosotros, son más importantes El Inquilino Comunista, a los que veneramos con un claro homenaje, ‘El futuro pasado de moda’ -corte instrumental situado en el ecuador del álbum-, o Joy Division, Scott Walker, Sonic Youth, Ladytron, Derribos Arias, Echo And The Bunnymen o The Chamaleons”. Después de que en su debut confiaran la producción a Cristian Vogel (Super_collider) y Joe Robinson, en esta ocasión se han encargado de este trabajo Juanjo Reig (Krakovia) y Guille Mostaza (Ellos, Krakovia), muy solicitados en los últimos tiempos para estos menesteres. Otro habitual, David Kano (Cycle, Krakovia), es el responsable de las mezclas y la masterización. “Todo ha sido facilísimo y muy efectivo; trabajamos de noche, como a ellos les gusta, bajo la influencia de la luna y los murciélagos”. Con nocturnidad, un marcado acento oscuro (más inquietante que siniestro) y la ciencia ficción como referente principal de las letras: trajes espaciales, sangre a borbotones, mutantes, seres híbridos, el Quimicefa... “Algunos temas se inspiran en cosas que vemos, películas, libros..., y otras cosas son creaciones nuestras. En general, todo en el disco son descripciones de viñetas. Con cada frase se podría pintar un cuadro, o al revés. ‘Paisaje de óxidos’ está hecha a partir de una obra del pintor Rebullida, y si ves ese cuadro entiendes a la perfección la letra; si no, igual piensas que estamos locos hablando de chupitos de oxígeno y esferas luminosas”. En una de esas letras, la de “Somos acuáticos”, el tema que cierra, encontramos una definición que les viene como anillo al dedo: “Somos acuáticos, sólo queremos bailar… somos transparentes”. Ya lo eran en cuando se proclamaron vencedores del Proyecto Demo 2004, y también dos años más tarde con “Sintonía nuclear”. Lo reafirman ahora, aunque algunas cosas han cambiado: “Musicalmente estamos en un tratamiento más melódico, aunque sigue manteniendo ese punto inquietante de Virüs. El sonido es diferente y todo está más definido; creemos también que este segundo disco es más oxigenado. Todo está tocado, no hay ni una sola base programada, sólo algunos sonidos electrónicos de sintetizadores secuenciados y otros ejecutados por Guille”. Una de sus principales bazas es la de un contundente directo que exhiben desde el principio: “Es primario, el motor que proporciona vida y ayuda a construir los temas. Nos gusta hacer un muro y estamparlo directamente en la cara de los que nos ven. Lo cuidamos al máximo porque es lo que realmente nos da la adrenalina”.
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