Y es que, sin más marketing que el boca a boca, la banda de Iruña ha encadenado en solo dos años más de medio centenar de directos sin apenas material publicado. Su fórmula no tiene misterio, pero sí una fuerza arrolladora: una conexión integral con el público que los ha catapultado desde las txosnas hasta el escaparate del BIME, con un estilo propio, crudo y peligrosamente divertido. Una inercia que explica por qué, cuando el álbum aterrizó en las plataformas el pasado marzo, la banda ya funcionaba a un ritmo imparable.
La banda navarra presentará el disco el 11 de abril en Dabadaba (Donostia), el 17 de abril en Indara (Iruña), el 15 de mayo en el Festival Batbatean (Gasteiz) y el 28 de mayo en Kafe Antzokia (Bilbao).
Hace apenas dos años comenzó a gestarse vuestra formación con la idea principal de disfrutar tocando cumbia. ¿Cómo fueron los primeros pasos?
Todo surgió a raíz de una conversación trivial entre un músico argentino de Iruña y un miembro actual de la banda sobre la posibilidad de formar un grupo de cumbia villera. En aquel entonces, no conocíamos a nadie que tocara ese género, ni a nivel local ni en el resto de España. Tras reunir de forma casual al resto de los integrantes, el proyecto terminó de nacer. Entre cervezas y jams en una vivienda que, curiosamente, fue la casa natal del famoso compositor Pablo Sarasate, dimos nuestro primer concierto en el Gallego. Para nuestra sorpresa, el bar de Iruña se llenó por completo; a partir de ese momento, no hemos dejado de dar bolos.
Antes de llegar hasta aquí, ¿veníais de otros proyectos musicales?
Hay un poco de todo. Javi en la guitarra e Íñigo en el güiro vienen de Los Bacanes, un grupo que sigue en activo. Nuestro teclista Pablo ha vuelto a Pamplona tras pasar 7 años en China en un proyecto de música para bebés llamado MusicLab. Luego, las percusionistas, María e Itzi, vienen ambas de tocar en batukadas. Iban, el bajista, también toca en grupos como Raimundo el Canastero y Eskafandra. El vocalista, Iván, no tenía ninguna experiencia ni conocimiento previo; y Matías, el impulsor de la banda y músico callejero, tuvo que regresar a Argentina.
“Tanto nuestra música como nuestras letras no tienen un mensaje trascendente; la mayoría versan sobre salir, beber y situaciones cómicas”
¿Qué es lo que más destacaríais de vuestra formación?
La energía brutal que se genera sobre todo en los directos. Ya en las pruebas de sonido, cuando empieza a sonar el bombo, el público ya está dentro del ritmo, y esto genera una energía increíble. Lo cierto es que, tanto nuestra música como nuestras letras, no tienen un mensaje trascendente; la mayoría versan sobre salir, beber y situaciones cómicas. Lo que decíamos antes: lo principal es pasarlo bien y hacer que el público lo disfrute.
Hace unos meses estuve entrevistando a Damas Gratis y, escuchándoos, me vino bastante a la cabeza esa tradición de cumbia villera argentina, aunque en vuestro caso tenga rasgos locales. ¿Qué relación tenéis con este estilo y qué referencias manejáis dentro del género?
Principalmente la cumbia villera y Damas Gratis son la base de nuestro grupo. Ese es el sonido en el que nos inspiramos cuando estábamos creando la formación. Por ejemplo, en nuestros bolos hacemos algunas versiones de ellos, también de otros como Supermerk2, Amar Azul, Delacalle o McCaco. También escuchamos mucho a Repiola, El Pepo o Altos Cumbieros.
Algunos componentes del grupo ya conocían el género, y de ahí vino ese afán por traerlo aquí; el resto lo cogieron al vuelo al primer momento, ya que es un ritmo que atrapa. Este sonido, que nace de las villas argentinas en los 2000 y está teniendo ahora allá un segundo renacer, aquí no había sonado nada; lo único que había llegado es la canción de “La Resaka” de Supermerk2, que es todo un hit, al menos en Iruña.
Aunque ese poso de la cumbia villera de los 2000 está muy presente en vuestro estilo, también lo pasáis por un filtro local y con referencias bastante personales. ¿Cómo lográis trabajar ese equilibrio?
Es verdad. Nosotros empezamos definiéndonos así, pero actualmente no podemos decir que hacemos cumbia villera al cien por cien, tanto por el sonido como por la realidad social en la que vivimos. Hemos adaptado un poco el sonido: nuestras canciones quizá suenan algo menos orgánicas por los sonidos del sinte y, debido a que en la actualidad los componentes de la banda somos de aquí, hemos perdido ese toque cumbiero argentino natural.
Por ejemplo, en vuestro repertorio aparecen canciones muy divertidas y casi paródicas, como “La cumbia de las galaxias”, plagada de pequeños detalles (incluso con el sonido de R2-D2). ¿Cómo surgen ideas así dentro de la banda?
Pues a base de jamear y jamear, además de las canciones que puedan salir en casa de las dos personas que componen. Las versiones son un clásico de la cumbia villera; muchos de los temas famosos del género son versiones de otras canciones a las que se les ha cambiado la letra. En este caso, nos hacía gracia la melodía de Star Wars y decidimos hacerle nuestro homenaje.
Otras, como por ejemplo “Solo Carne”, salieron apenas al segundo día de conocernos; fue el resultado de acabar en un kebab después de una buena farra. Íñigo trajo la idea al día siguiente y se quedó. “Quilombo” también surgió en esos primeros días y narra otra noche de fiesta en dos calles de nuestra ciudad, en esas zonas donde la gente se junta a beber en la calle. Luego está “Sarasate”, que nació de un estribillo tonto. Como empezamos ensayando en la casa natal de Pablo Sarasate (donde vivía uno de nosotros), acabó saliendo este tema en el que el propio compositor nos bendice. Como anécdota, “Solo Carne” y “Yo la Jodí” fueron las primeras canciones que compusimos, pero en su momento las descartamos. No fue hasta el año pasado cuando decidimos rescatarlas y, curiosamente, ahora son de nuestras favoritas.
Una canción que me ha sorprendido es la versión que hacéis del tema infantil “Pintxo Pintxo gure txakurra da”. ¿Cómo surgió la idea de llevar esa canción a vuestro terreno?
Fue la última en entrar al disco porque el resto las habíamos tocado todas en los directos. Al estar produciendo, se nos ocurrió que podíamos coger la canción "Pintxo", que es muy conocida y tiene una melodía muy pegadiza, para darle un toque más oscuro y cumbiero. Nos inspiramos en "Perrito malvado" de Damas Gratis y L-Gante, y de ahí salió ese “Txakurtxo gaiztoa da”.
Acabáis de publicar vuestro primer disco, “BIENDESED”. ¿Cómo os sentís?
Lo cierto es que teníamos muchas ganas de publicar este disco, ya que llevamos trabajando en él casi dos años y muchas de esas canciones las tocamos desde que surgió la banda. Detrás están Tarimakendu e Iban D´Urruti, miembros de Raimundo el Canastero (y este último también, como decíamos, bajista del grupo), y creemos que ha salido un disco muy compensado que resume bien el espíritu de la banda.
Vuestro principal empaque son los conciertos. En apenas un año habéis dado más de 48 bolos, algo impresionante para un grupo que acaba de arrancar. ¿Os imaginabais este recibimiento?
Para nada, pero claro, en nuestro primer concierto ya se llenó el bar y eso también es raro. Por suerte hemos tenido un muy buen recibimiento en todos los sitios a los que hemos ido, pese a que no teníamos casi ningún tema publicado, y acabamos la gira en Ansoáin con la gente muy motivada. Creo que hemos tenido la suerte de surfear la ola de la cumbia, que ahora está sonando cada vez más, sumado a la energía y la conexión que hemos tenido con el público.
Muchos de esos conciertos fueron en jaigunes y fiestas populares. ¿Cómo es la experiencia en ese circuito?
Es el espacio en el que hemos nacido y el mejor para darse a conocer. Por suerte, en Euskal Herria tenemos el circuito de txosnas que da la oportunidad de empezar a tocar a cientos de bandas y gratis; al final, si funciona en un sitio, se corre la voz y es más fácil que puedas tocar en otro jaigune.
Luego llega el salto a eventos más grandes como el BIME...
Cuando nos llamaron para tocar en el BIME estábamos muy nerviosos, pero allá lo vivimos como un concierto más y aprovechamos la oportunidad de hacer contactos. Al final da igual que sea el BIME o cualquier concierto en un pueblo, porque el público se lo tiene que gozar igual.
“Las versiones son un clásico de la cumbia villera; muchos de los temas famosos del género son versiones de otras canciones a las que se les ha cambiado la letra”
Con casi un centenar de bolos ofrecidos antes incluso de tener el disco fuera, vuestro crecimiento ha sido meteórico. ¿Cómo estáis asimilando este ritmo y cómo lo conciliáis con vuestra vida personal y laboral?
La verdad es que nos hace un montón de ilusión que tanta gente piense en nosotros; eso significa que hemos hecho un buen trabajo y que hay ganas de escucharnos, lo que nos motiva todavía más. Por supuesto que desgasta sacar un disco, ensayar, gestionar el día a día de la banda y después una gira con tantos conciertos, pero por ahora es lo que nos gusta. Como tampoco nos da de comer, lo tratamos de gestionar lo mejor que podemos con nuestro trabajo y vida personal.
Para quien no conozca demasiado ese circuito, ¿cómo describiríais la escena tropical de Euskal Herria, en particular, y la escena euskaldún en general?
Creemos que en los últimos años han salido distintos grupos que han logrado conformar una escena con diferentes géneros, lo que nos llena de alegría. Además, estamos muy orgullosos de que la mayoría de estos grupos “tropicales” o latinos hayan salido de Iruña, nuestra ciudad, que siempre ha sido una vanguardia musical. Grupos como Goxuan Salsa (salsa), Skabidean (reggae), La Txama (corridos) o Zopilotes Txirriaos (rancheras) llevan ya años siendo pioneros del género aquí y han aportado mucho a que se escuchen otros sonidos en los jaigunes.
Teniendo en cuenta el ritmo frenético de conciertos de la banda, ¿cómo ha sido el proceso de composición y grabación del disco?
Precisamente ese ritmo tan intenso de conciertos es lo que nos ha frenado a la hora de sacar el disco antes. Algunas canciones estaban ya producidas y sacamos cuatro adelantos, pero para el resto tuvimos que esperar a terminar la gira y, por fin, ponernos a trabajar para darle empaque al álbum.
Algo interesante del álbum es que consigue trasladar bastante bien la energía del directo al estudio, algo que no siempre es fácil. ¿Cómo habéis trabajado ese aspecto?
Yo creo que es algo natural en la cumbia. Es un ritmo muy pegadizo que es casi constante todo el rato, y si le sumas unos sintes estrambóticos, la cosa gana mucho más. Además, la primera canción del álbum es “Que levante la mano”, que es también con la que empezamos los directos; una canción que genera un ritmo y una energía brutal desde el minuto uno, y en la que hemos metido seis sonidos de sintes diferentes para hacerla más dinámica.
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