Reggae digital
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Reggae digital

Miguel Ángel Sánchez Gárate — 16-01-2009
Fotografía — Archivo

Que un dios como Kevin Metcalfe (U2, Spandau Ballet, Depeche Mode) te diga que le gusta tu trabajo, “Laboratorio Base” (Lengua Armada, 08), y quiera masterizarlo es como para hincarse de rodillas y estarle agradecido de por vida. Eso es lo que les ha ocurrido a Baselab, una inclasificable banda madrileña que en boca del "manitas" británico factura "reggae digital".

“Lo nuestro es nu-step, un paso más adelante del dubstep que se hace fuera”, acota Agro, quién también compagina micro en Amasumbu. “Hay gente que puede pensar que hacemos drum’n’bass, dub o reggae. Es todo eso y más”.

"Lo nuestro es nu-step, un paso más adelante del dubstep que se hace fuera"

Y es que su ecléctico background forjado en Coilbox, Another Kind Of Death, Apple Crew, Underground Sense, o Non Duermans Bros dice mucho de la intransigencia formal de un proyecto que va más allá de las fronteras musicales. Visuales a cargo del quinto miembro en liza, Elena; ser la banda sonora de eventos como concursos de graffitti o baile, o encabezar manifestaciones culturales como la Drum Parade 2008, conforman el ambicioso planteamiento del singular combo. "En la Drum Parade repartimos flyers y camisetas. Fue como una forma de promoción y un ensayo de lo queremos poner en marcha, el street-team de Los Hijos del Ruido (título de uno de sus temas)”, comenta Elena. “Pretendemos que cuando nos movamos de un sitio a otro tengamos un colectivo de gente y ampliar el concepto de Baselab”. Su espíritu electrónico va acompañado de "chicha" lírica, algo poco habitual en estas tierras. “Hay mucha gente que hace drum’n’bass y música electrónica muy buena en España”, explica Edu, batería también en Huecco, y uno de los artífices de la parte musical. “Pero no suele tener mensaje. En el disco hay bastante componente cinemático. Hemos utilizado bastantes frases de películas. Te podría hablar de Darren Aronofsky (‘Pi’) que es coetáneo de nuestra generación. Todos nos hemos quedado con películas como ‘El odio’ o ‘Requiem’, que se salían del circuito comercial y que cuando veías por primera vez te impactaban. Igual pasaba con la música la primera vez que escuchabas a The Prodigy. Te preguntabas: ¿de dónde cojones ha salido eso?”.

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