Lectores desvalidos, escondan sus carnets de indie insatisfecho con la vulgaridad que le rodea y no permitan que las frías gotas de la impostura más recalcitrante les salpiquen sus nuevas Puma –puestos a dar consejos, les sugeriría, también, que le dieran más vidilla al champú, que a lo mejor caduca-. Sólo es un consejo. Con la fruición del sibarita que apura la cabeza de un langostino recién pescado, observo cómo esta concurrida tendencia musical compuesta por angustia existencial (sic) y pop consigue engatusar a sus seguidores, quienes ávidos de una actitud vital permisiva con el cabreo, la autocompasión y el lloro fácil, confunden música con estado de ánimo y ceden ante cualquier espantapájaros que delante de un sintetizador sea capaz de colocar un estribillo al viejo estilo “La gente me odia/Me canso de esta brasa/No tengo novia/Mi pelo supura grasa”. Por eso es tan fácil triunfar en este contexto ajeno al rigor, porque nos encontramos acaso ante un fenómeno que da más importancia a la imagen –y por tanto a un mensaje pervertido- que al sonido. En otras palabras: una buena camiseta para niños de menos de once años, una cara de agobio y unos Lois bien puestos pueden resultar más efectivos que una buena combinación de notas.
| “Casi todo lo que hago se basa en la exageración… Esa es la finalidad del arte: sorprender al espectador” |
Maximilian Hecker es todo esto y mucho más: el artista alemán ha sabido beneficiarse de este circo de emociones sin certificado de autenticidad adoptando unas maneras para muchos extremas. “Casi todo lo que hago se basa en la exageración. Evidentemente, todas las cosas que escuchas no podrían ser reales, pero yo creo que para llegar al oyente es necesario amplificar los sentimientos, las vivencias. Se trata de ampliar cosas que yo he sentido o vivido, que parten de mi experiencia y que por supuesto han sido reales. Esa es la finalidad del arte: sorprender al espectador, subyugarle y a veces es necesario ir más allá para conseguirlo”. Y no cabe duda de que “Infinite Love Songs” (Kitty-Yo/Red, 01) es una exageración a cara de perro, una caricatura carente de humor que sobrexplota las posibilidades del estribillo y acude a la electrónica para adquirir aires de contemporaneidad en un contexto donde el desmoronamiento emocional está a la orden del día. En cuanto al acabado –es decir al aspecto- del álbum, resulta difícil encontrar errores: Prefab Sprout, Radiohead, Red House Painters, Coldplay y otras alegrías de la huerta flotan en un caldo de pop tecnificado con sabor a piruleta. Ahí encontramos ese punto de tensión máxima entre un discurso traidor y engañoso y un envoltorio que pocos se atreverían a cuestionar, ahí es dónde una figura tan frágil como la de nuestro héroe encuentra un punto de apoyo valiosísimo. Las contradicciones tiene un poder de atracción incuestionable. “Me da igual que contrapongan mi mensaje con mi música. Yo no me veo un artista contradictorio. ¿Por qué? Simplemente observo las cosas que me pasan, mis vivencias y lo plasmo como me apetece en las letras. En cuanto a la música, esta mezcla de electrónica, pop y sonidos acústicos es la que me gusta. No veo contradicciones por ninguna parte”. Ahhh, Maximilian, viejo Maximilian… esto sí que es arte. La melodía perfecta para historias truculentas de adolescente maclriados y quejicas. El hedor del oportunismo penetrando nuetras castigadas fosas nasales. La electrónica más barata sonando a música cara. Y languidez, mucha languidez… “Infinite Love Songs” es el disco perfecto para enervar a los que creen que con la tristeza no se juega y enfervorizar a los amantes del estribillo melancólico. Servidor, hastiado ya de tanto niñato con flequillo seborreico, manos en los bolsillos y cara de no me comprenden así que me drogo y paso de todo, encuentra sumemente divertidas todas esas voces que, más allá de buscar la comprensión del oyente, pavonean su depresión en busca de una actitud cool. Y el álbum de Hecker es coolness puro y duro. “Me interesa más el lado de los sentimientos, simpre me ha atraido la música triste”. Sí, hombre sí. Si lo que ustedes quieren es regodarse ante un ser verdaderamente hundido sigan a Fernando Acaso. Si quieren pop moderno y para de contar diviertánse con Maximilian Hecker que todo es broma, ¡hombre!
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