En un mundo de artistas prefabricados, esculpidos a golpe de concurso televisivo, provoca cierto halo de alegría y esperanza encontrarse con una banda de amigos forjada en plena adolescencia. Y todo gracias a un programa piloto que les ofrecieron en la asignatura de música de su instituto en La Roca del Vallés (Barcelona). Clases que se basaban en un videojuego llamado “Rocksmith”, que llevaron a Pol a tocar el bajo “por elección, no por obligación” y en las que coincidió con Pep (guitarrista) y Miquel (batería), conformando el primer núcleo de lo que más tarde sería Periferia. Y no deja de ser curioso, también, que tanto Miquel como Berta, vocalista de la banda, complementen, los todavía escasos ingresos que ahora genera el grupo, dando clases de música justo con ese mismo programa ya expandido a otros institutos de Barcelona. Es lo que podría considerarse como una divertida cuadratura de ese misterioso círculo del destino. El mismo que los ha llevado hasta aquí.
Es lunes y Barcelona ha amanecido gris y encapotada de nuevo. Las previsiones anuncian lluvia por tercer día consecutivo, y no parece que hoy se vayan a dar las mejores condiciones para realizar una sesión de fotos al aire libre con la banda. Sin embargo, los cinco miembros de Periferia son jóvenes –rondan los veinticuatro años– y entusiastas. Conscientes de que no todos los días se presenta la oportunidad de ser portada de una revista como Mondo Sonoro, si hay que empaparse, se moja uno y punto. Sin embargo, hemos empezado la mañana entrevistándoles para conocer mucho mejor su historia. Detalles como que Berta es la única de los cinco que recibió clases en el conservatorio. “Empecé a estudiar música en P3. Tenía dos años, porque soy de diciembre, y se podría decir que llevo toda la vida haciendo música. Empecé con lo típico, con iniciación al ritmo y esas cosas que se hacen cuando tienes dos o tres años. Pero luego la cosa fue evolucionando, y me inicié en el violín al cabo de dos años o así. Tenía cuatro o cinco. Es decir, vengo del clásico. Y luego acabé también en la escuela de música de La Roca, que de hecho fue donde coincidimos todos. Ahí nos conocimos”. Sé que ya lo he dicho al principio, pero no me importa incidir en ello de nuevo: Da gusto, en los tiempos que corren, encontrarse con una historia forjada de forma tan clásica, donde todo parece encajar como las piezas de un maravilloso puzzle. Y es que hasta el reparto de tareas dentro del grupo, al margen de su instrumento, se adecúa a la personalidad de cada uno de ellos. Berta se encarga de las redes sociales; Pol es el tesorero; Climent se ocupa del merchandising, Miquel de los diferentes diseños gráficos y Pep es el responsable de armar el sonido de la banda, al asumir las tareas de productor. “De la misma manera que Miquel se encarga de los diseños, estas cosas llegan un poco por necesidad. O sea, tienes veinte años, quieres hacer música y obviamente no te puedes pagar un estudio. De hecho, fue gracias al confinamiento por el coronavirus y, al estar tanto tiempo metido en casa, cuando me puse a indagar en todo esto y empecé a grabar guitarras. Fue ahí en 2020 cuando hicimos ‘Alas rotas’ nuestra primera canción, que fue una demo con una batería programada en casa y las guitarras grabadas durante el confinamiento. Como te decía, a partir de ahí, he ido aprendiendo un poco por necesidad”. Al igual que el resto.
“Al final escribo sobre cosas que son muy de verdad, en plan cero impostadas. Es lo que yo siento y no me invento nada"
Que de la necesidad se hace virtud, es una de esas máximas que nos ha acompañado desde los tiempos del emperador Marco Aurelio, y resulta la base de un estoicismo cuyas cuatro virtudes: sabiduría práctica, justicia, coraje y templanza, se pueden adecuar muy bien a la evolución de Periferia. Banda que dio sus primeros pasos dentro de un rock de guitarras canónico y clásico con Marea, Zea Mays y Extremoduro en el punto de mira, para ir virando hacia un sonido más sofisticado y melódico, de guitarras más afiladas y mejor grabadas, con una mayor combinación de registros. Todo eso queda recogido en su pleno apogeo dentro del próximo EP titulado, al igual que su primer single de adelanto, “Lo que queda por sentir”. Aunque breve, es un trabajo en el que podremos apreciar más que nunca que “lo más guay de una banda es lo que resulta de la suma de sus diferentes personalidades. Que el colectivo suma más que la suma de los individuos y que la suma de los gustos de cada uno acaba por conformar una cosa única que no es lo que haría cada uno de nosotros por sí solo”, tal y como me comenta un Pep de lo más reflexivo mientras Berta añade: “Y lo que cambiará en el futuro. Porque es obvio que no escuchamos lo mismo que hace cinco años y tampoco escuchamos ahora lo mismo que escucharemos dentro de cinco años. Entonces, como nosotros hacemos esto por puro disfrute, aceptamos este cambio como una evolución que tampoco ha sido radical… Hacemos lo que nos apetece y, si algún día nos apetece hacer una cumbia, pues nos lo plantearemos”. A ver, dudo que se atrevan a tanto. Aunque tampoco podía imaginar a priori que grabarían una colaboración con Cala Vento –“¡Somos fans!”– y esta se ha dado en “Este instante”, una canción que acaba resultando la prueba más evidente de esa misma evolución a la que hacíamos referencia. Cambios que también han llevado a la banda a grabar baterías y bajos en los estudios Ultramarinos Costa Brava, junto a otro héroe local de la escena rock y hardcore catalana como Santi Garcia. Al habla Pep: ”Tuvimos bastante claro que queríamos currar con Santi porque nos dimos cuenta de que muchos de los grupos que nos gustan a todos, habían currado con él. Entonces, había que conocerle, a pesar de que ya íbamos con poco tiempo, porque ya estábamos en agosto. Y lo cierto es que se dio la casualidad, porque normalmente va a un año visto, que tuvo dos días libres que pudimos aprovechar”. Una vez más el destino jugó a su favor en un proceso de grabación que “ha sido más colectivo” y en el que fue clave una escapada de pocos días a una casa rural en Francia. Allí se aislaron por completo “sin luz, sin Internet, sin nada, con una burra de gasolina” para acabar de perfilar unas canciones “con la emocionalidad por bandera”. Y es que la etiqueta de rock emocional podría ser la que mejor se adecúa a esta banda catalana cuyas letras –obra de Berta– merecen un capítulo aparte.
“El peso de esta vida va dejando heridas/Si duele es que no la estás dando por perdida/el tiempo trae constantes despedidas/Somos el presente que nos guía/Lo que queda por sentir, es lo que queda por olvidar” (Lo que queda por sentir). No cabe duda de que las letras de Berta tienen esa extraña capacidad para interpelar al oyente desde el yo más profundo. Su peculiar estilo, basado en cierta introspección existencial, se convierte en algo universal al compartir cosas de su ámbito más privado. Una paradoja que se explica en que “Al final escribo sobre cosas que son muy de verdad, en plan cero impostadas. Es lo que yo siento y no me invento nada. Aunque también me encantaría poder inventarme una historia y escribir sobre algo que no siento. Creo que eso es algo increíble. Pero al final, pues eso, es lo que vivo, lo que siento, y creo que supongo que por eso la gente logra empatizar”. Esa es una afinidad que sus seguidores agradecen y que, como me apunta Pep, parte de un punto de equilibrio entre la metáfora, que se daba en mayor medida al principio, y cierta literalidad. Combinación que genera una ambigüedad en la que, según Berta, no está claro “que esté hablando de una cosa y justo por eso logra que cada uno se la puede hacer muy suya. Eso es lo que siento que tiene mucho poder en una canción”.
Esa es una habilidad que, en este trabajo, se ha extendido también a su lengua materna, el catalán, componiendo por primera vez una canción completa en esa lengua, “Pacte de sang”. “No sé cómo lo vive la gente y puede que a otros les resulte muy fácil cambiar de un idioma al otro. Pero yo soy catalanoparlante en mi día a día y el escribir en castellano es una contradicción que llevo dentro. O sea, no la entiendo. He encontrado la explicación en que todo es por los referentes que encontré en la música que a mí me gustaba. Letristas como Robe de Extremaduro y Kutxi Romero de Marea fueron los dos grandes inspiradores con los que empecé a escribir canciones. Y fue tan temprano, era tan pequeña, que creo que creé un lenguaje muy arraigado para mí a la composición en castellano. Y eso a pesar de que yo no hable castellano en ningún ámbito de mi vida. Entonces, sí, se me hace complicado escribir en catalán a pesar de que es quizás lo que tendría más sentido. Pero me cuesta mucho”.
Llegados a este punto, y vista la evolución que ha ido trazando la banda en su estilo, cabe preguntarse también si cambiará el ecosistema festivalero que los ha acogido hasta la fecha. Es decir, si se sustituirán festivales como Iber Rock, Pintorrock o Gazpacho Rock, en los que compartían cartel con bandas como Non Servium, Koma, Kaos Urbano o Boikot, por otros eventos de corte más indie. Pep lo tiene muy claro: “Si la música nos lleva a eso perfecto. Pero lo que no vamos a hacer nunca es condicionar nuestra música porque queramos ir a tocar a según qué sitios. Eso sería un error y creo que esa impostura se notaría en la música. Nosotros hacemos lo que nos apetece y lo que nos gusta. Pero sí que es verdad que creo que ahora, por coherencia con el producto, entre comillas, que es nuestra música, tiene sentido que nos abramos a sitios más pop o lo que sea”. No será un cambio inmediato, pero se acabará produciendo. De la misma forma en que también tienen claro que no participarían en un festival como Viña Rock, aunque por motivos que van más allá de la participación del fondo KKR en su accionariado. Pol, el alma más militante del grupo y que ahora está finalizando un Master en Ciencias Políticas mientras trabaja en un McDonalds para completar sus exiguos ingresos como músico, me lo explica así: “Yo he ido al Viña Rock de pequeño y ya por entonces era un festival un poco complicado. A medida que me he ido haciendo mayor y he ido recuperando mi contacto con la militancia y la política, he ido enterándome más de estas cosas. Yo tenía claro que, ya antes de que saliera a la luz todo esto del KKR, existían muchos motivos por los que no participar en el Viña. Hay otro motivo muy importante y es que cae en 1 de mayo, un día muy señalado para toda la militancia política o como se quiera decir. Y es un festival que se abandera mucho en eso y hace negocio con ello. Es un evento que, año tras año, desde la sección de la CNT, salen casos de abusos a los trabajadores y que tiene contratada su seguridad privada con empresas de desocupación. Además, están establecidos sobre una fosa común. Por eso, lo de KKR fue en realidad un poco como la guinda del pastel. Yo compartí toda esa información con el grupo y tenía claro que, al menos yo, no estaría cómodo tocando ahí. Pero fue una decisión compartida, y eso que no nos habían llamado nunca tampoco, aunque sí salió el tema. Pero vaya que, en cuanto salió todo lo de KKR, tuvimos más claro todavía que a festivales de este tipo no había que ir ya por un punto de integridad nuestra personal. Periferia no es en si mismo un grupo político, pero sí lo somos como personas y por la forma en la que vivimos. Entonces, había que ser coherentes con eso”. Es evidente que Periferia lo tiene todo la mar de claro. Tanto, que desde Mondo Sonoro estamos convencidos, que van a dar mucho más que hablar en un futuro en el que todo está por venir… y por sentir.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.