Pequeñas cosas bien dispuestas
EntrevistasApeiron

Pequeñas cosas bien dispuestas

Redacción — 02-10-2002
Fotografía — Archivo

¿De dónde habrá salido un grupo como Apeiron? “Todo sigue intacto” (Foehn, 2002) muestra una de esas propuestas que engancha por su sencillez, por su encanto embriagador, esa ausencia de pretensiones, capaz de trascender y una inocencia que deseo sea imperturbable. Alvaro y Emilio y Belén… ¿Cómo ocurrió?

“No sé si lo sabes”, responde Emilio, “pero todo esto fue cuestión de suerte. En noviembre salió nuestra maqueta comentada en una revista, y Pablo (Polite, uno de los miembros de Foehn) se encargaba de los comentarios, él se puso en contacto con nosotros”. Un cambio repentino, puede que inesperado pero que no deformaba sus perspectivas: “Teníamos claro que íbamos a sacar el disco. Tenemos fe en lo que hacemos e íbamos a hacer todo lo posible por editarlo”.

“No tenemos pretensiones, simplemente esperamos poder hacer algún día un disco que suene a Apeiron”

Conscientes de su juventud (el mayor de los tres no supera la veintena), presentan su propuesta musical con humildad, un estudio casero (algunas percusiones del disco fueron grabados con un bote de Nocilla y una caja de Nesquik) y sobre todo valentía y sinceridad. “Como tenemos las edades que tenemos, no podemos hablar de ciertas cosas de las que habla gente como Bob Dylan o Bonnie Prince Billy, que se supone han vivido ya de todo tipo de experiencias… nosotros nos dedicamos al amor, escribimos sobre él desde un punto de vista meramente descriptivo”. Pero las letras navegan en el absurdo, el surrealismo, no se pueden calificar simplemente como descriptivas. “Nosotros cuando escribimos algo significa lo que significa, no buscamos segundos significados, ni ironía, ni nada similar. Algunos nos acusan de vacuidad en algunas de nuestras frases, pero no sé qué es lo que hay que decir…”. Y desde luego están llenas de poesía, pero no la de metáforas, la de versos, sino esa que impresiona sin tener que saber por qué, donde los significados chocan y los sonidos brillan, por lo que son, no por lo que pretenden. “Escribimos música dirigida a las personas, nunca a un tipo de gente determinada, no pretendemos escribir himnos generacionales ni nada así. Creo que las letras las puede entender hasta un niño de cinco años”. Un grupo movido por la intuición, por una curiosa inquietud que desvela una necesidad imperiosa de expresarse, hecho de un modo simple, pero profundamente entrañable. Pero esos sonidos de habitación, de juguete, ¿cómo se pueden llevar al directo? “Cambiamos bastante las canciones, para la parte electrónica llevamos principalmente un ordenador. Pero no pretendemos hacerlo igual que el disco, no le vemos sentido a reproducirlo en directo tal y como es”. Y es que lo realmente alucinante es cómo desarman los estilos, cómo crean unos entramados rítmicos tremendamente inteligentes, unas melodías básicas pero rotundas, cómo salen de un concepto tan básico esos apuntes de hip-hop, de electrónica de juguete, de pop… y cómo no resulta nada ampuloso, ni hinchado. Las escuchas hacen que el disco acabe formando parte de uno mismo, estableces una pequeña relación de cariño con él, condescendiente con sus errores y absolutamente enganchado a sus virtudes. Es extraño describir algo tan complejo expresado de una manera tan sencilla, pero ahí está lo maravilloso de este disco. “No tenemos pretensiones, simplemente esperamos poder hacer algún día un disco que suene a Apeiron”. Ojalá, a pesar de ello, no crezcan nunca.

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