Llegados pocos días antes de Austin, donde actuaron en el SXSW, los componentes de Me & The Bees me comentan que hicieron un concierto oficial en una sala, “y luego nos buscamos la vida e hicimos conciertos muy variopintos y muy frikis”, según Carlos, el guitarrista, antiguo miembro de Half Foot Outside. Uno fue en una casa “de gente un poco pija, en plan ‘Mujeres desesperadas’”, añade la bajista, Esther. Y otro, el mejor en opinión de la batería, Vero, “en Breakaway, la tienda de discos”. Entre el público, Kid Congo Powers, que “está exactamente igual”, y Jad Fair, responsable de la portada del segundo disco del grupo, “Mundo fatal”.
Con respecto a “Fuerza bien”, su debut en 2010, cambia la morfología de la banda tras la marcha de una de sus fundadoras, Eli, centrada ahora en su proyecto Fighter Pillow, pero las constantes sonoras se mantienen: el de Me & The Bees era, y es, un power pop urgente y conciso. (Vero) “Nos salen canciones cortas. No está planeado. Salen así, como vómitos. ¡Buagh!”. Para darle forma, la banda prescinde de florituras y rellenos tendiendo efectivamente un puente entre los años sesenta y los noventa. Grabado en los estudios Caballo Grande y con colaboraciones de Guillermo Caballero a los teclados, Inés (de Albornoz) y la ex-abeja Eli, es probable que a “Mundo fatal” vuelvan a aplicarse términos como “amateurismo" y “lo-fi”, al grupo no le molesta. “Conservamos ese punto”, dice Esther, y Carlos añade: “No le veo el lado negativo. A veces llega más alguien que canta mal que alguien que lo está bordando. Todo es llegar a la sensibilidad de la gente, para divertirte, reírte, pasarlo bien”. En esto último reside la clave. “Como grupo no hemos tenido ninguna expectativa de querer triunfar. Mientras nos lo pasemos bien, tira p’alante. Importa poco lo que piensen los demás”. Y remacha Esther: “Lo hacemos porque nos apetece y ya está”.
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