Después de nueve años de carrera, el grupo Hopper se disolvió, pero una de sus voces más características, la de la francesa Dorothée Hannequin, vuelve a la palestra amarrada a su guitarra y dejando de lado el rock de su extinguida banda. “Guardo un gran recuerdo de aquel momento, pero después de las malas experiencias que tuvimos con nuestra discográfica y el manager que nos representaba decidimos dejarlo”, comenta. De este modo empezó a idear lo que sería The Rodeo, su primer proyecto en solitario en el que muestra su particular visión del folk y la canción tradicional estadounidense. “En esta nueva etapa llevo todas las riendas. No deja de ser un gran reto y una responsabilidad para mí. Sin embargo, de este modo puedo escribir una letras mucho más intimistas y realistas de lo que hacía en Hopper”. Creció entre discos de la Motown y desde bien pequeña el country y el góspel le encandilaron, de modo que ha aprovechado este bagaje para plasmarlo bajo un aura folk en su debut, “Music Maelström”. “Se trata de música sincera, con alma, que no requiere de artificios ni busca un sonido potente. Cuando era una cría era el tipo de música que oía en mi casa. Mis padres no eran los típicos que ponían chanson a todas horas, de modo que el origen de The Rodeo recae en la educación que he recibido”. Aunque la mayor parte del proceso creativo se realizó en París, Hannequin no dudó en irse a Dallas para contar con Stuart Sikes en las labores de producción. “Me encanta todo lo que ha hecho para Cat Power o The Whites Stripes. Él es como de otra época, con un montón de aparatos vintage en su estudio que le iban muy bien al sonido que pretendía conseguir. En tres semanas el disco estaba acabado. Soy consciente de que es muy poco tiempo, pero no me gusta pensar demasiado. Prefiero que toda surja espontáneamente”, concluye.
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