“Suspiro por volver a ver guitarras, cables, púas, pedales…”. Las catalanas Me and the Bees cantan esto en “Nostalgia”, el corte encargado de abrir su feliz retorno discográfico después de ocho largos años de silencio. “Durante todo este tiempo hemos seguido quedando”, puntualiza la cantante y bajista, Esther Margarit, “pero quizá quedábamos un día, nos motivábamos a saco, salía un tema y era como ¿cuándo quedamos? Y quizá hasta pasados seis meses no conseguíamos quedar para tocar por temas de conciliación familiar y otras responsabilidades”.
Aquellas abejas veinteañeras, que empezaron en 2008 como dúo acústico siguiendo los pasos de The Softies, y debutaron ya como cuarteto con “Fuerza Bien” dos años después de la mano del sello independiente La Castanya, tienen ahora otro tipo de vida con más quehaceres y obligaciones fuera de su colmena musical. La banda sigue siendo, también en esta nueva etapa, una familia escogida y un refugio. “Cuando estamos juntas soy muy feliz, se me pasan todas las tonterías. La banda funciona por eso, porque priorizamos cuidarnos y todo lo demás sale solo”, subraya la otra cofundadora de la banda y guitarrista, Eli Molina.
"No queríamos meter muchos arreglos, queríamos sonar como sonamos en directo”
Una de las principales novedades en este cuarto trabajo de estudio titulado “Siempre Igual” es su salto lingüístico, del inglés al castellano. “A mí me apetecía mucho expresarme cómo pienso, tenía muchas ganas de vomitar realmente, con un idioma con el que me siento más segura”, interviene la batería, Verónica Alonso, también encargada de los coros en una banda que completa el guitarrista y también corista Carlos Leoz. “También me había cansado un poco del inglés. Al final quieres que el público entienda las letras. Que las canten ya sería la leche. A ver si llega eso [risas]”, añade el guitarra. “A mí me daba un poco de respeto, pero no debatimos mucho este tema porque a mí también me apetecía”, admite Esther, vocalista principal, cuya principal lucha como letrista es “encontrar las palabras exactas sin perder la entonación melódica precisa en casa instante de la canción”.
“Siempre igual” bebe de muchas experiencias personales, sentimientos reales, reivindicaciones necesarias, temores compartidos y alguna punzada de rabia. “Escribir estas letras en castellano me ha costado menos de lo que imaginaba y más de lo que me hubiese gustado [risas]”, bromea Esther. Al escribir en castellano, admite, "la emoción sale a bocajarro". El tema que da título al disco, por ejemplo, es una oda a las amistades bonitas que duran para siempre (“aunque pasen los años, con el puño bien alto, sabes que mi amistad es amor”), una canción con numerosos guiños a personas de su entorno y bandas hermanas. Con todo, el corte que mejor resume la esencia del disco podría ser la citada “Nostalgia”. “Esa canción es la queja y a la vez las ganas, es querer seguir haciendo canciones, sacando discos, salir a tocar; en resumen, seguir creando comunidad”, subraya Esther. En este trabajo escrito con total honestidad también encontramos reivindicaciones como “Llorería”, despedidas dolorosas como “Aurf” y ajustes de cuentas como “Así son las cosas y así se las hemos contado”.
La idea original era grabar un EP con seis canciones, pero finalmente optaron por echar el resto y añadir otras seis para tener un largo con cara y ojos. El escogido para grabar estas nuevas canciones, las primeras en castellano de su repertorio, fue Borja Pérez (Sandré, Saïm, Boneflower). El resultado es un disco de power pop marca de la casa —ese pop de guitarras deudor de Teenage Fanclub, Guided By Voices y The Breeders— con un sonido muy natural. “Esta era una de las premisas al plantear la grabación. No queríamos meter muchos arreglos, queríamos sonar como sonamos en directo”, continúa Carlos, “y tampoco hizo falta recargar mucho el disco porque todas cantamos en este disco y los arreglos van por ahí, por todas esas armonías vocales”.
Pase lo que pase con este regreso discográfico, la banda ya da por bueno “Siempre igual”, un disco que rezuma la sinceridad y el mimo del “hazlo tú mismo”. “Tocamos por placer, para compartir y crear recuerdos juntas, ver amigos, conocer gente nueva, bandas, hacer carretera, bailar, comer rico… Supongo que eso es lo que esperamos, continuar disfrutando de estos placeres junto a la gente que queremos y a la que nos queda por descubrir”.

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