A la postre “AMA” resulta ser un encuentro natural con todas sus destrezas e inquietudes elevadas a la potencia de la experiencia y del autoconocimiento, ahora por cuenta propia. “A fin de cuentas, es la primera vez que me enfrento al reto de presentar un disco bajo mi entera supervisión en solitario, así que tiene toda la energía de un debut, aunque este no sea, ni mucho menos, mi primer trabajo”, comienza contándonos Maria. Y es que “AMA”, conjugado desde esa polisemia que marca territorio y late, bien puede ser entendido, además de como un primer disco oficial, como un peldaño más de una larga escalera que comenzó a crecer diez años ha. “Tal y como yo lo veo, ‘AMA’ es mi forma de volver a presentarme al mundo, esta vez sin esconderme detrás de nadie. Un regreso al punto de partida, pero definitivamente desde una proyección más madura y sólida. Ahora me siento más segura de mí misma, sé mejor qué tipo de artista soy y poseo una solvencia profesional que no tenía hace diez años”.
“A la hora de hacer este disco, tenía claro que no quería renunciar a ninguna de mis caras”
“AMA” llega en un momento artístico muy prolífico para Maria, aunque también nos reconoce sus reticencias a haberlo publicado antes y la necesidad de hacerlo precisamente ahora, tras haber digerido el tránsito entre etapas. “Las dinámicas de la industria llegaron a agotarme bastante e incluso terminé planteándome hasta qué punto era necesaria mi voz en un entorno tan saturado de canciones y artistas, o si realmente habría alguien interesado en escuchar lo que tenía que decir. Todavía no tengo respuestas a esa pregunta, pero más allá de lo que el mundo necesite, yo sí necesitaba hacer este disco. Nadie es imprescindible, pero la necesidad de cantar sí lo es para mí”.
Este es un disco que, en resumidas cuentas, es el resultado de todas las cosas que la polifacética cantante ha vivido durante el último lustro, según nos cuenta ella mientras hace inventario de los proyectos para terceros que ha ido firmando recientemente y que sin duda han contagiado el ADN de “AMA” –desde bandas sonoras para cine y espectáculos de danza hasta intervenciones enfocadas en tecnología y experimentación. “Es una página en blanco, sí, pero una página muy vivida ya”.
En aras de canalizar ese torrente de influencias que la caracteriza, Arnal se ha dejado llevar por las ideas de Pau Riutort y Alizzz, alumnos aventajados del pop de masas, pero también culpables de abordar sin peros los riesgos sonoros más inusuales: “En mí vive la Maria popera, pero también la Maria nerd, y ellos han sabido captarlo a la perfección”, dice entre risas. “El pop está viviendo sus años más interesantes, por eso quería que este disco tuviese canciones directas que se comprendiesen sin lecturas predeterminadas”, como bien puntualiza sobre la inmediatez juguetona de pistas tan deliciosas como “Suspiros”.
Porque “AMA”, además, tendrá una segunda vida de lo más atractiva sobre los escenarios, tal y como apunta la propia Maria, quien califica de “espectáculo” su futura puesta en escena, por encima de la mera etiqueta de concierto al uso. “El directo de este disco va a ser un show muy show”, ríe la artista. “Me he propuesto hacer lo que nunca he hecho, así que los conciertos van a ser muy locos. Va a haber un cuerpo de baile, yo también voy a bailar muchísimo, tocaremos todas las canciones del disco, readaptaremos algunos temas de mis anteriores etapas, como ‘La virgen roja’ o ‘Tú que vienes a rondarme’, y además habrá canciones inéditas que se quedaron fuera de ‘AMA’ y que la gente solo podrá escuchar si viene a los conciertos”.
Pero pese a la accesibilidad y el juego al primer toque de ciertos cortes, la Maria más intrépida sigue entre nosotros; esa que es capaz de conciliar la economía rítmica de lo elemental con el imaginario imposible de Ausiàs March o reinventar un himno fallero hasta convertirlo en el corolario perfecto para su cancionero. “A la hora de hacer este disco, tenía claro que no quería renunciar a ninguna de mis caras”, sentencia. “He aprendido a cantar como canto gracias al folklore valenciano, als cants de batre y a figuras como la de Pep Gimeno 'Botifarra', así que ese espíritu tenía que estar también en ‘AMA’ de alguna forma”.
Son otros temas, como “Que me quiten”, los que no obstante Maria considera categóricos para entender el propósito del largo. “Es una canción que no podría haber escrito hace diez años. Digamos que me ha estado esperando durante todo este tiempo. Esperando a que me curtiera y a que abriera los ojos”, explica, aludiendo a la suerte de catálogo de martirios patriarcales que la letra enumera. “Muchas de las cosas que ahí canto las he vivido en primera persona solo por el hecho de ser mujer, y de ser, además, una figura pública cuyo cuerpo está, por defecto, sujeto al escrutinio. Tomar conciencia de todo ello se convirtió en un punto de no retorno. No fue una revelación amable, pero sí fértil”.

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