Quedo con Dani en un edificio habilitado con salas de ensayo en el barrio de Poblenou de Barcelona. En una de ellas veo, a través de un cristal, a toda la banda tocando y a Dani moviéndose sin parar, como siempre. En el diminuto espacio también están Las Migas. Juntos preparan unos temas que interpretarán en directo al día siguiente. Acaba el ensayo y nos sentamos con Dani. Le cuento que he visto un documental sobre la compositora y vocalista Meredith Monk en el que, en un momento determinado, afirma: “Todas las ideas musicales vienen del cuerpo”. Él asiente. Siempre que hemos conversado, Dani no solamente se expresa con palabras, sino que se levanta, gesticula con las manos o el cuerpo para explicarme algo. Y hoy volverá a hacerlo mientras hablamos sobre “Futuro Ancestral”. “Este es un álbum diferente, aunque para mí hacer esos cambios ya es característico. Vengo de hacer un disco pequeñito, ‘Vuélame el corazón’ (22), cantando suave y que iba sobre las relaciones personales. Ahora me apetecía un disco más para arriba y tenía ganas de jugar con sonidos más desnudos, más en la cara y sin colaboraciones. En cuanto a las letras quería sacar esa parte más consciente, de aprendiz de vida, más social como activista que quiero ser, con todas mis contradicciones y con una parte nueva que es la ironía. Y todo ello utilizando, además, slam poetry”.
“A mí, al igual que a mucha otra gente, me dan mucho coraje las injusticias"
Es una certeza que cuando se habla de Macaco siempre se mira a Dani, pero desde hace bastantes años que Tomas Tirtha Rundquist está a su lado en la banda y sobre todo en el proceso de creación. “Hace años que le hice una declaración de amor musical a Tirtha, por lo bien que me hace sentir y por lo que aprendo de él. Para mí es uno de los mejores músicos que he visto en mi vida. En este disco disfrutamos mucho probando cosas. Ha sido un trabajo de estudio y la gran mayoría de instrumentos los tocamos él y yo. Juntos hemos encontrado ese sonido y ese empaque”. De hecho, al acabar la charla con Dani, es el propio Tirtha quien me cuenta una anécdota que evidencia ese juego creativo. En la vibrante “Cambio y corto”, nos encontramos con un sonido percutivo que salió porque, mientras grababan, su hijo estaba comiendo cereales y dando golpecitos con la cuchara. “Lo grabé y eso era justo lo que le faltaba al tema”, me confiesa entusiasmado el sueco afincado en Barcelona.
Es evidente que el que su situación personal, buena o mala, influye en el trabajo de los artistas. Sobre todo cuando pierdes personas referentes. “Para mí es imposible separar la vida personal de lo que estás creando. Recientemente fallecieron mi madre y mi tía, que ha sido como mi otra madre. Aunque quizás me afectó más en el proceso de creación del anterior disco, que fue cuando ellas estaban pasándolo peor. Ambas me enseñaron que esto es un juego, que son cuatro días y que no hay que tomarse tan en serio. Tienes que ser tu mismo, gustes o no gustes. Hoy yo podría tener mucho dinero porque he rechazado ofertas para salir en televisión en concursos o ceder canciones para anuncios. He dicho que no, y respeto mucho a quien lo haga, porque no creo que sea ni bueno ni malo, y no lo digo desde el ego, sino desde mi pequeña verdad. Dentro de mis contradicciones, tomar estas decisiones te llevan a un lugar en el que te hacen sentir bien”.
Me sorprendo ante una frase de la hoja de promoción del disco en la que puede leerse: Dedícate a cantar y calla, le han dicho a Macaco más de una vez. Pero cantar, para él, nunca ha sido solo entretenimiento: es una forma de resistencia, de pensar, de sentir. Sobre ello, Dani argumenta: “A mí, al igual que a mucha otra gente, me dan mucho coraje las injusticias. En esto, aprendí mucho de mi abuelo, un hombre de campo al que le gustaba la música, que escribía poesía y era un hombre bueno y justo. No sabía callarse y eso le generó muchos problemas. El decir lo que piensas te mete en muchos berenjenales, pierdes seguidores, te llegan amenazas. Lo cómodo es hacer canciones de amor sin posicionarte y así nada te va a salpicar”. Históricamente, la música ha servido para lanzar declaraciones y apoyar protestas sociales al mismo tiempo hacer bailar. Como decía el gran Fela Kuti –a quien Dani reconoce entre sus principales influencias–, la música “es un arma, pero no para destruir vidas, sino para despertarlas”. “La música te cambia a ti primero. Después también te pone en el punto de mira y en tela de juicio. Yo sigo aprendiendo y equivocándome, pero cuando recibes mensajes de alguien enfermo a quien tu música le ha ayudado, o cuando alguien te dice que tus letras le han hecho replantearse cosas… eso ya me merece la pena”.
Para acabar tenía que preguntarle por el Dub Tai Sing. “Durante la pandemia, haciendo tai chi con un maestro, me enseñó un movimiento para soltar las fascias y que sirve para equilibrar los dos hemisferios. Un día jugando con esto y con bases de dub-reggae, empecé a notar que se sincronizaba el cuerpo y la música. Después al cantar frases repetidas, se convertían en un mantra. Me encantó. Con Tirtha empezamos a meterle música y creamos el Dub Tai Sing. Lo empezamos a hacer en festivales y el resultado ha sido increíble”.
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