Para quiénes no conozcan el proyecto –aunque recientemente han formado parte del homenaje a Triángulo de Amor Bizarro–, y con la intención de ubicar al lector, la entrevista con Martín Azpilikueta comienza apostando por investigar quiénes son Los Chivatos, además de incidir en aquellos motivos que derivaron en la creación de la propia banda. “Los Chivatos somos un grupo de amigos que montamos una banda y que ha mantenido la ilusión por tocar hasta el día de hoy. Surge en la Universidad de Bellas Artes de Leioa en febrero de 2015, por la necesidad de pasárnoslo bien tocando en un grupo lo menos serio posible, bajo la premisa de que todo valía y que saliera lo que tuviera que salir”.
“Imagino que en algún momento todos nos hemos puesto una camiseta de cuadros dos tallas más grandes de lo necesario y le hemos dado a todos los pedales de guitarra a la vez a ver qué pasa"
“Pulpa” es el nuevo disco de la formación, que destila un sabor tan ardoroso y áspero como al mismo tiempo adictivo. “Nos apetecía probar con otros sonidos en algunas canciones, pero sin dejar de hacer un poco lo que hemos venido haciendo hasta ahora. La intención es no repetir fórmulas ya hechas anteriormente, pero al mismo tiempo que todo resulte familiar”. En efecto, cabe destacar ciertas diferencias entre “Pulpa” y las anteriores referencias del combo –dos discos y un EP–. “Tenemos alguna canción más cantada que en los anteriores trabajos, algo bastante novedoso para nosotros. Y hemos encontrado nuestra manera de componer/producir. Realmente es un poco la continuación de ‘Fibra de Carbono’. Desde el EP tenemos la sensación de que el proyecto está cogiendo inercia y hemos encontrado nuestro hueco. Es nuestro disco más variado, con los típicos maíces y cacahuetes, pasando por los garbanzos y frutas escarchadas, e incluso con alguna que otra molesta pasa”. Una tendencia macarra envuelve todo el disco hasta tornarse elemento distintivo, funcionando en la práctica porque, entre otras cosas, resulta creíble. “No hay premisas. Nos reunimos cada solsticio para ensayar, ya que cada uno vive en una comunidad diferente. En el local lo fundamental es pasar un buen rato, las composiciones al principio son tomas de cuarenta minutos por canción, en donde se va dando, poco a poco, con una forma que convenza a todos. Todo es resultado de mezclar Fanta con Coca-Cola”.
Fuera como fuese, el apartado lírico de Los Chivatos se antoja torrencial. “Las letras las escribo yo y meto cosas del día a día, recuerdos de otras épocas, frases de canciones míticas, referencias a los Simpsons o a Pokemon, alguna reflexión y tonterías que se me van ocurriendo. Normalmente las escribo por partes y luego intento que quede bien el final de una parte con el comienzo de la otra”. En el disco destacan guitarras muy noventeras, por momentos incluso grunges, y no es difícil acordarse de, por ejemplo, Idles. “Imagino que en algún momento todos nos hemos puesto una camiseta de cuadros dos tallas más grandes de lo necesario y le hemos dado a todos los pedales de guitarra a la vez a ver qué pasa. Pero es complicado apuntar un referente común, ya que cada uno tiene sus gustos, algunos muy diferentes entre sí, así que lo que sale suena a un embudo de referencias que acaba en algo que ya en su momento veremos cómo se trata”. La nota de prensa define a Los Chivatos como una banda “Ñunk”, calificativo en el que merece la pena incidir. “Es una chorrada que se nos ocurrió al empezar. Tengo un amigo que hace cosas muy raras y una de ellas es cambiarle una letra a según que palabras y dijo que hacíamos ‘ñunk’. Después empezamos a teorizar y a decir que, al cambiarle la letra, ya no estábamos sujetos a las exigencias que suele tener el punk o cualquier otro género, pero la realidad es que es una soberana estupidez”.
En resumen, podría afirmarse que “Pulpa” es un desparrame de lo más despreocupado, que transita sin un objetivo claro o definido. “Ahora somos ese muñeco del perro con pilas que anda encima de una mesa haciendo ruiditos y que si no lo coges termina por caerse”. Los Chivatos engrosan la nómina de bandas nacionales de guitarras, un género que, si bien incluye diferentes mutaciones, cada vez tiene más aliados. “Parece que todo vuelve, como las peonzas. Hemos visto como las guitarras han empezado a formar parte de la manera de hacer de artistas que han empezado en sus habitaciones usando solo bibliotecas de sonidos. Cada cual que haga la música con lo que le apetezca o con lo que pueda. Nosotros la hacemos con guitarras porque decidimos comprar el ‘Guitar Hero’ en el 2005 y la cosa salió así”.
Buena parte del grupo acaba de mudarse a Madrid. “Aquí te puedes tomar una caña con total libertad, sin miedo de que te venga un comunista y te la eche por encima”, ironiza. “También tuvo que ver que dos de nosotros nos mudáramos aquí por cuestiones ajenas al grupo”. Si los conciertos de Los Chivatos cumplen con la mitad de lo que sugiere este nuevo disco, apuntan al mejor de los infiernos. “No lo definiríamos como algo infernal: es más bien algo divertido y caótico, aunque también controlado. Todo tiene unos límites y nos gusta que todo el mundo pueda encontrar su hueco. Como un cachorro de perro con conjuntivitis: tu deber es cuidarlo”.

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