Para empezar deberíamos decir que el álbum de Mate se aleja de lo que conocíamos de Plastic D´Amour. “No es tan diferente de Plastic, pero mi voz y la opción de tocar guitarras y bajo y batería le da un brillo distinto, pero las canciones no son tan diferentes. Antes de Plastic he tenido grupos y he compuesto desde que toco la guitarra. Tengo docenas de canciones, pero estas fueron surgiendo hace un año y dos meses, cuando terminaba de grabar ´Olivia´ también para Siesta”. Y entre las que conocemos, maravillas como “Bastante” nos dejan entrever que el dolor parece el estado ideal para crear. “No, la alegría es un estado estupendo sobre todo para hacer canciones más espídicas y más rítmicas, aunque es cierto que el disco iba a ser más oscuro e iba más por la línea de ´Bastante´, pero no me gusta ser monotemático, y tampoco escribo desde el dolor, sino una vez superado. No creo que se pueda escribir sobre la tristeza cuando estás inmerso en ella, tienes que tener cierta distancia o eres un coñazo. Sin embargo, esos momentos eufóricos sí los puedes utilizar para escribir, no hace falta esa distancia, aunque luego las canciones sean una mierda, pero eso lo ves con el tiempo y la distancia”. “Sol de medianoche” se ha grabado en la intimidad, casi como el “Homesongs” de Adem -como en aquel- Mate ha necesitado la perspectiva de un mezclador ajeno, y para eso se marchó a ver a Brad Jones a Nashville, un lugar que parece otro de sus sueños.
| "No creo que se pueda escribir sobre la tristeza cuando estás inmerso en ella" |
“Nashville es una ciudad musical, hay country, hay americana, pero también hay pop y, como es muy pequeña, todos los músicos se conocen. Además también hay mucha gente que va a grabar allí, como Yo La Tengo o Mathew Sweet, por eso que hay de todo, no solo country. De allí son Lambchop, que al fin y al cabo son pop". En ese ambiente se han mezclado unas canciones descriptivas, casi impresionistas, como si el momento importara más que todo lo que pueda rodearlo. En ellas se combinan los detalles cotidianos con una profusión de imágenes oníricas que consiguen que Mate sea algo distinto en el pop español nostálgico y dulce. “Es cierto que hay frases crípticas y más bien figurativas. Aunque suene un poco surrealista, yo trabajo con el subconsciente, me intento relajar y trabajo a través de una especie de escritura automática. Tengo unos versos y de ahí voy tirando una historia". Y la imaginación y la diferencia entre la vigilia y el sueño atraviesan muchas de las canciones. “La rutina es muy aburrida, tenemos unos raíles montados. Te levantas y antes de que la cabeza se ponga a funcionar y te entre la lógica racionalista en la que tenemos todo montado para ir a la oficina, hay unos momentos un poco mágicos que no siempre aprovecho, pero a veces está bien dejarnos llevar por cosas irracionales o absurdas. Es que la cabeza es un mundo mucho más complejo que la vida que tenemos montada de do, re mi... No lo hago como sistema, pero dormido puedo sacar una canción. Es posible que en ello haya cierta voluntad escapista, pero es una exploración, porque nos limitamos mucho en la vida”. Aquí vienen las contradicciones de Mate, otra de sus señas de identidad. “A pesar de que sea un defensor de la razón, creo que la razón ha traído muchos horrores planteando la vida como algo razonable que hay que verbalizar cuando hay muchas cosas que no se deben racionalizar hasta pasado un tiempo… o quizás nunca". Son experiencias hermosas. La vida está para vivirla, sólo que se trata, al fin y al cabo, de experiencias solitarias. “Tenía un grupo antes y necesito estar acompañado. Soy un ser muy sociable lo que pasa que luego me gusta trabajar solo en casa, quizás sea por autodefensa". Tal vez porque tener a alguien al lado sea la mejor manera de conseguir estar bien solo. “Sí... o no. ¿Quién sabe?”.
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