Imagínense la barra de cualquier
bar de cualquier carretera perdida. Tras ella, tomando sus respectivos whiskys,
están Kurt Wagner (Lambchop), Bill Callahan (Smog), Howe Gelb (Giant Sand) y
Richard Hawley. El barman es Leonard
Cohen y, por la puerta, aparece un jovenzuelo londinense de treinta y tres
años. Su nombre es Dan Michaelson y se propone entrar en el club de los poetas
del country-folk oscuro. Este escenario tan idílico es una pista para entender
de qué va la música de un artista que para su carta de presentación ha formado
una banda con los vientos de The Rumble Strips, el batería de Fields y el
guitarra y cantante de The Magic Numbers, entre otros. No obstante, él lo ve
más como una reunión de amigos. “The
Coastguards no es una superbanda, pero sus miembros son músicos fantásticos por
sí mismos. Les conocí a todos en giras hace varios años. Queríamos trabajar
juntos y este álbum llegó en el el
momento y el lugar adecuados”. Michaelson
no es un novato en el mundo de la música y pese a llevar años con un grupo de
indie-rock (Absentee), ahora ha decidido centrarse en su proyecto personal. A
veces, reducir la velocidad es inversamente proporcional a aumentar la
intensidad. “Con The Coastguards tengo
más espacio pero un poco menos de volumen. Quería hacer un cambio e investigar
musicalmente. Podríamos llamarlo country
oscuro-soul-folk. Cuando te haces mayor, a veces, es mejor reducir un poco
la velocidad”. Su álbum de debut, “Saltwater”,
esconde su significado entre las olas del mar y los recuerdos de la niñez. “El disco tiene dos interpretaciones: la
primera, directamente conectada con la idea del guardacostas en el mar que
espera a alguien a quien salvar. Y la segunda, con una frase que mi madre me
decía cuando decía algo malo: ‘límpiate la boca con agua salada, joven’”. Una cosa es decir algo malo a alguien,
y otra muy diferente es hablar de cosas malas con buenas palabras. Eso es algo
que se nota en sus letras de amor, soledad y desencanto. “Pienso
que la mayoría de canciones surgen por algún tipo de decepción, o de un deseo
de dramatizar aquello que es realmente tranquilo y simple en la vida cotidiana.
Si me sintiera feliz y lleno, estaría demasiado ocupado para sentarme a
escribir canciones”. La relación del músico con la música siempre es
complicada, ya que es buena para aliviar los malos sentimientos, pero también
puede ser una fuente de conflictos y de expectativas no resueltas. “La música en mi vida significa mucho dolor
de corazón y mucho tiempo gastado mirando el suelo, esperando a que suceda
algo, pero también es una mezcla de excitación, alivio y frustración”. Sus canciones son ideales para días
grises y, a través de ellas, se percibe una enorme sensibilidad, pero parece
ser que el londinense es un tipo duro. “No
soy particularmente sensible ni emocional en mi día a día, pero tengo una vena
romántica que intenta poner en orden mis pensamientos y sientimientos, y así
poder hacerlos tangibles”. Sea
como sea, sus canciones tienen un
fuerte componente anímico y si Michaelson no llega a las canciones, las
canciones llegarán a él. “Las canciones
suelen venir cuando a ellas les place. A ellas no les importa dónde esté,
aunque cualquier sitio con un poco de paz es bueno para componer. A mí me gusta
escribir habiendo bebido un poco, por la noche. Pero muchas veces, a la mañana
siguiente se me olvida todo lo que he hecho. Tendré que cambiar de método
(risas)”. Realmente, su voz suena a alcohol y cigarrillos y él mismo
reconoce orgulloso la influencia de Tom Waits, pero sobre todo la del gran
hombre. “Crecí escuchando a Leonard
Cohen y siempre admiré la manera en la que afrontaba las cosas. No hay nadie
como él para escribir una canción de amor”. El tiempo dirá, pero Dan Michaelson tiene muchos números para
llegar lejos. De momento, “Saltwater”
es un sorprendente debut que seguiremos escuchando para apaciguar la espera de
un concierto suyo en nuestro país.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.