Con un par, Mauro Remiddi a los treinta ocho años está viviendo su mayor momento de creatividad y reconocimiento internacional. Bajo el nombre artístico de Porcelain Raft, este italiano afincado actualmente en New York ha decidido explorar el carácter ensoñador del pop después de haber compuesto varias bandas sonoras en su país natal, probar suerte en la escena Off-Broadway y ponerse la chaqueta indie en los ya extinguidos Sunny Day Sets Fire. En plan Juan Palomo, este año se nos ha presentado con su primer largo para Secretly Canadian, “Strange Weekend”, una fantasía de vapores sonorizados que puede hacernos rememorar desde a My Bloody Valentine hasta a M83 antes de que se dieran baños de masas y fueran abrazados por ese público que no tiene constancia de los triunfos previos de Jean-Michel Jarre. “El éxito a esta edad tiene su mérito, ¿no? Lo importante para mí es seguir componiendo música y poder presentarla a todo el mundo, eso es lo que me importa. Me siento lo suficientemente maduro como para hacer todo aquello que quiera sin sentir ningún tipo de atadura. Ahora disfruto de mi libertad sin caer en las paranoias, los miedos y el perfeccionismo que me autoimponía cuando era adolescente. Todo ello se refleja en el disco. Algunas canciones suenan mucho más potentes que otras. Así es como soy. No siempre puedo ser brillante, y me gusta”, comenta Remiddi, luciendo una inmaculada sonrisa, minutos antes de defender sobre el escenario su última criatura.
Aunque durante años ha estado viviendo en Londres, nuestro protagonista encontró el hábitat perfecto para sus nuevas composiciones justo al otro lado del charco tras facturar varias maletas y un ordenador con destino a Nueva York. “No fue una de esas decisiones que te planteas de antemano. Simplemente surgió. La última vez que actué en un festival de allí me enamoré de la ciudad. Durante ese concierto sentí una comunión especial con el público y todos los estímulos que me rodeaban. Justo después me enamoré de una chica y decidí mudarme indefinidamente a Brooklyn, el lugar donde grabé estos temas”. Sin duda, las diez canciones que conforman su primer largo como Porcelain Raft no pueden desprenderse de las sensaciones que experimenta en su nueva residencia. “La ciudad es tan grande y tiene tanto movimiento que genera en mi cabeza una especie de ondas de baja frecuencia. Sus calles son un sonido más. Para mí el disco es como cuando toqueteas una antigua radio de amplitud modelada. Entre las frecuencias y el ruido, rastreando, te encuentras con canciones”.
Llegó el momento de abrir el eterno debate de las etiquetas. Remiddi, aburrido de que siempre le asocien con el dream pop, ha decidido crear su propio término, sleepwalking pop (pop sonámbulo). ¿Tiene su lógica o es un simple invento para tocarnos las narices? “Emplear una palabra como dream pop me parece ridículo. La música siempre parte de una textura sólida, algo real. ¿Acaso nuestra vida es un sueño? Nunca entenderé que quieren decir con eso. Compongo mi música con los ojos bien abiertos, lo contrariamente a estar dormido”. Aclarado pues, lo que no puede negar es que una pieza como “Drifting In And Out”, sin que luzcamos ninguna legaña matutina, parece que esté interpretada por una mujer más que por un treintañero con barba de tres días. “Me halaga que me digan eso. Las voces femeninas me llegan siempre mucho más que las masculinas. Me encantan esas artistas que suenan asexuales, que juegan con su voz y no sabes muy bien si son un hombre o una mujer”. Llegados a este punto de la historia, me pregunto cuáles deben ser sus planes para los próximos meses. “Mi objetivo es tocar lo máximo que pueda. Mis conciertos son como una extensión de mi trabajo en el estudio. En casa compongo y grabo una canción en el mismo día para no caer en la sobreproducción. Por ello tengo la impresión de que los temas realmente crecen y se desarrollan, pasado el tiempo, en los directos. También tengo algunas ideas en mente acerca de mi próximo álbum, aunque todavía es pronto para hablar de ello. Por mucho que tuviera una idea en este preciso momento, dentro de unos meses podría cambiar de parecer. Cuando llegue el día, prefiero dejarme llevar por la espontaneidad”.
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