Es media mañana en un hotel madrileño y Johnny Marr, vestido y peinado como si fuera una parodia de Ronnie Wood, se muestra afable y extremadamente educado. Hablar con él es un placer. Se lía un par de cigarros durante la entrevista. Dice que una de sus obsesiones presentes es la dictadura de los estereotipos culturales (“del tipo ´eres un músico mancuniano, por lo tanto eres un garrulo y bebes cerveza´”) y evita el estúpido discurso promocional de hacer creer que su nuevo disco es la hostia y que el pasado no importa: “Asumí en mi manifiesto que todo lo que hiciera tendría que ser de modo muy natural. Ni estoy intentando volver atrás ni queriendo reeducar a mi público. Si hago algo que suene demasiado a mí no lo voy a borrar”.
“Si Morrissey y yo nos pasáramos el brazo por encima nos darían cuatro líneas, pero si sacáramos un cuchillo nos darían la primera plana”
Es más, frente al deseo de ruptura que algunos hemos querido ver (y de que esto suena más a Oasis o Kula Shaker que a Johnny Marr), el mítico guitarrista afirma que “te diría que ´Shoplifters Of The World´, ´How Soon Is Now´ o algunos de los temas que hice con The The o Electronic podrían ser perfectamente canciones de los Healers” para defender la teoría de que hay una continuidad creíble en su trayectoria. Desgraciadamente no es así y “Boomslang” patina por todas partes, quizás también porque las exigencias crecen cuando se trata del que fuera miembro fundamental en una de las bandas más importantes de la historia. ¿Un peso muy duro con el que cargar? “No. Nunca he llegado a pensar eso: sois los periodistas quienes lo pensáis. La vida nunca ha sido difícil para mí desde que empecé con los Smiths a los dieciocho años. Sólo lo fue antes, cuando vivía en condiciones difíciles, estaba sin blanca, frustrado y canalizaba mi dolor haciendo música. Eso sí fue duro”. No es que Marr sea sólo un hombre sincero y coherente, sino que incluso nos conoce como si nos pariera y sabe a lo que vamos. “La cosa es... yo formé los Smiths, yo formé la banda, ¿vale?; compuse la música, así que yo puedo saber lo que sucedió y de qué iba todo. La gente que tiene ese interés sobre la historia de la historia de esa imagen sobre otra historia de los quince años que han pasado desde que se deshizo el grupo están un poco lejos de ello, porque sólo pueden reconstruir un puzzle con lo que alguien dijo en una entrevista y lo de otro en otra”. Frente a otros artistas que se cierran en banda ante los asaltos de la prensa, Marr prefiere ir de frente: “No creo que a la gente le interese lo que pasó, sino lo que yo opine sobre lo que ha dicho otra persona de mí. Si les cuentas lo que sucedió no les va a gustar porque fue esto: cuatro tíos realmente excitados haciendo una música fabulosa y diferente a la del resto, cuatro tíos con un plan y obsesionados con él las veinticuatro horas, que realmente se querían y estaban en confrontación constante con el mundo exterior, con las discográficas, los abogados, la prensa, los tour managers e intentando mantenerse unidos ante todo ello”. Si interpretáis rabia en sus palabras, yo os explico que está hablando con toda la calma y amabilidad del mundo. “Lo que pasó fue todo muy bonito, pero la prensa es una puta mierda. Si Morrissey y yo nos sentáramos delante de un grupo de fotógrafos y nos pasáramos el brazo por encima nos darían cuatro líneas, pero si lo hiciésemos sacando un cuchillo nos darían primera plana”.Uno sigue amarillista, qué se le va a hacer, y le pregunta si guarda contacto con algún ex Smiths. “No -responde-, pero tampoco lo guardo con el bajista o el teclista de The The y sin embargo quiero a todos esos tíos. Eso es lo que sucede en la vida: ¿por qué se supone que tienes que seguir parando con las mismas personas con las que andabas hace veinte años? Sería bastante extraño de ser así, ¿no?”. Los Smiths le hicieron grande, pero Marr no se acomodó (“he estado haciendo cosas todos los años de mi vida porque para eso soy un músico. No creo en lo de estar pasando el tiempo con tres tíos y decir que todo lo demás es una mierda”). Ahora toma la voz cantante por primera vez, aunque ya se sentía un frontman desde mucho antes. “Creo que desde que subí a un escenario con los Pretenders ya no era simplemente un tío con una guitarra al cuello. Me sentía observado, tan expuesto como si fuera el cantante”. La diferencia es otra: “Llegué a un punto en que tocar en un concierto era como un fenómeno físico para mí, y ahora me he encontrado rodeado de electricidad y de energía a ambos lados y ya no sólo a uno”. La voz, para él, es sólo un añadido al sonido de los Healers: “A mucha gente le sorprenderá saber que no canto para sentirme querido y que no me pongo en el centro del escenario porque quiera llegar a un nuevo nivel de adoración o porque quiera compensar algo que falte en mi vida. Yo hago un sonido pero no entro en la mitificación del frontman. Me siento más cerca de John Lee Hooker que de Mick Jagger”.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.